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La peligrosa vida de un pandillero de Nueva York en 15 fotografías

25 de noviembre de 2017

Diego Cera

Nos queda claro que la vida de un pandillero no es nada sencilla, aunque pocas son las personas que pueden contarlo de primera mano.


Desde su primera mención en el sexto capítulo del libro del Apocalipsis, la figura de los cuatro jinetes ha encantando y hecho temblar a más de una persona que, temerosos por lo que les pueda deparar el futuro, prefieren simplemente alejarse de estos oscuros personajes que no le dan tregua ni al más pequeño organismo que pueda existir en nuestro planeta. Ellos son —al menos dentro la tradición judeocristiana— el fin de todo lo que somos o pretendimos ser. No obstante de todo lo que algunas personas puedan creer acerca de estos destructores de civilizaciones, hay quienes creen que ya están aquí y que no son cuatro, sino miles y nos han demostrado su estadía en este mundo.





El 6 de diciembre de 1969, un grupo de estos espíritus destructores decidió hacer de las suyas durante el que sería uno de los conciertos más importantes en la historia de The Rolling Stones. Durante la celebración del Altamont Speedway Free Festival, algunos integrantes de la pandilla de motociclistas Hell's Angels —contratados originalmente como seguridad por Mick Jagger y compañía— decidieron darle un giro completo a un concierto que pretendía estar lleno de amor y paz. Tras un asesinato directo y tres muertes accidentales, no sólo los Stones y los Angels se convirtieron en sinónimos de violencia, sino que se llevaron consigo a toda una comunidad de motociclistas a los cuales los persiguió el terrible estigma de ser los violentos emisarios del diablo. Los jinetes del Apocalipsis.





Hasta hace algunos años, todo mundo creía que los Hell's Angels habían sido el único grupo que había aceptado entre sus filas a alguien que pudiera contar su historia desde dentro, Hunter S. Thompson para escribir su libro Hell's Angels: The Strange and Terrible Saga of the Outlaw Motorcycle Gangs pasó un año como participante del club. Sin embargo, en 2013 una serie de fotografías tomadas por John Shearer a una de las pandillas más crueles del South Bronx de 1972: The Reapers, esencialmente enfocándose en su líder, Eddie Cuevas, desmintió todas esas ideas.





«Eddie se creía algo así como un artista. Él había diseñado los colores de los Reapers y el hecho de que mi padre era el hombre detrás de una tira cómica que leía todos los días me proporcionó mi boleto en su mundo».
— John Shearer para la revista LIFE




En cierto modo, Cuevas salvó a la pandilla de su desintegración y por ello se ganó el respeto de todos los reapers en seguida. Las fotografías revelan que Eddie no era el típico pandillero gigante y lleno de tatuajes, sino un sujeto pequeño con demasiada seguridad para liderar una de las organizaciones criminales más violentas de la época. Tanta, que el sólo hecho de imaginar todos los peligros que tuvo que pasar para llegar a ese punto, pondría a temblar a cualquiera. Bajo el mandato de este hombre cometieron algunos asesinatos a manera de "ajuste de cuentas", trabajaron como mercenarios a sueldo y por qué no, a veces cometían destrozos sólo porque sí. ¿Quién se atrevió a retarlo? Solamente la policía. Toda su ola de crímenes terminó cuando Eddie fue arrestado y llevado la prisión de Riker's Island.





Tras haber superado los cargos por intento de homicidio —no se le podían imputar los crímenes hechos durante su mandato— Eddie comenzó una "vida recta" que lo alejó de los reapers y del South Bronx por completo. Mientras tanto, Shearer sigue manteniendo contacto con algunos de estos pandilleros; lo invitan a reuniones en las que recuerdan a Eddie y cómo es que en algún momento éste los condujo a formar parte de ese grupo de jinetes listos para terminar con el mundo.


TAGS: Fotoperiodismo fotografía documental fotografía histórica
REFERENCIAS: TIME

Diego Cera


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