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10 fotografías de cómo viven las trabajadoras sexuales y adictos al cristal en Tailandia

7 de junio de 2018

Alonso Martínez

A pesar de que los niveles de pobreza redujeron en Bangkok, aún existen millones que viven en la miseria, víctimas de la adicción y de las calles sin salida.




La ciudad nos destruye lentamente. Quizá eso fue lo que quería decir Martin Scorsese en su cinta Taxi Driver al mostrar a un individuo común y corriente, perdiendo la cabeza después de observar todo el caos y la podredumbre que existe en la Ciudad de Nueva York, hasta que finalmente él se convierte en un psicópata (al menos en su mente) y se une al caos que observaba.



Sin importar si un país es próspero o no, en las ciudades principales se encuentran las personas con mayor nivel de pobreza, viviendo en las calles, o encerrándose en su mundo, cometiendo crímenes o llevando una vida decadente, porque se convierten en víctimas del sistema o eligen hacerlo para al menos sobrevivir y tratar de tener un poco de dignidad en sus vidas. Se ve en la Ciudad de México, en Buenos Aires, en Nueva York y en Tailandia, el lugar que eligió Jonathan Taylor para retratar los rostros de esas personas, llenos de desesperanza, de violencia y de todo aquello que pervierte nuestra mente cuando sólo existen edificios y violencia a nuestro alrededor.



Aunque Tailandia ha reducido considerablemente su taza de pobreza desde los últimos veinte años, aún existen zonas en las que existe marginalidad y negligencia por parte del gobierno, principalmente porque se consideran espacios controlados por el crímen organizado. Los distritos de "las luces rojas" están llenos de casinos ilegales, burdeles disfrazados de distintos establecimientos como salas de masaje, en los cuales no sólo las personas venden su cuerpo voluntariamente, sino que también sirven como centros de tráfico de blancas.



De igual forma, en esos barrios existe un alto nivel de narcomenudeo que mantiene a los jóvenes adictos a una droga altamente adictiva llamada Ya Ba, que deriva de las metanfetaminas y que provoca que el usuario se comporte de forma violenta y después tenga episodios de depresión. El gobierno decidió comenzar una guerra para erradicar esa amenaza, pero el mal manejo ha provocado que miles fallezcan en las calles, empeorando el problema.





Las imágenes de Jonathan Taylor nos acercan de frente hacia los personajes que viven en esos lugares; caras serias, duras y momentos de rabia injustificada. La oscuridad con que son presentadas nos dan más preguntas que respuestas, ya que cada expresión sugiere una historia trágica detrás de la persona. No sabemos cómo llegaron ahí, ni si crecieron o llegaron a esos lugares, ni si querrán salir. Lo único que vemos es esa suciedad permanente de los puntos ciegos de la ciudad, de las personas que preferimos ignorar porque nos da miedo convertirnos en uno de ellos.



Aquellos que forman parte de ese mundo, como peones de los criminales más adinerados, no tienen lugar a donde ir, ni claras oportunidades para alejarse de esa vida. Mientras que los adictos se quedan en su espiral, robando y asesinando para comprar más, las mujeres prostitutas (y las víctimas de trata) no tienen ni un poco de ayuda, y todos los días se arriesgan a contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, o ser víctima de la violencia en esos barrios bajos.




El Primer Ministro Prayut Chan-ocha fue elegido por sus promesas de erradicar esos círculos criminales y por prometer dar oportunidades a aquellos que viven debajo de la línea de la pobreza, pero no ha dado resultados. De hecho, actualmente ha bloqueado la libertad de expresión y ha callado cualquier crítica a su gobierno, lo cual sugiere que el hombre se mantendrá en el poder sin ayudar a las clases más bajas, provocando aún más caos en la ciudad de Bangkok.



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Las escenas que vemos en las imágenes no son exclusivas de Tailandia. En Estados Unidos se está viviendo una crisis de adicción al opio y en los barrios bajos aún existen centenares de adictos y prostitutas víctimas de trata de blancas. Lo mismo sucede en México, y en otros países con grandes urbes. Son imágenes que están lejos de nosotros pero que sabemos que existen. Quizá nunca desaparezcan y sean resultado del caos de la ciudad, y pensar en que desaparecerán es sólo una ilusión. ¿Quién sabe? Es un destino que persigue a algunos, y que atormenta a otros.


Si quieres ver más del trabajo de Jonathan Taylor, visita su sitio web.











TAGS: Fotoperiodismo fotografía documental fotografía en blanco y negro
REFERENCIAS: ADB BorgenProject

Alonso Martínez


Editor de Cine

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