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La vida de una stripper en 12 fotografías de Rachel Lena Esterline

30 de abril de 2018

Eduardo Limón

No todo lo que te imaginaste de una nudista es verdad. Hay mucho que se esconde, y es nuestra total responsabilidad no verlo.



¿Cuántos adjetivos conocemos y adjudicamos a las mujeres que desempeñan alguna labor o prestación de servicios sexuales? 

De entre todos ellos, la tensión entre dos extremos que van del cuerpo sin valor y menospreciado, al de una persona con intereses, aficiones, preocupaciones, sentimientos e ideas, es el camino para que forjemos un entendimiento mucho más complejo y profundo de la prostitución o el striptease. Ni todo es negro ni todo es blanco. 



Los contrastes que hoy vemos en torno a la prostitución o al show nudista –justo como el que provoca en el título de este texto– se dan porque somos incapaces de mirar más allá de los actos en sí; como si los actos citados también fuesen la cosa más animal y deplorable del mundo.  



Jacqueline Frances, también conocida como Jacq "The Stripper", es una artista multifacética en todo su esplendor. ¿Obscena? No necesariamente, pero si tomamos en cuenta que hay mucha gente a la cual le ofende el carácter sexual de la vida o no entiende cómo es que el sexo ya es parte de todo un establishment, quizá sí. Pero entonces no tendría nada de ofensivo llamarla una dama de la obscenidad. De hecho, más nos valdría fomentar y enaltecer a mujeres así de seguras y llenas de poder. 



¿Dulce? Por supuesto. Jacq es una mujer que ríe, piensa, se ilusiona, se emociona y es proclive a las felicidades de esta tierra. Las fotografías de Rachel Lena Esterline lo demuestran. Una mirada íntima y peculiar hacia el universo de una rubia que se desnuda por dinero y que reconoce su cuerpo como un deseo explotable, pero que también ha hallado la forma de criticar al sistema en que se desempeña y, a la par, destacarse como esa ilustradora y performer cuasi activista. 



Las imágenes de Rachel Lena Esterline con el personaje de Jacq The Stripper como protagonista nos permiten así reflexionar en algunos puntos que, con esa lujuriosa y a la vez tierna presencia de Jacqueline, probablemente poco hemos repasado. 



La mayoría de los trabajos a los que pueden acceder las mujeres de la clase trabajadora surgen de una necesidad; la necesidad de conseguir una remuneración económica y mejorar su calidad de vida. Si se piensa que el trabajo nudista o sexual no puede ser reconocido como trabajo porque se llega por una necesidad, y que por eso hay que abolirlo, entonces ¿habrá que abolir el sistema? ¿Todos menos las prostitutas y strippers eligieron qué trabajo hacer sin condicionamiento alguno por el capitalismo? 



Las feministas abolicionistas dicen que hay un abuso de poder del cliente hacia las trabajadoras sexuales y nudistas. Ellas, por su parte, defienden que hay una negociación entre dos, en la que siempre quien tiene la última palabra es la trabajadora. ¿Quienes intentan defenderlas con estos argumentos ponen a la stripper o a la prostituta en el lugar de mujeres tontas, que no saben decidir qué precio ponerle a su sexualidad y que el hombre les hace lo que quiere? Obviamente hay situaciones de violencia que están ahí y se denuncian, pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución y el striptease como violencia hacia los cuerpos, para las trabajadoras la violencia que sufren viene por parte del Estado, ¿no? 



Quienes se manifiestan en contra del striptease y son incapaces de hallar en estas fotografías, por ejemplo, las otras caras contextuales de estos oficios o los verdaderos líos de su desempeño, ¿acaso desconocen la realidad de las prostitutas (así como muchas otras situaciones por las que pasan las mujeres) y tienen cierta tendencia a hablar de generalidades sin escuchar a quienes están viviendo esas situaciones? Definitivamente. 



Hemos generado tal consideración de la sexualidad como algo “sagrado”, como algo que compromete más que cualquier otro tipo de actividad, que vemos el trabajo de una prostituta o una stripper como una acción denigrante.  



Asimismo, la idea de las nudistas como “víctimas” por excelencia ha hecho que las veamos con misericordia, lástima y pobreza. Una violencia sistemática más fuerte aún.  


De tal manera, el juicio de que esta actividad comporta indignidad: valoración moral de quienes las ejercen y preguntas tan vacías como «¿por qué se sigue dedicando a eso? Cuestionamientos que, de hecho, hacen sentir más juzgadas y vulnerables a quienes tienen dichos oficios. 


Socialmente, se ha esperado por largos años que las mujeres sean las controladoras de su deseo y del deseo sexual masculino, que sean recatadas sexualmente, no promiscuas, y otro sinfín de ataduras más que sugieran o dirijan a una sexualidad mucho menos explícita que la de los hombres. Si se cumple con este mandato, a tales mujeres se les considera “buenas”. Si, por el contrario, exigen su derecho a auto-determinarse sexualmente, a hacer con su sexualidad lo que les plazca, sin someterse a lo que se espera de ellas, son “malas". Y eso es justamente lo que encanta de estas fotografías... ¿Jacq es buena, es mala, es dulce, es promiscua y obscena...? ¿Qué es? 



Las putas y las strippers aparecen y representan a las “otras” en nuestro imaginario. Las que no son buenas, las que condensan en sí todo lo prohibido para las “buenas”. Las nudistas son “malas mujeres” porque: son “sexuales”, manifiestan la sexualidad abiertamente e incitan a los hombres, son independientes económicamente —cobran por lo que hacen y son ellas las que ponen el precio—, pueden tener capacidad de negociar tanto el tipo de servicio como el precio y son transgresoras. Rechazan las normas habidas.  


¿Qué es lo que se castiga o ve mal de las strippers? Que cobren por ello. Se supone que las mujeres están siempre dispuestas y “encantadas” cuando un hombre las reclama sexualmente, con lo cual, en el disfrute está la recompensa. No se tolera que la recompensa sea abiertamente económica. Más cuando esta recompensa económica no es como favor por parte de los hombres, sino algo fijado de antemano por la prostituta.  



El llamado pecado de Jacq o de cualquier otra nudista y por el cual puede seguir siendo vilipendiada es dictar: «Si quieres ver mi cuerpo desnudo, si quieres un privado, si quieres tocar, paga». Eso y que habemos todavía muchos hombres y mujeres que pensamos en esa transacción como algo malo, denigrante y contranatural. 


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Todas las fotografías pertenecen a Esterline y puedes verlas en su sitio oficial.


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TAGS: Sexualidad fotografía documental fotografía erótica
REFERENCIAS: La transgresión del género Infobae

Eduardo Limón


Editor de Moda

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