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18 fotografías de Alina Cara Oswald sobre el orgasmo

6 de febrero de 2018

Eduardo Limón

"Venirse", "correrse", "llegar", "terminar" o como quiera llamársele. Estas fotografías son más que eso.



Entre el placer total y el desvanecimiento postorgásmico existe un límite preciso, sumamente exacto, en el cual podríamos resumir la vida a cabalidad. Ese justo momento en que los ojos se te cierran o desorbitan, que el aire parece en extremo puro pero incapaz de penetrar en tus pulmones, que la piel se eriza casi para desprenderse, que los músculos de la pelvis se tensan tanto que bien podría sostenerse allí el mundo y que la voz sólo puede emitirse mediante movimientos brutos de la laringe es la reflexión más clara que se puede experimentar en torno al estar aquí y sus posibilidades de no hacerlo. De recordar y ser recordado.


Además, es en ese puntual relámpago de corporeidad (siempre y cuando sea genuino) que nos mostramos sin maquillaje alguno, sin tapujos o farsas sobre el comportamiento, sin mesura o condiciones para el carácter animal que nos subyace. En conclusión, sin control alguno. Ni la más mínima vigilancia sobre lo que somos o lo que sucede alrededor.


La fotografía de Alina Cara Oswald retrata, de hecho, ese linde entre goce y perdición. Su producción visual investiga las apariencias desmedidas, el ocultamiento de la humanidad y sus civilizadas poses, las fugas de lo salvajemente inocuo, los choques de la mente en blanco y los desmayos espasmódicos del físico. Si bien podría resumirse su trabajo como “imágenes del orgasmo”, es en realidad su ejercicio fotográfico un registro de los momentos previos a la melancolía de la fornicación.






El sexo, como inyección o inversión de fuerza vital, es en muchos sentidos un desgaste que busca en su momento más álgido una suerte de recompensa para toda esa perdición y trascendencia que se suscita durante él. Aunque fugaz y a veces insulso, el coito tarde o temprano dirige a la introspección del permanecer, el pertenecer y el deber.





Los epicentros de la foto en Oswald muestran, sin embargo, al sujeto poseído por el regodeo, por la delectación de ese puente crucial al que tantas palabras hemos dedicado. Al respecto, Cara dice: «Para mí, la fotografía no se trata de la imagen que se verá, sino del proceso de cómo se crea y transmite un contenido figurativo. El foco de mi serie es el orgasmo, pero también el crear un acercamiento para ese momento –que espero que todos compartan–».





Y es que en ese compartir, tanto en el rol de ejecutante como en la pasividad del espectador fotográfico, la artista apuesta por un juego con sus creaciones que no se reduzca al “ver gente extasiada”. Muy al contrario, su interés se centra en el intercambio de perspectivas que devengan en un sentir similar.





«Quiero descubrir cómo puedo llegar a la tridimensionalidad con una imagen bidimensional. Alguien que pasa mis fotos no sabe que esta persona en la foto está teniendo un orgasmo en este momento. Entonces, ¿qué siente el espectador? ¿En qué medida puede expandir los niveles de esta imagen por su libertad de interpretación? ¿Siente posiblemente lo que la persona siente en la imagen?».






La fotografía de Alina Cara Oswald no es la exploración del sexo por el morbo sin más, es la búsqueda de los sentidos, de los instantes que nos acercan al desprendimiento y que, paradójicamente, nos mantienen en cierto tipo de atadura. El orgasmo que retrata Oswald no es la documentación del regodeo hecho clítoris o glande, es el examen de la nervadura en las cavilaciones poscoitales y la convulsión tanto adánica como luctuosa.


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Si quieres ver el trabajo completo de la fotógrafa, visita su sitio oficial.


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TAGS: Sexualidad Orgasmos fotografía erótica
REFERENCIAS:

Eduardo Limón


Editor de Moda

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