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15 fotografías de Raffaele Petralla de cómo se vive la homosexualidad en Bangladesh

6 de marzo de 2018

Diana Garrido

Si eres homosexual, en Daca te asesinan con machetes.



No es una broma.


El 26 de abril de 2016, dos activistas homosexuales visitaron la ciudad de Daca en Bangladesh con el único fin de ayudar a la comunidad de esa región. Sin embargo, su intento resultó fallido luego de que los asesinaran violentamente con un par de machetes. Ésta no es la única forma de ser violentados (como si hicieran falta más atentados), pero sí fue una de las más crueles.



La justificación de los agresores fue que ellos no aceptaban a "desviados" en su comunidad, o como llaman a los travestis: hijras. Estos últimos y los homosexuales que no se visten de mujeres, junto a un grupo de hombres y mujeres buscaron la igualdad y ciertos derechos básicos como una mejor educación, salud de calidad, un hogar digno y el derecho a ser tratados con respeto. Sin embargo, este tercer sexo —como también se denominan— no goza al cien por ciento sus peticiones. Desafortunadamente, son víctimas de discriminación y de desaires en público que los han orillado a situaciones extremas.




En la calles les gritan adjetivos ofensivos, los tratan como si fuesen anormales y los hacen llorar a cada palabra. Este par de activistas no fue la única pareja que fue agredida de alguna manera; el resto de la comunidad también ha sido relegada de modo que se han visto en la obligación —más por supervivencia que por gusto— de mantenerse recluidos en comunidades en las que se tienen que proteger de forma física y mental ante los diferentes tipos de violencia que deben enfrentar día con día.



El fotógrafo italiano Rafaele Petralla vio desde lejos cada uno de los momentos discriminatorios y, como era de esperarse, se indignó ante el maltrato que se les da en dicho lugar. Pero a diferencia de muchos otros activistas, se enfundó en su papel de fotoperiodista y llegó a Daca con cámara en mano para retratar los atropellos en contra de la comunidad homosexual, aunque sabía que eso podía costarle más de lo que estaba dispuesto a dar. De este modo, llegó a la comunidad para descubrir los tantos abusos que estaban causando estragos en ellos y si había manera de solucionarlo.




Aun con ello, quizá por la constante guerra a la que se tienen que enfrentar, han adoptado algunas de las agresiones como propias y más que normalizarlas, las reproducen. Es decir, una vez aislados por los tratos discriminatorios en su contra, ellos mismos se han creado sus propias reglas en las que tanto hijras como homosexuales no conviven plenamente como se esperaría.



Dentro de esos grupos existen jerarquías y reglas que poco a poco han ido en incremento y se hacen más notorias. Por lo consiguiente, la convivencia entre homosexuales e hijras se ve forzada, ya que mientras los homosexuales aseguran que no debe haber un cambio total para ser feliz, los demás tienen el deseo de verse físicamente como mujeres, por lo que se travisten y usan maquillaje, tacones o atuendos femeninos. Ambos grupos luchan entre sí por tener el control de su pequeña comunidad, pero existe un "gurú" o líder que decide quién entra o no al grupo.




Si alguien le parece adecuado, pero no lo suficientemente fuerte como para sobrevivir en una ciudad tan poco tolerante, lo acepta, pero al entrar son sometidos a más humillación debido a que se cree que de esta manera puede hacerlo un poco más fuerte de carácter. Lo cierto es que los nuevos —por lo general asustados y poco experimentados— se ven obligados a mendigar y a prostituirse con tal de conseguir alimento, un techo y la aceptación del grupo.



Petralla, consciente de la mala calidad de vida que llevan aun dentro de sus grupos, se aventuró a capturar cada una de sus historias con un lente, la luz y su ojo. Descubrió entonces que, a pesar de todo, cada uno de ellos se siente importante y se sabe de gran valía para su comunidad y, a decir verdad, lo son. Sin importar la distinción y las reglas internas, cada uno de ellos tiene un papel, además, cada ingreso que generan es únicamente para mejorar su nivel de vida.




Los asesinatos a los homosexuales son castigados con algunos años en prisión, pero para los más conservadores, esto es un acto de traición a su propia religión y creencias, ya que, según una antigua tradición hindú del Ramayana, algunos de ellos deben visitar a los niños cuando nacen, puesto que a través de un ritual compuesto de canciones y bailes bendicen con buenos augurios y deseos al pequeño. Aunque para el fotógrafo es también un acto de discriminación y estereotipos, admite que es una forma de aceptarlos en la sociedad y evitar los violentos asesinatos que han ido en aumento los últimos años en todo el mundo.



Hasta 2015 se registraron, al menos en México, 310 mil asesinatos por homofobia, ocupando así el segundo lugar en el mundo, mientras que Brasil tiene el primer puesto. Esto no quiere decir que en Bangladesh sean más tolerantes, más bien, su propia organización está mejor pensada y se resguardan entre ellos para evitar la muerte por machetes o cualquier otra herramienta, aunque la vida en su pequeño grupo sea otro martirio.




Los homosexuales e hijras viven sus días de la mejor manera posible. Se maquillan, conviven con el vecino, se enamoran, juegan y se divierten, o eso intentan; mientras esperan que la justicia haga su trabajo y valide realmente sus derechos por los cuales lucharon incansablemente y que, desafortunadamente, causaron la muerte de aquellos dos activistas y de muchos otros que en su quehacer filantrópico se han dedicado a entregar hasta su vida con tal de ver feliz a su comunidad. Esto lo celebra Raffaele Petralla, quien con sus capturas de la vida diaria refleja el rechazo de los "normales" a la homosexualidad, pero también el triunfo, dignidad y orgullo que mantiene cada uno de los pertenecientes en esta localidad en Bangladesh.


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Conoce más del trabajo de Raffaele Petralla en su sitio web, quien con esta serie llamada Hidden Queens of Dhaka y otras similares ha logrado aparecer en revistas como LIFE, National Geographic y The New Yorker, entre otras.


TAGS: Fotoperiodismo fotografía documental homosexuales
REFERENCIAS: Sipse PH Museum

Diana Garrido


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