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Fotografías de Ivar Wigan sobre la pobreza y la prostitución en las calles del Caribe

17 de noviembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

Contempla la otra realidad de esta parte del mundo donde la prostitución y la marginalidad abundan.



A las playas paradisiacas, las puestas de sol poéticas, los mares color turquesa, la música alegre, la suave y blanca arena o los imponentes yates desembarcando en sus puertos, se contrapone una terrible realidad en el Caribe; sus altos índices de pobreza. Hace unos meses, la UNICEF hizo un llamado a América Latina y el Caribe para encarar con vigor dicho tema: estos dos territorios tienen 195 millones de niños, niñas y adolescentes, de los cuales 70 millones viven en pobreza. Diversas informaciones apuntan a Cuba y Haití como los dos países del Caribe con los índices más altos. La prostitución es una de las opciones más recurrentes a las que las mujeres se aferran en estos destinos y otros de la misma región para salir adelante y mantener a sus familias.




El fotógrafo Ivar Wigan mantiene una atracción muy peculiar por los países que tienen sangre africana entre sus venas. Ello le ha llevado a viajar por la parte sur de los Estados Unidos (donde hay un importante asentamiento de personas de raza negra), por remotos pueblos del continente africano donde aún imperan antiguas tradiciones o por las calles de países caribeños como Jamaica, donde el 100 % de su población es de ascendencia africana. La cultura que se respira en los guetos, los barrios más pobres y marginales de Kingston y otras zonas de este país, que ha llegado a alcanzar cifras escandalosas de desempleo, ha sido captada con completa naturalidad por Wigan.




«Quiero que la gente vea la vida del otro lado. Quiero que salgan de su zona de confort y piensen cómo es la vida cuando se encuentran al otro lado de las vallas de los depósitos. Jamaica es muy extrema porque es una tierra de ricos y desposeídos», señala el artista. «Las personas adineradas viven en complejos protegidos y están completamente aislados de la vida normal de Jamaica. Entonces, la mayoría de los jamaiquinos nunca ven esas formas de vida. Los ricos y los turistas que van allí nunca ven la vida real. Es una dicotomía extrema».




A esa pobreza se le debe hacer frente de todas las maneras posibles, tanto a nivel monetario como anímico. Los habitantes marginales de la mayoría de los países latinos y caribeños, que viven bajo altos índices de pobreza, tienen a la prostitución como una de sus cartas fuertes para obtener recursos con los cuales mantener a una familia y llevar un poco de comida hasta sus mesas. Por otro lado, la vida nocturna es el escaparate perfecto para sentir una dosis de necesaria felicidad después de una agotadora jornada laboral en las fábricas, negocios, empresas o los empleos con los que la población de estos países subsiste.




Ivar Wigan es un trotamundos que logra captar con alta fidelidad las escenas de “decadencia urbana” que se viven en el Caribe y en particular en Jamaica. Esa decadencia es más bien un exotismo que se refleja en los rostros y los cuerpos de los hombres y mujeres que toman las calles o los bares como su territorio espiritual en el que sacian sus ansias de sexo, erotismo y diversión. Su fotografía es salvaje al mismo tiempo que tierna. A bordo de motonetas los jóvenes ríen, cortejan a las mujeres de tacones altos que aguardan por un cliente o por un trago que las saque del hastío de la noche. Los rostros de ambos sexos son desafiantes, los hombres voltean hacia el objetivo que les apunta sin temor a que vean la verdad en su mirada.




Ante la descomunal falta de oportunidades está la descomunal adrenalina de la fiesta, alrededor de una plataforma de striptease o en el cuerpo de una voluptuosa mujer que se entrega a los apetitos de un hombre cuyos sueños también se han caído a pedazos. La realidad que muchos políticos o turistas mismos del Caribe ignoran es desnudada por la lente de Ivar Wigan, quien se ha metido hasta el fondo de las zonas rojas y los barrios más pobres para presentar al mundo la fiesta que ahí se desarrolla, la orgía de los cuerpos tatuados, los senos gigantescos, las nalgas turgentes y la música que jamás se detiene.




La sensualidad del striptease es tan intensa y a la vez tan triste como la botella de alcohol a medio llenar encima de una mesa donde también se riegan colillas de cigarros, tal vez un poco de droga, pero, sobre todo, unas ganas inmensas de tener una vida más próspera en medio del caos. Wigan tuvo que enfrentarse a muchas situaciones cuando disparaba las escenas para captarlas con su cámara: «Como forastero, algunas de estas escenas pueden ser vistas como lugares peligrosos, lo que quiero hacer es romper esas barreras y ver la verdad, la fuerza y ​​la belleza en estos lugares, que de otro modo se descuidan».




Ante la falta de un empleo o una casa dónde habitar de manera cómoda, las calles se vuelven el único territorio al que se puede aspirar: su inmensidad, sus posibilidades, sus dimensiones son las adecuadas para armar la más grande de las fiestas, para que la seducción se convierta en el agua bendita y la música en la más sagrada de las oraciones. Ivar Wigan lleva al espectador a convivir con la más salvaje de las realidades y la más intensa de las celebraciones. Y es que eso es lo que tiene la clase baja en contraparte con los más ricos: no tienen nada que perder en ningún sentido. Por eso su mundo se expande y se hace infinito como la noche a la que entregan sus más íntimos deseos. 




Ivar Wigan nació en Escocia y se crió en Londres, donde actualmente vive. Su principal interés con su trabajo fotográfico es derribar las barreras que existen entre las diversas culturas del mundo para dar a conocer las distintas realidades que se viven de un lugar a otro y dar cara a lo invisible o a lo que muchos niegan su existencia. Su obra aquí exhibida, Young Love, es un acercamiento a los barrios más pobres del Caribe y Jamaica que son ignorados la mayoría de las veces. Sus personajes muestran una parte de su intimidad ante la inquieta cámara del británico, quien afirma: «Todas esas personas son mis amigos, al estar con ellos sentía la fuerte convicción de que debía retratar sus vidas».


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Fotografías de la decadencia y pobreza que se vivió en el México de los años 20 para entender que América Latina siempre ha padecido una situación de escasez económica y que es un territorio condenado a luchar para salir adelante a partir de sus cimientos.


TAGS: Fotoperiodismo Grandes artistas serie fotográfica
REFERENCIAS: Dazed Digital Arte Viste The Guardian

Rodrigo Ayala Cárdenas


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