Fotografías de Mary Ellen Mark sobre la prostitución en la India

Miércoles, 28 de marzo de 2018 11:05

|Eduardo Limón
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La situación no ha cambiado para nada. ¿Qué vamos a hacer al respecto?



Si alguien se acercara y te dijera que tu destino es satisfacer el placer de los hombres, que prostituyéndote es la única manera que tienes de salvar a tu familia o de aportar seguridad a tu casa, ¿lo harías? La respuesta rápida, claro, es que no. Pero imagina que tus contextos no fueran exactamente los que vives hoy, que vivieras en una de las zonas más pobres no del país, sino del mundo... que grupos criminales o de poder amenazan a tus padres, abuelos, tíos y hermanos si es que no aceptas ese trabajo. La situación no es nada fácil.  


Millones de mujeres y niñas son víctimas del tráfico de personas en el planeta; sin embargo, las cifras en la India sobre prostitución son alarmantes. Convenciendo a muchas jóvenes, justo como lo planteamos al inicio de este texto, de que su destino y condición de pobreza influyen para sólo desempeñar una labor sexual en sociedad, en la India hay más de 3 millones de mujeres y niñas obligadas a la prostitución –según datos de la ONG Apne Aap–. 


En ciudades como Delhi, Bombay o Calcuta hay áreas llenas de burdeles. En la parte antigua de la capital India, el tráfico de mujeres de todas las edades no cesa, ni siquiera ante la suciedad y el ruido del caos urbano. Al caminar por una de sus más rojas calles, puedes escuchar la voz de un joven en tu oído diciendo: «El número 64 es el mejor. Chicas guapas y baratas. Puedes tener sexo con la luz encendida para verles la cara», mientras las prostitutas saludan tras las rejas de las ventanas. 


Y así ha sido por largos años. Sin cambios ni contratiempos. No hemos superado una tradición que debería estar ya erradicada. Una costumbre que podemos analizar y comparar con la actualidad desde las fotografías de Mary Ellen Mark durante los 70. Como la mayoría de los países, India tiene lujosos burdeles y costosas prostitutas; pero estas imágenes dan fe de un contexto radicalmente opuesto y fueron tomadas en una calle de Bombay –donde viven y trabajan las prostitutas menos caras–, un área famosa por los prostíbulos tipo jaula en los que viven algunas de las mujeres. 

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Tomadas entre octubre de 1978 y enero de 1979, la fotógrafa conoció e ingresó al mundo de algunas de las mujeres en Falkland Road. Mujeres muy especiales, de acuerdo con los testimonios de Ellen Mark. 


Ella misma dice: 


«Falkland Road está bordeada de viejos edificios de madera. En la planta baja hay estructuras tipo jaula con chicas dentro de ellas. Encima de estas jaulas, los edificios se elevan de tres a cuatro pisos; y en cada ventana hay más chicas, peinándose, sentadas en grupos en los alféizares de las ventanas, haciendo señas a los clientes potenciales. Su edad varía desde las prostitutas de once años hasta las ex madams de sesenta y cinco años». 

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«Durante diez años intenté tomar fotografías en Falkland Road y cada vez me encontré con hostilidad y agresión. Las mujeres arrojaron basura y agua y me pellizcaron. Multitudes de hombres se congregarían a mi alrededor. Una vez un carterista tomó mi libreta de direcciones; otra vez fui golpeada en la cara por un borracho. Nunca logré tomar muy buenas fotografías».  


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«Algunas mujeres pensaron que estaba loca, pero otras se sorprendieron por mi interés y aceptación hacia ellas. Y lentamente, muy lentamente, comencé a hacer amigas. Las primeras fueron las prostitutas callejeras, porque son las más libres y las menos inhibidas. Es por eso que están en las calles y no dentro de un burdel: son demasiado independientes para aceptar las restricciones impuestas por una madame. Cuando encuentran un cliente, lo llevan a una jaula o a una cama en una habitación de burdel alquilada por una madame a cambio de la mitad de su tarifa. Algunas madams también les permiten lavarse y cambiarse dentro de su casa. Por la noche, estas prostitutas duermen en la calle con los mendigos. Dormir en la calle no es una vergüenza en India, muchas personas prefieren dormir afuera, pero el hecho de que estén completamente solas y no tener a nadie es la señal de su verdadera falta de vivienda». 


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«Los burdeles más elitistas en Falkland Road son las habitaciones interiores que se elevan por encima de las jaulas. No están en la misma clase que las casas numeradas en otras áreas, pero en esta calle son las mejores. Al principio, cuando los visité, me avergonzaba y me sentía como una intrusa. Cada vez que subía las escaleras, las mujeres salían corriendo de los pasillos hacia sus habitaciones y se escondían detrás de las cortinas, y una madame comenzaba a gritarme. Decidí concentrarme en una casa, con la esperanza de que las personas en ella se acostumbraran a mí». 


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«Cuando las niñas quedan embarazadas, depende de ellos si tienen el bebé o no. El aborto es legal en la India, y hay un abortista local que también es un médico que cambia de sexo». 


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«Para pasar la noche con una chica en particular, pagan desde treinta rupias en adelante. Los clientes comunes pagan cinco». 

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«El acceso al mundo explícito y personal de Falkland Road sería mucho más difícil hoy en día», dice la fotógrafa. Según su parecer, el mundo se ha conectado, sí, a través de Internet y todos estamos más conscientes del poder de los medios, pero hoy ninguna revista patrocinaría un proyecto como éste. Ellen Mark dice: «El mundo cotidiano y real, en su mayor parte, ya no se ve en las revistas. La única fotografía documental que vemos es de guerra, desastre y conflicto. La mayoría de todo lo demás ha sido reemplazado por la fotografía de moda y celebridades». Es entonces nuestra responsabilidad que publishers y lectores críticos no dejemos que estas visibilidades caigan; que nadie –especialmente nosotros– deje de actuar ante ellas y que no tengan que pasar 40 años más para desempolvar imágenes y darnos cuenta de que no cambiamos al mundo como alguna vez juramos. 


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Todas las fotografías le pertenecen a Mary Ellen Mark. Visita su página.


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Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Moda
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