14 fotografías de Skanda Gautam sobre cómo es la vida de las niñas diosas en Nepal
Fotografía

14 fotografías de Skanda Gautam sobre cómo es la vida de las niñas diosas en Nepal

Avatar of Diego Cera

Por: Diego Cera

9 de junio, 2018

Fotografía 14 fotografías de Skanda Gautam sobre cómo es la vida de las niñas diosas en Nepal
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Por: Diego Cera

9 de junio, 2018

El sueño de convertirse en princesas es algo que habita en el corazón de miles de niñas alrededor del mundo, aunque la realidad puede ser más dolorosa de lo que ellas creen.


Tu televisión, tu papá, tus juguetes y tus fiestas de cumpleaños comenzaron a construir un sueño que al parecer compartiste con millones de niñas alrededor del mundo: ser una princesa. Todo lo que rodea a estos personajes que hoy parecen más un mito que una realidad te parecía ─o quizá lo sigue haciendo─ algo mágico y bastante atractivo; sobre todo porque parecía que una vez alcanzando dicho título sus problemas quedarían resueltos al cien por ciento. Aunque la verdad puede ser mucho más oscura de lo que piensas.


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Más allá de los vestidos brillantes y el aparente glamour que caracteriza a la realeza, la princesas se ven obligadas a mantenerse aisladas del resto del mundo a cambio de cumplir un sueño que ni siquiera les corresponde. Sin embargo la cosa no para ahí, porque a comparación de lo que ocurre con algunas niñas en Nepal tu sueño de ser una princesa es probablemente un chiste inocente, pues en este país las niñas tienen la posibilidad de convertirse en diosas.


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De acuerdo con las creencias de hinduistas y budistas nepalíes, la divinidad de estas niñas proviene de la diosa Taleju quien posee el cuerpo de las niñas vírgenes desde una edad muy temprana. Sin embargo, no cualquiera tiene el "privilegio" del albergar en su cuerpo a esta deidad; pues para que dicha posesión ocurra las niñas tienen que pasar un riguroso examen para demostrar que su cuerpo es un templo digno para la entrada de Taleju.


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En primer lugar, las candidatas no pueden presentar ninguna clase de cicatriz sobre su piel; esto quiere decir que las raspaduras de codos o rodillas ─tan naturales en la infancia─ no pueden existir ni siquiera como un error. Además tienen que cumplir con muchos otros rasgos propios de los animales que los nepalíes consideran sagrados: piernas de ciervo y voz afinada como la de un pato. En un plano más espiritual, tanto budistas como hinduistas se reúnen para determinar si las niñas cumplen con los 32 lachhins ─como los que reunía Buda.


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Una vez que han adquirido el título de Kumari, la vida de estas niñas comienza a ser mucho más complicada, pues se ven obligadas a permanecer inmóviles frente a sus "fieles" quienes esperar ser bendecidos por el espíritu de Tajelu. Sin poder hablar o tocar el suelo con sus pies, las pequeñas diosas tienen a su merced a un grupo muy selecto de personas que son las únicas que tienen derecho a hablar y comer con ellas.


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Tras una vida de divinidad y cansancio que incluso las organizaciones internacionales de derechos humanos se han preocupado por erradicar, las pequeñas Kumaris tienen que abandonar sus rojos atuendos pues alrededor de los quince años, la diosa que los poseía decide salir de sus cuerpo dejando constancia de ello a través de la menstruación. Cuando llega ese momento todo mundo sabe que es hora de que la diosa regrese a una vida de la que nunca ha sido parte; esa a donde lo único que puede aspirar es a ser princesa en un país que ahora sólo existe en sus sueños.


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Las fotografías pertenecen a Skanda Gautam, si quieres ver más de su trabajo puedes seguirlo en Behance.



Referencias: