17 fotografías sobre el hombre marginal de Stacy Kranitz

Jueves, 1 de febrero de 2018 17:04

|Eduardo Limón

Estas imágenes no muestran a los de abajo como siempre lo has esperado. No hay juicios, no hay lástima, sólo documentación del vivir sin un futuro certero.

Levantar los brazos y mostrar nuestros pelos sin pudor. Andar por la calle con el pecho descubierto, escupir al suelo, soltar un golpe a quien nos ofenda, molestar a quien luzca desprotegido. Hacer lo que sea necesario para conseguir a una chica, que esa misma mujer sea olvidada o vulnerada por nuestras intenciones sexuales y un gran, gran etcétera. A los hombres nos han educado –y fomentamos esa misma formación– para no sentir pena ni temor de pisar esta tierra. Para ser causa y motivo, en realidad, de ese temor y de esa violencia que al parecer hace funcionar al mundo como lo conocemos.


Pero esos actos y esas medidas, ¿pueden ser malinterpretadas? ¿Sus agentes son estigmatizados sin razón? ¿Hasta qué punto son ellos en su individualidad culpables de tal ejercicio? ¿Los hombres somos de hecho demonios por naturaleza viril?


El trabajo fotográfico de Stacy Kranitz, artista que creció en el corazón de los Apalaches –una franja de montañas en gran parte rural que va de Nueva York a Alabama–, da cuenta visual y problemática alrededor de los orígenes, discusiones y consecuencia de esos estereotipos del joven hombre y sus desempeños.



Las imágenes con que nos provee Kranitz no toman esas figuras ni esos arquetipos para hacer una apología de ellos, mucho menos para construir una denuncia a su alrededor. Tampoco es la intención de estas líneas hacer de estos personajes unos mártires; en cambio, sí es menester de este análisis se dibujen nuevos puntos de arranque para la discusión sobre el vínculo horror-varón, acerca de la conexión violencia-masculinidad.




«Fui buscando manifestaciones de la violencia que funcionaran como catarsis. Al desarrollar estos comportamientos frente a la cámara, los participantes implican al fotógrafo y al espectador como consumidores de esa violencia también». –SK



La producción fotográfica de Kranitz documenta su relación con las personas y los lugares retratados a medida que viaja y vive entre esas sociedades que mejor ejemplifican el fenómeno del chico perdido. Sus tomas posibilitan una mirada distinta a ese adolescente sujeto que, siempre en una situación de marginalidad y outsider, busca la manera de pertenecer a un todo, resultando esa vía la más dañina y gore posible.




«Ésta es la parte en que mi trabajo es de lo más cómodo, no como una documentación sino como una exploración sobre los límites éticos de representación y la subversión de los roles del fotógrafo». –SK




Sucias, deplorables, crudas y asquerosas. De muchas formas se puede llamar a estas imágenes que capturan cómo es vivir en un barrio marginal; a estos registros que, en realidad, son demostración fiel de cómo es habitar distintos tipos de alteridad, lateralidad, invisibilidad, presión social, imposición cultural y menoscabo personal.





«Las fotos devienen un archivo inmanejable».



Estas imágenes pertenecen a su serie From the Study on Post-Pubescent Manhood, colección repleta de chicos dándolo todo, rompiendo su rostro, estrujando sus músculos, buscando una solución para su existencia, deseando un propósito para respirar. Prendiendo fuego al mundo, bebiendo y fumando lo poco que queda de esperanzas, dando un statement de anarquía y presunta autodefinición.







Stacy Kranitz ha dicho durante alguna entrevista: «Creo que si tengo suficiente evidencia de que la violencia puede funcionar como una liberación emocional, puedo validar un comportamiento que a primera vista puede parecer impropio». Y recordemos que, como se ha dicho antes, esa validez no está ligada del todo a su verdad. A su necesidad. Esto sólo es la reflexión de las premisas que posibilitan la conclusión violenta.


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Para conocer el trabajo completo de Kranitz ve a su sitio oficial.


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Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Fotografía y Moda
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