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23 fotografías de cómo se vive la marginación y el barrio en el país más rico del mundo

2 de marzo de 2018

Diego Cera

A través de imágenes cotidianas, el fotógrafo Lukas Korschan representa la manera en que el sueño americano toma diferentes direcciones conforme las exigencias de cada ciudad.



En las verdes aguas del gran Misisipi flota la cultura americana. Ese hilo de pantanos que termina en Minnesota y extiende sus brazos hasta Missouri y Ohio, comienza su recorrido en un Estados Unidos plagado de leyendas. Ahí los hombres pelean contra antiguos cocodrilos y los enormes peces gato que viven en las profundidades de ríos y lagos. Justo donde el pueblo cajún perfeccionó, aun con pocos recursos, la condimentada gastronomía norteamericana, se levanta orgullosa de sí misma la otra cara de la cosmopolita nación estadounidense.



A pesar de los tiempos, las calles de Nueva Orleans están muy lejos de sonar a estruendosos cláxones y gente desesperada por llegar a sus trabajos; en cambio, el jazz y el blues salen de los altavoces de radios desvencijadas que nos recuerdan que por estos mismos barrios se originaron estos sonidos de la marginalidad, pues a pesar de haber llenado grandes salas, ambos géneros se forjaron en las manos y gargantas de personas que, por causas ajenas, renunciaron a la obscena urbanización estadounidense que desde hace trescientos años se ha negado a arroparlos en su manto.



De esta manera inicia el recorrido fotográfico de Lucas Korschan por las calles de Nueva Orleans. Los festejos del tricentenario de la ciudad inician con una banda de metales que irrumpe el lejano y sucio sonido de los ecos del pasado. Nada de dixieland, ni las rasposas voces de Hound Dog Taylor o el diabólico Robert Johnson; sólo la fiesta cuyo estruendo y color refuerza lo que ya era evidente: la búsqueda de oportunidades nacida de la desesperación que causa la pobreza en la que se han visto hundidos la mayoría, si no es que todos los habitantes de la zona.


Tanto los descendientes de esclavos africanos como los cajunes, cuyos ancestros provienen de la Canadá colonial; intentan abrirse paso en este terreno pantanoso en el que la desigualdad social hace que incluso la fe y sus representantes se vean como vagabundos espirituales recogiendo las sobras que dejó el cristianismo colonizador y tirano.


Si observamos las imágenes de Korschan con detenimiento, nos daremos cuenta de que el sueño americano cobra un significado completamente distinto en esta ciudad; el habitante promedio no ambiciona sino que espera. Los recursos no alcanzan siquiera para pensar en hogares ostentosos y vidas llenas de lujos y comodidades, los neo orleandeses simplemente sueñan con una vida que no se tenga que justificar con la miseria y un hogar con cimientos que no sean basura y desesperación.

Cada imagen cuenta un relato crudo de la urbanidad del sur de Estados Unidos a la que sólo llegan los rumores del Gran Norte, donde los caprichosos rascacielos se han convertido en monumentos indiscutibles de la ambición y la muy humana sed de apropiarse del mundo desde las alturas privilegiadas de un paraíso que, al no haber alcanzado, el pueblo norteamericano construyó con hormigón y acero reforzado. Pero no todo está perdido, desde los escombros y los recuerdos de lo que algún día fue considerado el centro del buen gusto y la ostentación: un Sur que sigue teniendo sus propias reglas para diferenciarse de una realidad cosmopolita que no le corresponde.



Al igual que la marcada diferencia entre estas dos realidades que al parecer sólo van unidas por un caudaloso río, el sueño americano se diversifica, y mientras para algunos se convierte en una realidad que crece a pasos agigantados, para otros —los marginados— permanece como un sueño en el que vale la pena vivir para sentir al menos que existe algo por lo que se debe luchar y no caer en la monotonía de un blues desafinado que sigue doliendo cada día más.


* * *

Para conocer más acerca del trabajo de Lucas Korschan y su series sobre Nueva Orleans, visita su sitio web.



TAGS: Estados unidos Fotoperiodismo fotografía documental
REFERENCIAS: Ignant

Diego Cera


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