12 fotografías para entender la realidad que se vive en un baile grupero

Lunes, 6 de noviembre de 2017 16:16

|Carolina Romero
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Así es la vida de noche entre alcohol, amor y tragedias.

Ya esta cerrada con tres candados

Y remachada a la puerta negra

Porque tus padres están celosos

Y tienen miedo que yo te quiera

Han de pensar que estando encerrada

Vas a dejar pronto de quererme

Pero la puerta ni cien candados,

van a mi poder detenerme

Pero la puerta no es la culpable

Que tu por dentro estés llorando

Tu a mi me quieres y yo te quiero, la puerta negra

Sale sobrando.


—"La puerta negra", Los tigres del norte


Borracho o no, haz cantado esta canción alguna vez en tu vida. Te guste o no, eres parte de una identidad regional formada por fenómenos específicos que crecen y se reproducen por las condiciones sociales, económicas y hasta emocionales de determinado entorno.


La música grupera ha sido creadora de una identidad mexicana en ebullición continua; aquí los placeres y los dolores se entremezclan, perdiendo todos los límites racionales. El baile pegadito, los sombreros rancheros y los amores "mal pagados" logran una conjunción de dinámicas que conforman una identidad. La fotógrafa Eunice Adorno, autora de la serie fotográfica El baile del norte al sur nos ofrece una manera franca e íntima de observarla.


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«Este proyecto surge por la fascinación personal de retratar los bailes denominados “gruperos o norteños” que se llevan a cabo a las afueras del Distrito Federal y estados aledaños como Estado de México y Morelos».


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Esta manifestación cultural, reflexiona la fotógrafa, «es parte de un conjunto más amplio de fenómenos como la migración, la pobreza, el narcotráfico, lo rural, lo suburbano. Temas todos ellos ampliamente abordados desde diversas perspectivas y disciplinas». Las personas aquí retratadas, extraviadas dentro de un entorno a menudo de marginación, encuentran un lugar de encuentro y de disfrute.


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«Mi objetivo es encontrar en la música grupera una forma subjetiva de entender estos grandes temas. Para mi, lo grupero o las personas que pertenecen a ello interpretan la realidad y la asimilan de una forma que me interesa y me apasiona. Como ejemplos: en la identificación masiva y colectiva, en los interminables estilos al bailar, en las emociones al cantar, reinterpretan una realidad dura y desesperanzada». Es decir, se trata de una transformación —inconsciente, si se quiere— de la complicada situación con la que se enfrentan todos los días.


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Las fotografías no son un documento de juicio de valor: se presentan como registros lumínicos de una realidad presente. «En este trabajo visual propongo la reflexión de las identidades de nuestro país, una de ellas la identidad grupera o norteña. La cual se hace banal en las canciones, en la ropa, en el baile, en donde los grandes temas nacionales y transnacionales como la migración o el narcotráfico, toman con un carácter tragicómico. Como creadora me identifico con esta perspectiva transgresora».


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«En esta selección de imágenes muestro momentos, alrededor de las noches de bailes. Estás se prolongan durante horas y cada que transcurre el tiempo, las personas van teniendo una relación con el espacio y la música; se baila, se ama, se llega al exceso, se amontona y se abandona».


Entre humo de cigarro y los hedores propios que surgen de la mezcla del alcohol y el baile, estos sitios funcionan como una especie de escape. Es aquí donde la marginación vivida a diario pierde toda la fuerza: la reapropiación del territorio y el goce se hacen presentes.


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Al final, no es un fenómeno ajeno. No se trata de dinámicas, comportamientos y emociones alejadas al repertorio común de cualquier mexicano. A diferencia de otros sitios, cualquiera que se acerque aquí, es bien recibido. Las diferencias se eliminan, la ropa, el peinado, los zapatos y las cadenas —de oro o de chapa—dejan de ser visibles cuando todo el mundo se encuentra y reconoce dentro de la pista de baile, con una norteña llegadora de fondo.


Esta serie fotográfica es valiosa tanto en su contenido como en su forma; la composición visual es sumamente impactante, un juego de claroscuros acompaña a objetivos bien planeados, distancias y perspectivas que otorgan —de manera misteriosa— un áurea que juega entre el sueño y la embriaguez.


Si quieres conocer más sobre Eunice Adorno, síguela en su cuenta de Instagram y mira su página oficial para que no te pierdas las novedades de su trabajo.


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Carolina Romero

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