¿Por qué lo que ves en Instagram en realidad no es fotografía?

martes, 12 de septiembre de 2017 11:07

|Eduardo Limón


Edvard Munch, mientras se recuperaba de una depresión en Copenhague, durante 1908, se tomó una fotografía a sí mismo en un intento por mirarse como otros lo harían. En 1920 los fotógrafos de la Byron Company de Nueva York se hacen la primera selfie de grupo sin siquiera saber el nombre de su acto; décadas después, esa apertura o seducción del “tú” que parecían inaugurarse con el autorretrato, dibujan sus nuevas perspectivas y descubren sus brazos ejecutantes en una vastedad de egoísmo, afirmación y lenguaje complejo. Esto no es una denuncia, es simplemente una descripción.



Si se quisiera acusar, ya estaríamos siguiendo en estas palabras las fuertes conclusiones de Joan Fontcuberta, aclamado artista y profesor que asegura la muerte de la fotografía, así como el suceso rapaz de la “foto conversacional” o de la imagen sin sentido otro más que el de la desculturalización. Pero no es el caso. Al contrario. En esa supuesta transmutación de valores técnicos o artísticos que advierte Fontcuberta, en la significación de conceptos dentro de la fotografía digital que en tan negativo tono enjuicia el escritor y hombre de cámara, ¿todo lo que hay que decir sobre la selfie o la foto de bits es malo? Es más, las “quejas” de este ilustre personaje, ¿son quejas en realidad?



Pensemos también en los dictámenes tajantes de Sebastião Salgado. «Lo que usted ve en Instagram o en el móvil no es fotografía», dice el gran fotógrafo social brasileño. Sus motivos: la foto en redes es y será sustituida en el futuro por la imagen sin más, por un lenguaje visual al que no le interesa la calidad, el arte o la memoria. Según él, la foto es algo que se imprime y que se tiene para mirar, y con lo que hoy contamos es, sin complejidad, una pantalla.



¿Será cierto lo que dice? Al parecer, en un horizonte tan cuestionable como el de Fontcuberta, a Salgado le podemos poner en tela de duda cuando vemos a un artista que, además de instagrammer, es un profesional de la plástica o incluso del periodismo y el documental. Así como el barcelonés dice que la foto ha pasado de la memoria al grito de reafirmación, pareciera que el segundo se queja a la inversa y que desprecia el brinco de la creatividad ruidosa al del registro sin artisticidad.


En un satanizado contexto donde la apropiación, el reciclaje, la reinterpretación y el remix son los elementos primarios de su estructura, mismos que Fontcuberta y Salgado dicen que ya no producen obras, sino que prescriben sentidos y se dan en el glamur del mercado; ese es el punto desde el cual nosotros deberíamos seguir indagando, cuestionando sagazmente, sin aceptar sordamente las opiniones de los maestros.


¿La fotografía en Instagram carece de valores artísticos o del recuerdo?



¿Instagram, Facebook o Twitter –entre otras– no pueden considerarse redes de registro visual, y por ello, fotográfico?



Los gatos y los perros cachorro son importantes para alguien, asimismo las fiestas y los autorretratos entre amigos, ¿esto le resta relevancia a la foto que generamos a diario?



La democratización de la foto llegó con lo digital, la autorreferencialidad sólo fue un paso natural de este proceso, ¿y por ello decimos que nuestra fotografía no es fotografía? ¿Acaso no es esa afirmación incansable de las selfies, la experiencia última de nuestro reflejo en el hacer fotográfico?



¿Las quejas de Fontcubert y Salgado no se refieren, en realidad, a nuestra pobre educación para leer y generar imágenes? ¿No es necesaria una cultura visual más avanzada?



La fotografía siempre ha sido manipulada o mediada –si es que pretende cuestionar desde el uso de filtros o apps de manipulación–, y entonces, ¿debemos seguir entendiendo a ésta como documento que refleja realidad? ¿No hay nada de absurdo en seguir pensando que la fidelidad de una imagen radica en las propiedades físicas y no discursivas de su foto?



Asimismo, la fotografía artística se edita, arma y se hace de recursos que quiebran con la realidad, aunque se mantengan reales, ¿no es así?



Por último pensemos si todos esos discursos fotográficos que se abren a partir de lo digital utilizando medios electrónicos y nuevas estrategias de comunicación, en realidad no nos permiten llegar más allá de lo que alguna vez nos permitió la herramienta analógica. Credibilidad, relevancia, urgencia y arte adquieren nuevos rostros y metodologías, y eso no augura el fin de la fotografía, sino quizá, su persistencia. ¿Por qué lo que ves en Instagram en realidad no sería fotografía? Probablemente, por un malentendido.




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Descubre el papel de la fotografía en esta era dominada por pantallas en la instalación de Cultura Colectiva en Zona MACO FOTO y Salón del Anticuario del 20 al 24 de septiembre, con las obras de Sumie García, fotografías del tiempo que tardé en aprender a olvidarte.

Además podrás participar en una activación que te demuestra que Instagram puede ser el medio para los nuevos discursos visuales, sólo tienes que tomar una fotografía y subirla a Instagram con el hashtag #ccglitch y podría ser una de las seleccionadas para ser intervenidas y publicadas en la cuenta @culturacolectivafoto que te demostrará a partir de la fotografía que después de vivir esta experiencia glitch nunca volverás a ser el mismo.



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Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Fotografía y Moda

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