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10 crudas fotografías de la guerra contra los indígenas en México que jamás habías visto

12 de marzo de 2018

Alejandro I. López

El alto al fuego del Ejército Mexicano parecía el inicio de un tortuoso camino de negociaciones y acuerdos para alcanzar la paz movidos por la voluntad de diálogo y el compromiso del entonces presidente, Ernesto Zedillo, de evitar a toda costa una guerra. Sin embargo, en esencia se trató del inicio de una ofensiva de baja intensidad que tiene como objetivo desarticular toda resistencia indígena a sangre y fuego.



Más de 30 mil militares se movilizaron a Chiapas el 1 de enero de 1994, cuando México despertó con la noticia de que un grupo de indígenas se había levantado en armas y tomado siete cabeceras municipales. ¿Su exigencia? Una nueva forma de hacer política, plantar cara a la desigualdad, resarcir los derechos negados históricamente de los pueblos indígenas y los ideales de libertad y democracia.


La lucha armada se resolvió rápidamente y en un par de batallas el Ejército Mexicano recuperó las cabeceras municipales tomadas, imponiéndose con todos sus recursos (incluso la Fuerza Aérea) a un ejército rebelde con plena capacidad de acción, pero incapaz de resistir los embates federales. Después de once días de una ofensiva unilateral sin respuesta por parte de los zapatistas y con la presión creciente desde la sociedad civil por detener las acciones bélicas, el Ejército Mexicano decreta oficialmente un alto al fuego.





A primera vista, es el inicio de un tortuoso camino de negociaciones y acuerdos para alcanzar la paz movidos por la voluntad de diálogo y el compromiso del entonces presidente, Ernesto Zedillo, de evitar a toda costa una guerra. Sin embargo, en esencia se trata del inicio de una ofensiva de baja intensidad que tiene como objetivo desarticular toda resistencia indígena a sangre y fuego.


Mientras el mensaje oficial desde el ejecutivo es encontrar una solución pacífica al conflicto, el Plan de Campaña Chiapas 94 (una estrategia de la SEDENA para cortar de tajo la rebelión y su influencia a través de acciones paramilitares organizadas más no ejecutadas por el ejército) se pone en marcha. Es el inicio de una guerra de baja intensidad, acoso y hostigamiento en contra de los indígenas zapatistas que se mantiene hasta el presente.





Un año y dos meses después del levantamiento indígena (marzo de 1995), el gobierno federal decreta la Ley de Concordia y Pacificación para una Paz Justa y Digna en Chiapas. Las mesas de diálogo reinician, pero la presencia militar en la zona es cada vez mayor y dota de poder a los caciques de la región para provocar conflictos a la organización zapatista, que dejó las armas de lado y comenzó a trabajar en comunidades autónomas.


Para 1998 y después de la Masacre de Acteal que dejó entrever los estragos del paramilitarismo en Chiapas, la estrategia del Plan de Campaña toma un giro e integra distintos programas sociales asistencialistas y políticas públicas como principal contrainsurgencia con el objetivo de causar división y ruptura en las zonas de influencia rebelde y comunidades autónomas. Los ejemplos más representativos son Progresa (actualmente conocido como Prospera), Procampo y más recientemente, la Cruzada Nacional contra el Hambre (2013).


Para 1997, los 30 mil efectivos del Ejército Mexicano se convierten en 70 mil concentrados en Ocosingo, Las Margaritas, Altamirano y Palenque, los cuatro municipios chiapanecos que el gobierno considera zonas de conflicto con mayor influencia zapatista. Dos años más tarde operaban 12 grupos paramilitares en 20 municipios de Chiapas y hasta el momento, más de 25 mil personas han sido desplazadas forzosamente a raíz del conflicto militar y la estrategia federal en Chiapas.





Según la portentosa investigación de Adrián Galindo de Pablo que sirvió de documentación principal para este texto, "entre 1995 y 2001 fueron desaparecidas y ejecutadas 122 personas por parte de grupos paramilitares, de estas víctimas 37 fueron desapariciones forzadas (31 hombres y 5 mujeres) y 86 fueron ejecutadas (79 hombres y 7 mujeres)”.



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Las fotografías aquí presentadas pertenecen a: Marco Antonio Cruz, maestro del fotoperiodismo mexicano y pionero en documentar el conflicto armado en Chiapas; Mat Jacob, fotógrafo francés que ha captado la realidad del sureste de México en distintos trabajos documentales; Antonio Turok, fotoperiodista mexicano cuyo trabajo en San Cristóbal de las Casas da cuenta a una memoria gráfica invaluable del levantamiento zapatista; Araceli Herrera y Benjamín Flores, que cubrieron los hechos de 1994 y los años siguientes con la misma convicción que profesionalismo.


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TAGS: Guerra México Problemas
REFERENCIAS: de Pablo, Adrián Galindo, "El paramilitarismo en Chiapas. Respuesta del poder contra la sociedad organizada".

Alejandro I. López


Editor de Cultura

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