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Fotografías de Dmitry Markov sobre la marginalidad de los orfanatos en Rusia

14 de mayo de 2018

Diego Cera

Gracias al fotógrafo Dmitry Markov, las barreras de la marginalidad se rompieron y esa lejanía se convirtió en la confesión de un mundo ignorado.



No hay peor cárcel que aquella en la que se encierra uno mismo. El egoísmo, tan natural en el ser humano como el amor o el odio, nos conduce a sitios y momentos en los que nuestra visión del otro se distorsiona y nos lleva a creer que nadie ─además de nosotros─ es capaz de sufrir o sentir que la vida es un completo desafío. En instituciones como La Castañeda que de 1910 a 1968 siguió operando como un manicomio general ─el más grande de México, por cierto─ nos demuestran que somos nuestra propia vergüenza al relegar a los pacientes a un ambiente que no corresponde en nada al de cualquier individuo que tenga a bien llamarse a sí mismo humano.






Aunque hay quienes se niegan incluso a aceptar atrocidades como el Holocausto, siempre hay otros que defienden por todas las vías que el ser humano es una criatura cruel y sin mucho amor por sus hermanos, o al menos no tanto como el que tiene hacia sí mismo. Esos son los verdaderos héroes; aquellos que, en un principio, nos hacen darnos cuenta de que las cosas de afuera están peor de lo que pensábamos.






Personas como el fotógrafo Dmitry Markov, quien asumió la responsabilidad de informarnos acerca de la vida dentro de algunos orfanatos rusos. Al principio, este ruso se dedicaba al voluntariado en una de estas instituciones, pero apenas notó que ahí dentro había una serie de imágenes que por sí solas hablaban de marginalidad y abandono, tomó su cámara y comenzó a capturar esos momentos donde la sensibilidad y un sentimentalismo cargado de ternura, tristeza y melancolía formaban cierta atmósfera de una familiaridad un poco retorcida.






Ni siquiera le importó el robo de su cámara fotográfica; de hecho, este suceso lo hizo acercarse más a sus "modelos", pues ahora tenía que tomar las fotografías con un teléfono móvil y a través de esa lente consiguió captar las imágenes a las que desde un principio siempre quiso llegar; estampas que sin dejar de denunciar una situación lamentable, también transmitieran ese sentimiento tan humano de querer salir adelante a como dé lugar. Los obstáculos a los que se enfrentan estas personas son sólo físicos, pero su espíritu persiste e intenta, ante cualquier situación, sentirse superado.






Desde las áreas comunes, hasta la intimidad de una habitación, los huérfanos que han sido llevados a una marginalidad más grande que la de no tener familia conviven unos con otros encontrando ahí un ambiente de camaradería y confidencialidad. Sus sueños y sus tristezas se comparten y se vuelven la de todos ahí dentro; a fin de cuentas, aunque se trate de un orfanato, todos los que descansan en este lugar han encontrado verdaderos hermanos.






Gracias al fotógrafo, las barreras de la marginalidad se rompieron y alcanzaron formas hermosas en las que esa lejanía se convirtió en la confesión de un mundo que, a pesar de desfilar frente a nuestros ojos, no alcanzamos a ver debido a nuestro egoísmo desmedido.


* *

Si quieres ver más fotografías de Dmitry Markov puedes seguir su trabajo a través de Instagram.


TAGS: Fotoperiodismo fotografía documental serie fotográfica
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Diego Cera


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