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Fotografías de jóvenes rebeldes que lucharon contra el comunismo a través del rock

La tiranía es la tiranía,  venga de donde venga.
Howard Zinn

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Lejos de las pretensiones que de inicio encaminaron la Revolución de octubre, el socialismo, de la mano de Stalin, fracasó en Rusia durante la segunda mitad del siglo XX y cayó en lo mismo que cualquier totalitarismo. La censura, represión y el abandono de sus ideales, convertidos en una pesada y gris maquinaria, además del esfuerzo propagandístico de Estados Unidos durante la Guerra Fría para convencer al mundo de que el peor de los males se gestaba en el este de Europa y Asia, ahogaron a la Unión Soviética en un marasmo que marcó su fin. En este contexto, el futuro del país más grande del mundo estaba en vilo ante la decadencia de un régimen político que inauguró el siglo XX con un movimiento que trastocó todas las estructuras sociales que hasta entonces se practicaban en el gobierno a nivel mundial.

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Hay géneros que se identifican con un ideal. Así como el jazz nació como un mecanismo de reivindicación de clase y lucha contra la segregación racial en el primer cuarto del siglo XX o el punk y el hip hop denuncian la brutalidad policial, el rock aparece en la historia como el sonido contestatario por excelencia. Un acorde de guitarra estruendoso acompañado de la batería y una lírica comprometida, son un arma utilizada por los jóvenes de todo el mundo cuando su libertad está en juego. Aún con más fuerza cuando no se sienten identificados con las banderas que ondea el gobierno en turno o bien, si su futuro está amenazado ante un régimen que no garantiza el desarrollo de todos ellos.













Durante la década de los 80, los más jóvenes se enteraron de la brutalidad del régimen y supieron que las promesas y los ideales de emancipación, que en algún momento inspiraron a todo el globo a luchar por la misma causa, estaban enterradas en el pasado. La construcción de una realidad social alterna no significaba nada para ellos, porque el ideal de nación desapareció y de sus cenizas brotó un ansia genuina por revelarse y dejar atrás toda clase de censura y represión.

La música era controlada por el gobierno con especial atención en los actos públicos, que eran disueltos cuando no existía una orden previa que demostrara que se trataba de algo aceptado por el régimen y libre de la influencia del resto de Occidente. Entre las frías calles de Moscú y San Petersburgo brotaba el espíritu de rebeldía ante quienes eran jóvenes y como tal, respondían a un ideal social, cultural, político y de transformación de la realidad.













Queen o Pink Floyd eran muy conocidos entre la juventud soviética y contaban con una amplia base de seguidores, sin embargo, la escena doméstica se reducía al mínimo ante la dificultad de encontrar lugares donde las nuevas bandas pudieran presentar su trabajo. El Leningrad Rock Club rompió con este esquema y adoptó una postura rebelde: presentar a nuevos músicos de la escena nacional. De ahí surgieron bandas como Kino, Stranniye Igry, Akvarium, Zvuki Mu y todas las de la oleada del rock ruso que contagiaron un espíritu de transformación, al tiempo que reafirmaban la poderosa y siempre cierta frase del epígrafe que abre este artículo.

La mayoría de los jóvenes retaban a la autoridad, pero sobre todo, al status quo que produce el estancamiento de una sociedad y vuelve rígidas sus formas evitando cualquier cambio con fiereza. Los rebeldes, siempre necesarios para el desarrollo de las ciencias, el arte, la literatura y el pensamiento, son quienes rechazan la pasividad y no sólo se quedan inertes en espera de un cambio, sino que retan las estructuras del sistema desarrollando teorías revolucionarias y vanguardias artísticas en contra de los grandes maestros de la época. Estos pensamientos se consideraban inaceptables en un momento histórico determinado y una serie de actitudes y nuevos moldes sobre los cuales se habrá de forjar una nueva era.










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Etiquetas:guerra fria
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