Unai Mateo: el fotógrafo que logra despertar los silencios más escondidos de tu interior

Jueves, 21 de diciembre de 2017 15:19

|Andrea Fischer

Unai Mateo captura imágenes para mostrarnos los detalles que lo rodean, y su cámara silenciosa se convierte en una compañera.


Reflejos de la ciudad en los escaparates de las tiendas, charcos que funcionan como espejos invertidos de lo que sucede en la superficie del pavimento, el caminar agitado de los transeúntes anónimos de las calles europeas: todas estas son imágenes del silencio citadino, según Unai Mateo. Hay algo de los sonidos de la cotidianidad que se anula en el instante que captura con su mirada fotográfica. La carrera de la sangre por las venas que se traslucen en los brazos, en la luz que se filtra suavemente a través de una ventana invernal, en el desafío a la gravedad que hace la ropa al tenderse sobre una cuerda para secarse: pareciera que todas estas migajas de realidad se congelan en un instante neutro de ruido, en el que buscan algo más allá de su acontecer tangible. Todo a través del silencio inherente a la imagen.



Unai Mateo toma fotografías para decir cosas. Nacido en Bilbao, estudió cine en la facultad de su ciudad de origen, y muy pronto se mudó a Madrid para acumular instantes de una realidad bulliciosa; sin embargo, esta búsqueda estética por el silencio de las cosas no empezó en la capital española. La expresión visual siempre lo atrajo y la inocencia infantil de garabatear sobre hojas de papel en blanco se tradujo en la apreciación de las imágenes en movimiento, que pueden aprehenderse en un instante fotográfico. Después de la universidad, formalizó el camino recorrido: ya no hubo necesidad de crear una brecha entre la retina y la lente, a partir de entonces pareciera que las escenas de la ciudad se reverberan en las paletas tristes de sus fotografías.



Hay cierto matiz instintivo en el discurrir artístico de Unai Mateo: es cierto que existe una clara formación profesional en su propuesta, es inevitable notar esa sensibilidad a los estímulos del exterior. En su selección de imagen la lluvia parece acanalar suavemente las superficies cristalinas de las ventanas, y el palpitar de las sábanas removidas a la mañana siguiente transmite aún esa calidez que queda una vez que el cuerpo se ha levantado. Es por esto que para él no existe una única línea creativa: logra captar los recovecos más exquisitos de la piel, así como el tacto adusto del pavimento citadino; las sombras naturales que genera el cuerpo parecen gotear —casi espasmódicamente— la respiración pausada del alma que descansa detrás de las miradas en sus retratos. La temática es la misma, pero se expresa en diferentes tonalidades, en estratos distintos, en imágenes alternativas de la experiencia de la realidad y de los silencios que de ésta se desprenden.



De la misma manera en la que el tacto se favorece en su propuesta artística —en la piel, en la luz, en los elementos cenicientos de la calle—, en ella se resalta el uso de un azul que invita al trace contemplativo. Está en la soledad de las telas que se pandean sobre los muebles de la casa, en la mirada acristalada de sus modelos, en los ángulos suaves de la cama sin tender: pareciera que de estos momentos de recogimiento se irradiara el tono, y en esta tristeza meditativa, del azul, se desprendiera el silencio. El diálogo con el recogimiento del momento del disparo hace que las fotografías hablen por sí mismas y cuenten la historia que muestran sin tener que pronunciar palabra.




Es entonces que la obra fotográfica de Unai Mateo cobra un estrato casi psicoanalítico. Se trata de un revenir a la experiencia de la vigilia a través del análisis inconsciente que se hace de ella. La suya es una obra de instintos, del sentir más básico y más genuino: aquel de vivir de la realidad con asombro y sin decir nada. De nuevo, todo se reduce al momento del disparo de la cámara:


"Ya que cada vez que tomo una fotografía contengo la respiración y me sumo en un silencio absoluto hasta que disparo la cámara, así que logro volver a relajar todos los músculos de mi cuerpo. Creo que eso puede verse en la imagen final. La práctica fotográfica es para mí una experiencia física y a la vez que emocional. Un camino hacia mi inconsciente a través de mis instintos". (Mateo, 2017)


Es evidente que el cuerpo juega un papel importante en la manera en la que el fotógrafo se involucra con el proceso creativo. No a la manera Pollock, en Nueva York, que se paraba encima del lienzo a tirar pintura sobre el suelo, sino en un grado más sutil, y no por esto menos comprometido: pareciera que ese instante en el que se suspende la respiración le da, en cambio, el aliento de vida a las fotografías que produce, y es así como les permite narrar y transmitir sin hacer uso del lenguaje.



Reside en Londres. Ha expuesto en diversos espacios dedicados al arte y actualiza sus redes sociales con contenido nuevo todos los días. Unai Mateo inunda sus imágenes con un sopor cálido que deja ver los estratos más oscuros y más lumínicos del carácter humano —con todos sus matices, todas sus luces, todos sus niveles de abstracción sensible—: encuentra en el contingente del eterno presente un espacio para dar un paso atrás y observarlo con detenimiento, en ese silencio conciliador que esconden todas las cosas, pero que hay que descubrir con el instinto. Lo que diga la imagen llega casi por añadidura: es la experiencia estética la que habla por sí misma. 



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Otro artista que también le gusta exponer lo que habita dentro de nosotros es Mec Paz, por eso, conoce sus pinturas con las que explorarás lo más profundo de tu inconsciente.



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Para conocer más del trabajo de Unai Mateo, visita sus redes:

http://www.unaimateo.com/

@unaimateo


Andrea Fischer

Andrea Fischer


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