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Fotografías que muestran cómo era la vida en las vecindades de la CDMX

12 de julio de 2018

Cultura Colectiva

Texto escrito por Cristina Barrón Icaza


¿Alguna vez has entrado a un lugar en el que todas las personas que habitan en él te conozcan? Pues más o menos así se sentían las personas que vivían dentro de las vecindades que rodeaban el centro de la Ciudad de México a principios y mediados del siglo XX.


Enormes caserones, antaño destinados sólo a quien podía pagarlos, ahora brindan cobijo a innumerables familias dentro de sus cuartos altos y largos. Es en estos pequeños lugares donde se desarrollan las historias de vida cotidiana más impresionantes, que uno sólo cree escuchar de un abuelito muy alegre o en una novela romántica.


Un ejemplo de estas viviendas llega hasta el barrio de La Lagunilla, ese en el que tuvo lugar aquella memorable película La Lagunilla, mi barrio; se trata de un sitio donde se puede encontrar a distintas personas, desde la señorita de una familia numerosa que iba al colegio de monjas, hasta el luchador de la Arena México que todos los días salía muy temprano con su equipo necesario para entrenar.





Vivir en una vecindad enseñaba a compartir y al mismo tiempo a ser discretos, podían olvidarse por completo de la privacidad de las ahora tan personales habitaciones, pues debían compartir la cama con sus hermanos y hermanas y el cuarto con sus padres, no había lugar para la privacidad, todo era para todos y donde comían ocho comían 10, con dos litros más de agua claro.


Se formaron casi como pequeños simulacros de sociedades dentro de otra sociedad, se aprendía a vivir con los vecinos no porque se quisiera, sino porque era necesario, no importaba si tu vecina lucía bien o no, en realidad si era capaz de dejarte entrar a su baño, ya que era el único que tenía agua corriente.


Los enormes y variados patios dentro de las vecindades fueron el escenario perfecto para un montón de juegos con los que los niños se divertían y de paso hacían hambre y tiempo suficiente para que los frijoles se alcanzaran a cocer.




Los accidentes nunca faltaron, pero tampoco las manos solidarias y amigas que se ayudaban mutuamente cuando algo ocurría, que si era necesario transportar a la abuelita enferma, llevar al chamaco al "matasanos" o acompañar a la niña al colegio; no faltaba alguna vecina o vecino acomedido que hiciera el favor, porque "hoy por ti, mañana por mí", dicho muy utilizado en estos ambientes tan necesitados de comprensión y compañerismo.


Cuando sabemos que lugares así existen, que no importa si alguien te cae bien o mal, pero lo conoces de toda la vida, entonces nos damos cuenta que han hecho un cambio en la sociedad, que nadie que haya vivido alguna vez en una vecindad vuelve a ser el mismo, se ven las cosas desde otra perspectiva, y si no había hermanos para poner un clavo, estaban las hermanas que aprendían tanto a coser como a clavar, a planchar y a cambiar fusibles, porque en una sociedad que muchas veces se olvidaba de los más necesitados, no hay lugar para remilgos.



Pero después de todo esto, ¿qué son las vecindades?, ¿cómo se define una vecindad?, ¿desde qué punto se quieren abordar las vecindades?: una vecindad, según la Real Academia de la Lengua Española, es un "edificio destinado a la habitación multifamiliar", podemos agregar que esta unidad habitacional está caracterizada por tener uno o más patios con lavaderos y otros servicios compartidos entre los residentes, para definir una vecindad no hace falta mucho, la mayoría podría decir que basta con decir que son edificios antiguos que no fueron creados como unidades habitacionales para muchas familias, sino para una sola, y después fueron acondicionados o creados expresamente para rentar un espacio reducido al inquilino.



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TAGS: serie fotográfica cdmx
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