Los rostros que una mujer guarda en secreto

Todas tenemos caras ocultas que por seguridad emocional no exhibimos tan fácilmente.


No es un secreto que la vida tiene altibajos. Así como podemos estar arriba con las emociones, a tope bailando como nunca, mañana podemos estar debajo de una cobija secando lágrimas. Dime si no has sentido que quieres dar todo por alguien y de pronto se esfuma el sentimiento en un pestañeo. Un día lo besas y al otro no le hablas. Una noche tu familia es tu todo y un mes después huyes de casa. Sientes que tu mejor amiga es el paño de lágrimas que siempre esperaste y sin más, se transforma en una máquina de reproches. Tu mundo puede ser el más rosa y suave, pero también el más oscuro y caótico que haya existido.


Somos inestables emocionalmente y no es una casualidad que nos encontremos con extraños y pensemos similar. Las convenciones sociales nos han formado de la misma manera y aunque escuchemos música diferente, vistamos con prendas opuestas o tengamos ideas que difieren, pertenecemos al mismo imaginario, el cual nos mantiene en un mismo mood. A veces podemos gritar lo que sentimos, pero en otras ocasiones tenemos que escondernos a llorar. Podemos fingir que nos da risa el comentario ofensivo al nuevo corte de cabello, pero por dentro maldecimos el momento en el que se nos ocurrió probar un nuevo look. Podemos ser tan fuertes como un roble y por dentro caernos en pedazos.


Todas tenemos rostros ocultos que por seguridad emocional no exhibimos tan fácilmente. Tú, yo, tu mejor amiga, tu mamá, tu prima, tu hermana y cada mujer de tu vida nos hemos sentido fuera de lugar en más de una ocasión. Es que las convenciones sociales nos han hecho mujeres probablemente débiles, aunque no lo seamos realmente. El imaginario social dice que las mujeres debemos esperar a que el mundo gire, pero en la intimidad de cada una de nosotras, sabemos que tenemos más de un rostro que nos encantaría mostrar.


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Puedo sentirme bonita y quizá los demás no lo notan, incluso me ven cansada y ojerosa.



Guardo cada secreto que escucho y les tengo un espacio en mi memoria y corazón.



Tal vez no lloro con el cursi final de una película o con los poemas de amor que alguna vez me escribieron, pero sí lo hago cuando papá me levanta voz o cuando él no puede definir lo que siente por mí. Cuando me tocan en el vagón del metro o cuando el trabajo se acumula.



Me cuesta tenerlo tan cerca y al mismo tiempo tan lejos.



Cuando llega la regla es doloroso, cansado y estresante, pero me recuerda lo fuerte que puedo llegar ser.



Amo masturbarme.



Soy inestable, pero me basta saber que tengo vida.



Comentarios negativos a mi persona, a mi vida y a mi forma de verla... tengo cientos de voces perturbando mi mente y decenas de manos aplastándome.



A veces siento que se esfuma todo lo que pude tener.



No tengo mayor placer en la vida como cuando duermo y me relajo.



Me canso de que él no vea lo que me provoca.



Puedo ser tan erótica como aburrida.



No siempre tengo sentimientos genuinos, pero si verme llorar hace feliz al mundo y le permite verme como una mujer que siente y sufre... puedo fingir.



No regalo mi cuerpo a todos, sólo a quien logra encenderme con un beso, una palabra o cuatro shots de tequila. Pero en ningún caso es amor. Mi cuerpo tiene necesidades y puedo fingir que te amo mientras me tomas entre las piernas.



No hablo mucho con otros, pero conmigo misma puedo entablar conversaciones tanto interminables y profundas, como banales que nadie entendería.



No puedo olvidar sus besos. Aún siento su lengua jugando con la mía, sus dientes mordiendo mi labio y su respiración agitada.



Se me revuelve el estómago con sólo pensarle.



A veces extraño a otros, pero duele desde el abdomen hasta el corazón.



Somos lo suficientemente mayores para entender que no existe el infinito. Entonces, ¿por qué insisto en vernos "juntos por siempre"?



Extraño personas, lugares y cosas.



Me gusta sentir la calidez que emana el cuerpo de mis amigos. Se complementa con el frío siento a diario.



Lo siento, él es el indicado.



El erotismo es mucho mejor entre letras y olor a libro. Quiero que él lea el libro más perverso del mundo entre mis piernas.



El recuerdo del primer beso, el abrazo de mamá, la casa de la abuela, el concierto más divertido, su mano entrelazada con la mía, el consejo de mis amigas... todo está en mi piel.



No pudo ser porque estaba muy lejos, a dos cuadras de mi casa y a un sentimiento del mío.


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Nunca seré la mujer ideal, nunca tendré un poco de credibilidad social y tampoco seré la persona que alguien quiera presentarle a su familia, pero soy mucho más de lo que aparento. Tu también lo eres. Todas lo somos, pero no podemos externarlo tan fácilmente. La apertura de la mente suele ser gradual, quizá en unos 50 años, no tengamos la necesidad de llorar en silencio, de masturbarnos con pudor o de recurrir a aventuras casuales para sentirnos amadas. Quizá podamos tener lo que merecemos y deseamos con una sonrisa. Quizá podamos ser menos inseguras y más sinceras...


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Las fotografías fueron tomadas de Martina Matencio. Si quieres conocer el trabajo de la artista, consulta su Instagram y su página web.


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