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14 fotografías de Emilio Espejel de cómo se vive en el basurero más grande de la Ciudad de México

29 de mayo de 2018

Diana Garrido

Insalubridad, sol, suciedad y hermandad. Así es la vida en el Bordo de Xochiaca.




Hay personas que viven en la basura. Literalmente.


Desafortunadamente, los medios para sobrevivir en un país como México se han reducido cada vez más. Entre más personas hay, más escasean las posibilidades de vivir mejor, y no hay razón para que suceda. Sin embargo, esto queda claro con las comunidades que se han formado en lugares poco pensados como uno de los basureros más grandes de la Ciudad de México: el Bordo de Xochiaca.




A simple vista, el lugar es un verdadero caos, no hay nada que sobreviva salvo microorganismos peligrosos, pero no, en realidad es ese ambiente poco salubre conviven cerca de 800 personas entre los que se encuentran adultos, niños, hombres y mujeres que separan todo tipo de materiales sin protección alguna. Lo mismo pueden tocar restos de comida como carnes, verduras podridas o alimentos vomitados; residuos de hospitales como agujas, algodones y sangre; hasta juguetes viejos, ropa en mal estado y latas, por mencionar algunos.




Como si se tratase de un mini país, el Bordo tiene varias divisiones entre sí. Por lo tanto, hay espacios que albergan pequeños ríos de aguas negras, mismas que reciben a los pepenadores —como se les conoce a los recolectores de basura— cada día, así como a los camiones y los carros pequeños que llegan de toda la ciudad a depositar los desechos de cada hogar, escuela, hospital, centro comercial, empresa, etc.




La basura se deposita sin remordimiento en los contenedores. Ahí ponemos el café que no nos tomamos, la envoltura de los dulces, ropa vieja, media hamburguesa, la cáscara de banana, entre otras cosas, pero nadie piensa en que una vez que llega al Bordo, los recolectores tienen que tocar todos y cada uno de los desperdicios sin temor a lo que encuentren. Las personas ajenas a esto rara vez nos "da igual" tocar la basura, por lo general es un acto sucio y repugnante, pero para ellos es su forma de sobrevivir. Incluso hay quien ha formado un hogar con y dentro de la basura.




Dentro del Bordo de Xochiaca hay casas pequeñas hechas con cartón y tela, decoradas con los muebles que la gente tira como sillones viejos, sillas sin una pata, mesas chuecas y huacales de madera semiarmados. A través de los años, los hogares han ido adquiriendo forma y de pronto, se erigen algunas débiles construcciones cuyas ventanas y techos se asemejan más a cualquier casa de la zona urbana; de igual manera, algunas de ellas tienen electricidad y tuberías con las cuales consiguen tener un poco de agua potable.




¿Cómo es posible vivir así? Emilio Espejel, fotógrafo de la Ciudad de México se cuestionó lo mismo, pero en lugar de quedarse a mirar desde lejos, se dispuso a entender el problema desde adentro y una tarde, con cámara en mano, se introdujo en el mundo turbio de la basura para hallar, únicamente, un nuevo mundo repleto de irregularidades, poca higiene y un sinfín de enfermedades que aunque no eran evidentes, permanecían latentes en ese lugar.




De este modo, Espejel denuncia lo difícil que es ser un recolector de basura o un habitante del lugar, ya que tienen que soportar olores desagradables, texturas incómodas y los rayos latentes del sol que se postran sobre ellos cada día lastimando su piel, aumentando el riesgo de las enfermedades y provocando que los micoroganismos se reproduzcan con mayor velocidad e intensidad. Todo esto quedó reflejado es sus fotografías, mismas que exhibe de manera digital con la idea de enseñar todo lo que se vive en este pequeño mundo.




El Bordo de Xochiaca tiene cerca de 30 hectáreas de tierra en las que reina la basura y la suciedad, evidentemente. Pero es también uno de los lugares con las comunidades más cercanas entre sí, más unidas y protectoras. Aun con ello, Espejel y su cámara retratan las condiciones deplorables en las que sobreviven y funge como un llamado para que alguien les ayude a mejorar. ¿Cómo? Sencillo: con equipo de salubridad, un seguro médico, limpieza extenuante y un lugar propicio para vivir. Aunque parece imposible, no es para nada una mala idea.


Sigue el trabajo de Emilio Espejel a través de su perfil en Behance.


TAGS: Fotoperiodismo fotografía documental serie fotográfica
REFERENCIAS: Expansón

Diana Garrido


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