Fotografías de Billy H.C. Kwok sobre el festival chino donde comer perros es normal

Miércoles, 16 de mayo de 2018 13:20

|Alejandro I. López
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El fotoperiodista Billy H.C. Kwok viajó hasta la ciudad de Yulin al norte de China para documentar la captura, muerte y el consumo de perros como alimento para el festival de la ciudad.



En el mercado de Nanqiao el movimiento comienza más temprano que de costumbre. Aún no sale el sol y el estruendo de las jaulas de metal y los aullidos se apodera del silencio de la madrugada del 21 de junio, fecha de inicio del Yulin, la celebración china de la llegada del solsticio, que desde hace algunos años se acompaña de un menú poco común: carne de perro fresca.


Los comerciantes van y vienen desde las bodegas de la parte trasera del mercado hasta sus puestos empujando montacargas cargados de mercancía. Las botas y las batas manchadas de sangre dan cuenta de la escena; cientos de perros desollados se forman sobre una enorme tabla de madera para destazarlos según el gusto del cliente, que debe elegir entre comprar la carne por pieza para preparar en casa, o bien esperar la preparación de su platillo en mesas improvisadas afuera del mercado.


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El fotoperiodista Billy H.C. Kwok viajó hasta la ciudad de Yulin al norte de China para documentar la captura, muerte y el consumo de perros como alimento para el festival de la ciudad, además de los esfuerzos de distintos activistas para detener esta actividad.


Más de 10 mil perros por año son los protagonistas del Festival de Yulin, una celebración polémica y repudiada por la mayor parte del mundo occidental. Los consumidores afirman que comer carne de perro durante el solsticio les ayudará a recibir el verano con buena suerte y mantenerlos sanos, mientras los vendedores defienden que se trata de una festividad popular que carece de auspicio privado o gubernamental, todo amparado en la nula legislación china sobre los derechos animales.


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Contrario a lo que los vendedores de carne de perro aseguran, el festival es una invención reciente cuya primera celebración data de 2009; sin embargo, la venta y el consumo de carne de perro se remonta a una tradición milenaria en China, con al menos 4 mil años de práctica. La versión más difundida por asociaciones y colectivos que luchan por su prohibición afirma que sólo se trata de una estrategia publicitaria para aumentar las ventas de las carnicerías debido a la disminución de su consumo, practicado por menos del 30 % de la población de la prefectura.


La mayoría de los perros son atrapados en jaulas de metal, que se venden directamente a los carniceros luego de pesarse los días previos al inicio de la fiesta.


La cuestión ética salta a la vista por donde quiera que se mire. La diferencia entre animales de consumo y de compañía, además del dudoso origen de los mismos y las condiciones a las que son sometidos antes de comerlos causan escozor en el gran público. Es bien sabido que miles son perros de la calle y algunos pocos mascotas que son robadas para comercializar su carne, además de que distintas asociaciones han documentado el hacinamiento y la tortura a la que son expuestos.


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No sólo eso: el consumo de carne canina también es un problema de salud pública. Se trata de un producto que carece de toda certificación y normas sanitarias, cuyo consumo puede provocar infecciones graves, además de la correlación creciente entre brotes de rabia y comunidades donde se consumen productos cárnicos de perro.



La presión de distintos grupos activistas ha logrado poner el ojo público en el festival, pero la débil respuesta de las autoridades chinas no ha sido suficiente para erradicar esta práctica. Sus esfuerzos van desde resguardar a cientos de perros callejeros, hasta pelear cara a cara con vendedores de su carne y bloquear los principales mercados durante la fiesta con velas en mano; no obstante, aún hace falta mucho por hacer.


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Una semana antes de la celebración del Yulin en 2017 entró en vigor una ley que prohibía la venta de perros (o carne canina) bajo cualquier concepto; sin embargo, los vendedores del mercado de Nanqiao se enfrentaron a la policía alegando que la venta durante el festival es su principal fuente de ingresos. Finalmente, el gobierno cedió a sus demandas y después de una breve negociación determinó una máxima de dos perros por puesto, cifra que por supuesto no fue respetada por los vendedores.


Conoce más sobre el trabajo fotográfico de Billy H.C. Kwok en su sitio oficial.


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Alejandro I. López

Alejandro I. López


Editor de Historia y Ciencia
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