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Fotografías de Fabio Motta que te enseñarán el lado más rosa del sadomasoquismo

15 de mayo de 2018

Diego Cera

No importa si nos parecen pervertidas, inocentes o sensuales; estas fotografías revelan una cara de tus fantasías que hasta ahora creíste desconocida.



¿Por qué relacionamos la sensualidad con la perversión?


Aun cuando ambas palabras parecen estar en dos terrenos completamente distintos de nuestra mente, todo se acomoda para que éstas tengan un parentesco que no se refiere a otra cosa más que a lo prohibido. El placer, que desde tiempos bíblicos se ha distinguido por ser la única sensación humana impura, es probablemente la que más nos preocupamos por obtener a como dé lugar. Buscamos en cada rincón de nuestro cuerpo la posibilidad de sentirnos plenos y transmitir ese bienestar a los demás, pues a pesar de todas las restricciones, es indispensable llevar al cuerpo a un estado de confort para que todo a nuestro alrededor fluya armónicamente.







Sin embargo, no en todas las culturas y sociedades que habitan en nuestro planeta las costumbres y visiones acerca de la intimidad y el placer se presentan como enormes murallas moralistas que rodean el territorio del bienestar. Para algunas religiones orientales que ponen en el mismo nivel el goce del cuerpo y el cultivo del alma, sentir placer es tan necesario como orar o creer que existe alguien que nos vigila desde el cielo. Bajo este modo de pensar es como nacieron textos tan importantes como el Kama-sutra, donde, más allá de posiciones exóticas o "nuevas" formas de tener sexo, se proponen ejercicios para llegar a un estado de iluminación a través del roce entre dos cuerpos.







Más al oriente, en Japón, la práctica y el conocimiento del shibari se impartía como parte del entrenamiento para un samurái, mas no en cuestiones de sexo, sino que era una especie de captura en la que el prisionero no tenía que sufrir ni ser lastimado; simplemente tenía que permanecer inmóvil para ser presentado ante los tribunales o los altos mandos del imperio japonés. Sin embargo, apenas cruzó las fronteras niponas, esta práctica pasó a ser una de las favoritas dentro del BDSM debido a que el arte que se requiere para inmovilizar a los prisioneros parece mucho más sensual que bélico.







Así, guiados por el placer que causan estos nudos sobre sus cuerpos, algunas personas llevaron esta práctica hasta un punto en el que de verdad pudiese ser visto como un arte y no una perversión similar a las que —injustamente— los prejuicios de las élites mundiales han convertido en sinónimos de depravación y desenfreno. Una de esas personas es el fotógrafo Fabio Motta, quien ha llevado el shibari hasta un extremo donde las gruesas cuerdas se transforman en suaves pétalos de flores o una suerte de sábanas que, sin cubrir el cuerpo completamente, pueden traer calor a quien las lleva puestas y también a quien las enlaza.







Los modelos, que se acercan voluntariamente a Fabio se someten a los nudos por una natural atracción hacia el placer y el erotismo; dos aspectos tan humanos que nunca debieron relacionarse con lo profano o lo prohibido. Si hay una clave para llegar a la iluminación esa definitivamente tiene que ser el conocernos a nosotros mismos y llevar nuestros cuerpos hasta los límites más remotos del placer aquellos en los que incluso tener cuerpo no significa nada si no hay placer de por medio.







Perversión, arte o iluminación espiritual, estas fotografías nos ponen en contacto con nosotros mismos y con esa sensación de paz y alivio que se percibe cuando por fin has logrado complacerte a ti mismo a pesar de todas las prohibiciones que existen en el mundo. Después de esto, es preciso comprender que antes de cualquier regla impuesta por terceros, nuestro cuerpo y nuestra mente deben sentirse satisfechos para que logremos vivir sabiendo que no hemos dedicado nuestra vida más que a nosotros mismos. Al final del día no importa nada más que eso.



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Si quieres conocer más acerca del trabajo de Fabio Motta, puedes visitar su perfil de Instagram.


TAGS: Fetichismo fotografía de desnudo fotografía erótica
REFERENCIAS:

Diego Cera


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