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20 fotografías de la belleza de un pueblo brasileño hundido bajo el agua

26 de abril de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

La catástrofe ocurrió cuando los niveles del río Mearim se elevaron de manera alarmante debido a las lluvias torrenciales que azotaron ese año a la nación sudamericana.



Mientras miles de mujeres en el mundo celebraban su día en compañía de sus familias en la comodidad de un restaurante o de sus hogares, otras tenían que luchar por sus vidas mientras las aguas lo devoraban todo.


El periódico La Prensa de Venezuela anunciaba en su edición del 10 de mayo de 2009 que los afectados por una de las inundaciones más atemorizantes que se recuerden en la historia de Brasil se elevaban a más de 300 mil.


La catástrofe ocurrió cuando los niveles del río Mearim, el cual se halla al norte del país en el estado de Maranhão —uno de los 27 estados que conforman la República del Brasil— se elevaron de manera alarmante debido a las lluvias torrenciales que azotaron ese año a la nación sudamericana.




El diario reportaba lo siguiente en sus encabezados:


«El número de muertos se mantuvo en 40, igual que la víspera, aunque en la localidad de Pedreiras, en el estado nororiental de Maranhao, dos personas se reportaron desaparecidas luego de que una pequeña canoa sobrecargada de pasajeros se volcó en la madrugada en el desbordado río Mearim».




«Las más devastadoras lluvias en azotar el norte de Brasil en al menos dos décadas inundaron 10 de los 26 estados brasileños, en una área que se extiende desde el bosque húmedo de la Amazonia hasta estados costeros acostumbrados a las sequías».


«La víspera, autoridades de defensa civil en los estados habían reportado 294 mil 313 damnificados, pero hoy, domingo, se reportaron más de 6 mil nuevos casos».




«Pese al aumento, grupos de socorro y autoridades han señalado que las condiciones han mejorado, y se han podido abrir algunas carreteras que dificultaban el envío de ayuda y el rescate de comunidades aisladas».


Mientras algunos pueblos tuvieron la fortuna de recibir ayuda más o menos a tiempo de parte de las autoridades y del resto del país —que envió despensas para aliviar las primeras necesidades de los afectados— hubo otros territorios que permanecieron abandonados a su suerte, ya sea por la distancia y la dificultad para llegar a ellos o por otro tipo de obstáculos difíciles de definir.




Uno de los que peor suerte corrió ante los embates de la naturaleza fue el pueblo de Matadouro. Ahí el agua lo anegó todo: casas, establos, talleres, comercios, iglesias, calles. Todo. Poco fue lo que quedó sin ser afectado. Sobre todo, lo que el agua sepultó fue el ánimo de sus habitantes, quienes a pesar de ello a veces tenían la energía de sonreír y ver el futuro con cierto optimismo. 


Cientos de personas afectadas lo perdieron casi todo. Hombres, mujeres, niños, ancianos. Con ellas habló el fotógrafo brasileño Joaquim Cantanhêde, quien algunos días después de que las lluvias cesaran viajó hasta Matadouro con cámara en mano para registrar la situación de la localidad. Sus pies se llenaron de agua y lodazal, mientras que su cámara lo hizo de imágenes estremecedoras.




Pudo ver las casas sepultadas en una tumba acuática, las pequeñas barcas que llevaban a las familias de un sitio a otro, el llanto de los bebés que no sabían lo que sucedía —su mundo seguía reducido a querer dormir y alimentarse—. Pudo ver a los damnificados reubicados en sitios seguros donde se les daba de comer y podían dormir sin el peligro del agua desbordada. Pudo ver que ante la naturaleza hay poco que hacer cuando desencadena su caos. Joaquim Cantanhêde pudo obtener fotografías inmensamente tristes, pero al mismo tiempo inmensamente hermosas en su cruda realidad.




El fotógrafo decidió nombrar a su obra Submersos y dar a conocer la realidad de los pueblos más pobres de Brasil quienes además de ser devastados en su economía lo son por los rigores de la naturaleza al estar asentados en sitios donde son proclives a padecer este tipo de incidentes. Submersos no sólo es un grito de ayuda, sino también de la belleza que puede ser hallada incluso en los instantes más tristes. 










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TAGS: Fotoperiodismo fotografía documental serie fotográfica
REFERENCIAS: Behance

Rodrigo Ayala Cárdenas


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