14 fotografías del lado oscuro del Mundial que los fanáticos se niegan a ver
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14 fotografías del lado oscuro del Mundial que los fanáticos se niegan a ver

Avatar of Alejandro I. López

Por: Alejandro I. López

14 de junio, 2018

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14 de junio, 2018

Un Mundial no es sólo alegría, ni –como decía el torpe lema de México 86– ver al mundo unido por un balón. Discriminación, explotación, prostitución y trata, gasto público destinado a elefantes blancos y una limpieza de las calles a costa de los menos favorecidos son sólo algunos de los problemas que edición tras edición enfrentan las sedes mundialistas.



Cada cuatro años, un puñado de países se disputan el honor de convertirse en sede del evento deportivo más importante del globo después de los Juegos Olímpicos. Las naciones que creen estar listas presentan minuciosamente sus candidaturas a la FIFA para convertirse en la capital del planeta durante un mes.


En 2007, la FIFA anunció que el Mundial debía volver a Sudamérica, donde hacía 30 años que no se disputaba la máxima justa balompédica. En ese entonces, Brasil era el representante más adelantado del capitalismo de estado en América Latina: el país amazónico experimentaba un crecimiento acelerado sin precedentes, que se tradujo en el crecimiento del ingreso medio y tanto el gobierno como la opinión pública coincidió en un tema. Brasil estaba listo para recibir eventos de talla internacional y se hicieron de la sede del Mundial 2014.


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El evento se trataba de la presentación oficial de Brasil como país de primer mundo, una nación próspera que a pesar de los días oscuros de la dictadura y un pasado de esclavitud, abría sus puertas a la modernidad como sede de la vigésima edición de la Copa Mundial de la FIFA. Sin embargo, la situación política y económica estuvo lejos de ser sólo samba y fiesta.


Las jornadas de protestas enmarcaron el evento previo, la Copa Confederaciones de la FIFA que sirve de ensayo para el país anfitrión. El aumento al costo del transporte público y la noticia de que millones del gasto público serían destinados a infraestructura para el evento provocó una ola de protestas que arreció aún con más fuerza cuando se dio a conocer la situación que ocurría en los barrios más bajos de Brasil, las favelas.


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Más de 40 mil personas fueron desalojadas solamente de las favelas de Río en un intento por “embellecer” la ciudad y preparar las 12 sedes para la llegada de millones de turistas y convertirse en el epicentro mundial por unos 30 días. Se trata de la cara oculta que dio el revés definitivo al discurso del primer mundo y sacó a la luz algunos de los problemas más graves que trae consigo la organización de un mundial; especialmente las deudas impagables a corto plazo que se traducen en una situación insana de finanzas públicas y en malestar social.


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Un día antes del arranque de Rusia 2018, la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para albergar la Copa del Mundo de 2026 fue anunciada ganadora. Es cierto: México será la primera nación del mundo en ostentar el honor de ser 3 veces sede de un Mundial de futbol, pero una pregunta queda en el aire:


¿Cuál es el costo real de ser anfitrión de la Copa del Mundo?


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