12 fotografías de Jeffrey Stockbridge que reflejan la vida marginal a la que nos arrastran las drogas y la prostitución

Miércoles, 24 de enero de 2018 17:54

|Diana Garrido

Él sólo quería explorar el mundo de las drogas, pero a diferencia de los 3 millones de personas adictas, lo hizo desde afuera, como un espectador de la vida.


«¿En dónde puedo encontrar marihuana?» es una de las preguntas más frecuentes cuando alguien visita Philadelphia. La respuesta la conocen todos; no obstante, pocos se atreven a decirla en voz alta: la avenida Kensington. En este largo y sucio espacio que congrega algunos terrenos baldíos, plantas descuidadas, perros callejeos y gente sospechosa, se encuentra una larga —o quizá no tanto— lista de personajes que pueden venderte desde un cigarrillo de marihuana hasta la línea de cocaína más cara del país. No necesitas buscar mucho, tan sólo con preguntar por la mercancía que deseas llegarás con la persona indicada.




Se estima que en 2011, en Estados Unidos, cerca de 3 millones de usuarios nuevos de drogas ilícitas compraron por primera vez un porro y lo fumaron en un sitio secreto. Uno de esos lugares a los que las personas más acudían a consumir por primera vez, era la avenida Kensington, donde los dealers se regocijaban cada vez que un nuevo llegaba a consumir. En noviembre de ese mismo año, 50 personas murieron por una sobredosis en Kesington y en los alrededores de Philadelphia.




Jeffrey Stockbridge es originario de Balrimore, pero vivía en Philadelphia, por lo que se siente más de este sitio y de Kesington, espacio al cual iba constantemente a visitar a los vendedores, a los consumidores y a todos aquellos que visitaban el lugar. Una tarde decidió documentar las estadísticas que diariamente inundaban los diarios locales en los que se mostraban, incluso, fotos de los fallecidos a causa de las drogas, pero no como lo hacía la prensa. Con cámara en mano, salió a la calle de las drogas en la que capturó rostros, momentos, decadencia y dolor con sólo presionar el obturador.




Reveló cada uno de los rostros en fotografías individuales que tomaba cuando no se daban cuenta o cuando estaban en sus peores momentos; al mismo tiempo, escuchaba sus historias de desolación y adicciones. Era 2008 y él sólo quería explorar el mundo de las drogas, pero a diferencia de los 3 millones de personas adictas, no quería hacerlo consumiendo, lo hacía desde afuera, como un espectador de la vida.




«Mucha de la gente que conocí a lo largo de la avenida está en situaciones bastante difíciles, ya sabes, luchando por sobrevivir, tratando de mantenerse bien, evitar enfermedades y luchan contra la abstinencia. Esperan tener suficiente dinero para conseguir un lugar para dormir por la noche. Están pasando por algo realmente intenso que mucha gente ni siquiera piensa».




Luego de ver todo el material que juntó por tres años, se sintió desolado y con ansias, por lo que decidió crear un libro llamado Kensington Blues, mismo que muestra todas y cada una de las fotografías con todo y las historias que escondía cada rostro cansado, cada nariz destruida y cada bolsillo quebrado. Los protagonistas aceptaron ser parte del libro y mientras el fotógrafo acomodaba el equipo, conocía sus historias de vida; entre toma y toma, buscaba que estos se abrieran ante su lente en una existencia de marginalidad.




El resultado es la humanización de aquellos seres que, aunque sufren, sienten y evidentemente no llevan una vida ideal, son olvidados por la sociedad. Esa misma que juzga y tacha de "asquerosa" algo que no es lo que parece y, por supuesto, se mantiene en el olvido.


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Estas fotos te enseñarán a sentirte vivo a pesar de las drogas y la marginación que emanan, lo cual no es sencillo, en especial si eres adicto al crack y a la cocaína. Se vive un verdadero calvario en buscando la recuperación.

Diana Garrido

Diana Garrido


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