15 fotografías de cómo es crecer en el continente más pobre del mundo

Jueves, 9 de noviembre de 2017 13:08

|Alejandro López

Más de 50 mil niños talibés mendigan a diario, con el único objetivo de encontrar comida, techo y sustento...


Tres niños salen de clases descalzos, a toda velocidad. Los rezos que segundos antes inundaban la habitación se detienen por unas horas, mientras el resto del grupo se forma para dejar las tablillas de madera en una alfombra, el único lugar de la construcción de tabique y palma que se salva del lodo que impera en el lugar.


A lo lejos, otro grupo regresa con un aire de entusiasmo: han logrado reunir 300 francos africanos (unos 50 centavos de dólar), lo suficiente para librarse de los castigos del marabout –al menos hasta el próximo amanecer–, el líder religioso que en el papel cuida de los menores durante su reclusión.






Se trata de los talibés, niños de entre 4 y 15 años que son enviados a una daara, una antigua institución religiosa en África Occidental que tiene como objetivo transmitir las enseñanzas del Corán, el libro sagrado de los musulmanes; pero que en la actualidad es sólo un residuo de otro tiempo que sirve de pretexto para la explotación infantil.


En el pasado, las daaras se ubicaban en las comunidades rurales y gestionaban sus recursos de forma autónoma, combinando el trabajo de sus estudiantes en el campo con un arduo enfoque en las enseñanzas del Islam. Eran un recurso útil para las familias que sumidas en la miseria, encontraban una alternativa de subsistencia para los más pequeños; sin embargo, en la actualidad la mayoría de estas escuelas se encuentran en los suburbios de grandes ciudades y dejaron de ser la válvula de escape que eran antes.


Ante la situación de pobreza extrema, desigualdad y el aplastante peso de la tradición, los marabouts han pasado de ser educadores religiosos y guías para los menores a explotadores con un ejército de niños a su servicio. En Senegal, se calcula que más de 50 mil niños talibés practican la mendicidad a diario, todo con el objetivo de encontrar comida, techo y el sustento apenas suficiente para afrontar el día siguiente y salir a las calles a pedir dinero de nuevo.







La legislación senegalesa es tajante: desde 2005 está prohibido el trabajo y la explotación infantil, especialmente en el formato de niños que mendigan por monedas en servicio de los marabouts. No obstante, ahí donde la desigualdad social crea un abismo entre clases y la religión se levanta como ley, no existe espacio para la justicia.


Basta con tener conocimientos básicos del Corán y algún pedazo de tierra para abrir una daara y comenzar a recibir niños del campo en situación de pobreza extrema. Hoy cualquiera puede ser un marabout y enriquecerse a costa del trabajo infantil. Distintas organizaciones de Derechos Humanos han puesto la vista en esta problemática y después de seguir de cerca el modus operandi de distintos marabouts, concluyeron que los menores sufren maltrato: desde violencia física y psicológica, hasta explotación laboral y abuso sexual.






Algunos de los casos más graves cuentan historias de niños esclavizados que son obligados a mendigar por más de 9 horas diarias y en caso de no cumplir con la cuota mínima, son golpeados hasta el cansancio. Los grilletes, las amenazas y distintas torturas son métodos utilizados por los marabouts para intimidar y mantener a los pequeños bajo su dominio.


La serie fotográfica de Brice Garcin explora ambos lados de esta realidad: la miseria del día a día de los talibés y los esfuerzos de la organización civil, Happiness for African Children, que trabaja brindando atención médica y psicológica, además de realizar actividades para los niños de Senegal que se enfrentan a una situación de la que nadie quiere hacerse cargo.







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Conoce más del trabajo de Brice Garcin en su sitio oficial.


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Alejandro López


Editor de Historia y Ciencia
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