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27 fotografías de Ohm Phanphiroj que reflejan la soledad y tristeza de los niños que son obligados a prostituirse en Tailandia

29 de marzo de 2018

Diana Garrido

En México existe una ley que juzga con mano dura a todos los que delinquen en contra de los niños. Esto no sucede en Tailandia.



Las leyes que protegen a los niños y jóvenes varían según el lugar del mundo en el que se encuentren. En algunos son la prioridad de su país, como en Finlandia, lugar en el que se les estudia para analizar sus necesidades y saber qué servicios se les debe brindar. En Japón, los pequeños están "programados" para realizar muchas actividades a la vez, desde prácticas deportivas hasta talleres de lectura, pero existe un país en el que, por desgracia, los pequeños, su integridad y sus derechos son pisoteados con severidad cada día que pasa.





Se estima que en Tailandia hay 67.4 millones de habitantes, de los cuales el 19 % son menores de 14 años. La mayoría pertenece a familias económicamente inestables que sobreviven con lo mínimo, por lo que son muy pocos los que tienen acceso a una educación de calidad o atención médica constante, incluso, muchos no son alimentados por su madre durante la lactancia por no ser lo suficientemente sanas como para poder darle al niño una buena calidad de vida desde bebé.





A pesar de ello, Tailandia va a la alza gracias a su ingreso turístico, consiguiendo que en la actualidad, sólo el 10 % de la población se encuentre bajo el umbral de la pobreza extrema, pero esto no quiere decir que las familias logren sostenerse de manera adecuada. Es por ello que muchos niños tienen que trabajar desde muy pequeños para apoyar y conseguir una mejor forma de vivir, pero los empleos no son los más amigables. No pueden comerciar algo o ayudar con quehaceres simples para conseguir una propina. Ellos incursionan en la economía a través del turismo, que, como mencionamos con anterioridad, es una de las razones principales para que Tailandia deje la pobreza poco a poco.





Pero no lo hacen de forma legal o ayudando a las empresas dedicadas a este rubro, sino que son obligados a prostituirse por altos costos. Su "lugar de trabajo" se reparte entre burdeles, calles o bares de mala muerte donde son comprados y alquilados por personas procedentes de otros países, quienes pagan a las familias o a los padrotes grandes sumas de dinero para que los pequeños puedan acudir con ellos por —al menos— una noche y sean víctimas de abusos sexuales y físicos, principalmente.





Pero esto no es un problema nuevo. De hecho, Tailandia es uno de los países con más altos índices de turismo sexual. A pesar de no ser legal, los establecimientos dedicados a dicho servicio no son castigados, ni siquiera por tener niños en sus filas. Pero en este rubro también hay una diferencia abismal de género y, en este caso, son los varones quienes corren más riesgo de ser reclutados y solicitados por los compradores de sexo. Es por ello que Ohm Phanphiroj, fotógrafo y cineasta ha documentado la situación de los jóvenes frente a semejante malestar tan cotidiano en el país asiático.





Las estadísticas aseguran que existen 800 mil personas que prestan sus servicios sexuales y que generan cerca de 4 mil 300 millones de dólares por año, dato que llamó la atención al fotógrafo, quien se cuestionaba constantemente si las autoridades estaban enteradas de esto y si era así, ¿por qué lo permitían? Así que con cámara en mano llegó a Tailandia para retratar a cada uno de los niños que sufren día con día los riesgos del sexo. Su objetivo era mostrar a través de fotos sencillas la mente de los niños de manera cruda y lo más transparente posible.





Así descubrió que las razones por la que los pequeños terminan envueltos en este problema son varias. Muchas de ellas derivan de una vida familiar muy pobre y otras de un núcleo completamente desolado, como la drogadicción, el maltrato y los abusos de diversa índole hacia su integridad. Por ello, realizó el proyecto titulado Underage, mismo que pretendía mostrar a cada chico con su historia, pero sin decir nada, sólo con la expresión más genuina, la cual resulta ser una de las más puras y transparentes ante lo que les incomoda y les causa temor.





A pesar de ser menores entienden la diferencia entre preferencias sexuales, por lo que la mayoría se identifica como heterosexual, aunque a decir verdad, su experiencia con mujeres es casi nula. Así que la mayoría desarrolla un rechazo hacia los hombres y al sexo. Así, con eso en mente, fue mucho mejor planeado que cada una de las personas retratadas soltaran un poco de su carga emocional frente al lente de un fotógrafo cuya misión en la vida era mostrar cada una de las caras de la prostitución. Pero no lo hizo para causar lástima en sus espectadores, tampoco para provocar cierto dolor o incomodidad, sino para que estos niños sean escuchados o al menos vistos y que seamos capaces de entender que la sociedad está matando a sus miembros de la manera más absurda: dañándolos.





Ellos viven solos, se educan a sí mismos y lo único que desean es madurar de forma convencional, crecer, comer bien, tener acceso a un sistema de salud y no prestar su cuerpo a personas indeseables aunque eso les reditúe dólares. Para Phanphiroj era de suma importancia mostrar la cara sucia y perversa de Tailandia y su forma de hacer negocio a costa de la vida de cientos de niños cuya verdadera y triste existencia se centra en el placer ajeno. Por ello, ver esta serie es entender la cruel relación entre la corrupción, el sexo, el hambre, la inocencia y la falta de oportunidades, sin contar la cruel y triste necesidad de afecto de cada una de las víctimas.





Si quieres saber mas del trabajo de Ohm Phanphiroj no dudes en consultar su sitio web, donde hallarás ésta y otras series fotográficas tan crudas que te harán ver el mundo de forma más crítica.


TAGS: Fotoperiodismo fotografía documental serie fotográfica
REFERENCIAS: Magnet El Comercio Humanium

Diana Garrido


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