Fotografías de Matt Mawson sobre cómo viven los pepenadores en México

La basura de unos es el tesoro de... bueno, en realidad sigue siendo basura, pero en manos de algunas personas el significado cambia completamente.


 

¿Qué pasa con los 438 kilos de basura que produces al año? Quienes no se atreven a ver más allá de su propia nariz, seguramente creen que todo termina en los tiraderos y que sus desechos estarán ahí por siglos hasta que "regresen" a la tierra. Otros, llevados por la locura de Wes Anderson y su Isla de perros, creen que todo se destina a barcas en el mar que llegan a islas como la de Thilafushi en la República de Maldivas. Lo cierto es que poco importa hacia dónde llega toda la basura que se produce en una sola ciudad, sino lo que ocurre cuando llega.

 





Entre los pabellones repletos de electrodomésticos rotos y bolsas de botana, un grupo de personas levanta un imperio de lo que, literalmente, una sociedad organizada y limpia considera desechos. Con las pieles tostadas por el sol y la ropa percudida por la basura que no les permite circular libremente, los pepenadores en los principales basureros de México encuentran dentro de bolsas y cajas algunas piezas que quizá no deberían estar en medio de tanta suciedad.





 

Alrededor del mundo hay coleccionistas que pagarían una fortuna por poner detrás de una vitrina lo que estos recolectores muestran con tanta naturalidad frente a la cámara de Matt Mawson. Desde billetes antiguos, hasta joyas extremadamente raras, algunas grabadas con nombres y fechas específicas, las fotografías que retratan a estos hombres y mujeres nos muestran una realidad que para muchos es desconocida. Porque, llevados por nuestros prejuicios, resulta ilógico que alguien pueda ser realmente feliz viviendo entre la basura.





 

No obstante de lo que todo mundo piensa desde un departamento o un piso rentado en medio de la ciudad, la verdadera joya de los basureros no es lo que por casualidad cae en las manos de los pepenadores, sino lo que logran encontrar en otras personas que al igual que ellos buscan entre la basura del mundo una esperanza de que éste reconozca su importante labor y les otorgue un pequeño lugar dentro de las grandes ciudades que, junto con la basura que desechan, parecen haberlos enviado a una marginalidad que tuvieron que aceptar.






Si bien esa marginalidad puede ser dolorosa y extremadamente triste, las imágenes tomadas por Mawson reflejan una realidad distinta; la de las horas de descanso y las charlas interminables. Sobre un bote, una llanta o cualquier superficie, estos ciudadanos anónimos emprenden la que quizá sea la búsqueda más agotadora de toda su jornada: aquella que persigue el descanso de un mundo que los ahorca a cada paso que dan, pero los deja respirar de vez en cuando para darse cuenta de que a pesar del desolador paisaje que los rodea siempre cuentan con el apoyo de una familia que sobrevive a la par que ellos.






Al final, la miseria apenas se puede sentir en sus corazones. Para ellos no importa si más adelante existe "una tierra prometida", pues por fin se han percatado de que todas las promesas que existen allá, terminan en enormes bolsas de basura que son tumbadas ante los pies de cientos de pepenadores que se ganan la vida en donde otros vieron sólo deshechos.


Referencias: