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Fotografías sin censura del detrás de cámaras del cine porno de los 80

6 de abril de 2018

Eduardo Limón

Hay muchas suposiciones inmediatas, pero la pregunta sigue siendo: ¿por qué amamos tanto el porno de los 80?



Acaso por los vellos incontrolables en el pubis, quizás por las pésimas e increíbles historias que se seguían haciendo en la industria o por los cuerpos medianamente más humanos en los protagonistas. Hay muchas suposiciones inmediatas, pero la pregunta sigue siendo: ¿por qué amamos tanto el porno de los 80? 
 



Grandes cabelleras, bigotes poblados, los gemidos más irreales del universo, escenarios cada vez más improvisados (tirando al
amateur
) y un 
track
 de
jazz
fusión de fondo. Así, muchos aprendimos a masturbarnos, a fantasear en solitario –o en compañía– y a saber qué esperar o no del sexo; pero, ¿qué había detrás de todo eso?
 


La fotografía de Barbara Nitke puede arrojar algo de luz a esa pregunta. La artista comenzó su carrera tomando fotos en los
sets
de películas porno durante los años 80; no para promover la fachada extravagante de los grandes rodajes, sino para construir imágenes 
behind the scenes
 que mostraban un lado más crudo e íntimo del porno. Un actor bostezando entre tomas, una estrella tomando una siesta a mitad de una orgía o una charla amistosa 
postfilm
 son algunos de esos momentos atrapados por la fotógrafa.
 




Nitke dice al respecto: 
«
A lo largo de la década de 1980 filmé fotogramas de publicidad en sesiones
hardcore
de porno en la ciudad de Nueva York. Fue al final de la Edad de Oro de la Pornografía –la cual comenzó en los 70–, y pensé que ese mundo era el tema más emocionante, a la vez que aburrido, repulsivo y espléndido que podría fotografiar
»
.
 De tal manera inició su serie hoy titulada American Ecstasy.




 

De acuerdo con Nitke, en aquella época se filmaban películas de 35 mm y enormes cámaras de cine –algo inaudito en el negocio actual–, los 
shootings
 duraban de un par de días a un par de semanas, se contaba con un equipo de al menos veinte personas y el guión era un aspecto fundamental para la creación.
 




«Trabajamos entre doce y dieciocho horas por día, con salarios muy bajos y sin pago de horas extra –confiesa la fotógrafa–. El almuerzo consistió en un paquete de pan Wonder dispuesto en una mesa con un montón de embutidos en papel blanco sudoroso, seguido de una pizza para cenar ocho o diez horas después. Usualmente tomábamos fotos durante el verano y no podíamos usar aire acondicionado porque los micrófonos captaban el ruido». 
 




Este contexto deprimente y sucio se dio gracias a la aparición de las grabadoras de vídeo domésticas a finales de los años 70 y principios de los 80; la industria del cine para adultos experimentó un crecimiento tan grande por este desarrollo tecnológico, que incluso el auge del VHS frente al Sony Betamax debió mucho de sí al porno.
 




Durante 1982 –cuando esta colección fotográfica comenzó–, la mayoría de los directores se dio cuenta de que rodar en película había dejado de ser una opción rentable; entonces, trasladar las historias de las salas de cine a los hogares de la gente, dejar atrás las producciones de gran presupuesto y la pornografía de amplio espectro significó también un movimiento a historias más simples y resultados evidentemente 
low cost
 




De esta forma, Nitke desarrolló un ojo artístico en situaciones dispuestas para el confort sexual del público en casa, que además exigía cada vez más variedad en los catálogos, consumía más porno por menos dinero y que se abría a la posibilidad de grabar sus propias cintas amateur.
 




«Nos quejamos y nos quejamos de las condiciones de trabajo; pero al final, a la mayoría de nosotros no nos importó. Nos llenaron los sueños de nuestra gloria futura como artistas famosos, directores y productores, y por supuesto la emoción de nuestro estado actual de delincuentes. Éramos parte de un cuerpo de élite que filmó sexo en vivo para ganarse la vida, en toda su gloria natural y disfuncional. Fuimos geniales más allá de las palabras».
 




Las fotografías de Barbara Nitke son poderosas y románticas, son imágenes que muestran el lado más humano de personas que siempre fueron mal enjuiciadas o consideradas indecentes. 
 



Ser un desviado sexual como método de supervivencia. Ése es el retrato que Nitke logró y con el que hoy podemos trabajar.
 


*

Todas las imágenes pertenecen a Barbara Nitke. Visita su página oficial para ver más.


**

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TAGS: Pornografía fotografía de desnudo fotografía erótica
REFERENCIAS: VICE The Lost Lectures

Eduardo Limón


Editor de Moda

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