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16 fotografías históricas para entender el porno gay de los años 70

1 de junio de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

Fue la década en la que la pornografía vivió su auge a nivel social y artístico con producciones que exploraron todas las posibilidades sexuales.



Un hombre mantiene sexo anal con una mujer en un salón privado durante una fiesta.


Cuando el acto termina, descubrimos que ella es en realidad un hombre que lleva encima peluca y ropa de mujer. Es la escena final de The Surprise of a Knight de 1929, una de las primeras películas estadounidenses abiertamente gay en la historia del cine porno. Sin embargo, son pocas las cintas de carácter homosexual las que se conocen de este periodo, debido a la censura que la pornografía vivía. Tuvieron que pasar tres décadas para que este género tuviera una revisión y revalorización. 




Durante la década de 1960, el cine porno se limitaba a los llamados stag films, pequeñas producciones en blanco y negro sin sonido, de diez minutos de duración y grabadas en formatos de Super 8 mm, que mostraban a gente masturbándose o teniendo sexo explícito. Estas cintas eran consumidas en fraternidades universitarias, cineclubes o formaban parte de colecciones privadas de amantes del porno y el cine independiente o underground. Había un mercado lucrativo de muchos consumidores y realizadores que gustaban de la industria, la cual satisfacía sus fantasías.



Pero había un problema en medio de todo ello: el cine porno carecía de originalidad, argumentos y, sobre todo, calidad para ser exhibido de manera mucho más abierta. En 1971, en la ciudad de San Francisco, los hermanos y estudiantes de cine Jim y Artie Mitchell, crearon el O'Farrell Theatre, un espacio donde filmaban a mujeres masturbándose y después proyectaban las grabaciones al público. Para poder llevar sus producciones a una audiencia mayor y ganar más dinero con ello, crearon cintas porno con argumentos mucho más elaborados. De esa manera podían exhibir sus producciones en salas más grandes y a precios mayores amparados en que se trataba de pornografía con un mensaje crítico e inteligente.



Mediante la idea de ofrecer algo más que simples encuentros sexuales vacíos y sin sentido, se vino una ola de producciones porno con tintes de cine de arte. La década de 1970 vivió la legalización de la pornografía en los Estados Unidos, la apertura de cientos de salas X y la producción masiva de películas que permitió el auge del género. Fue el periodo que vio nacer clásicos de la talla de Deep Throat, con Linda Lovelace a la cabeza del reparto y dirigida por Gerard Damiano, además de la otra joya de esa misma década: Behind the Green Door, de los hermanos Mitchell, un viaje de ácido donde una chica pierde la virginidad.





Entre escena y escena de sexo explícito, muchas películas contaban un relato que a veces llegaba a rozar lo filosófico o experimental. Si las cintas se preocuparon por ofrecer un relato rico en detalles argumentales, además de las escenas hardcore, también fue el periodo en que los rodajes entre personas del mismo sexo se dieron de manera continua. Todo comenzó a estar permitido en la industria: si ya se había hecho en el pasado con productos como The Surprise of a Knight entonces era el momento de explotarlo al máximo.






El porno gay entre hombres logró un auge y una popularidad muy grandes. La primera cinta de distribución masiva que presentó a actores masculinos teniendo sexo explícito fue Boys in the Sand (1971). A esta emblemática cinta le siguió, en 1973, Nights in Black Leather, la cual puso en el imaginario colectivo el estereotipo de los hombres fornidos y varoniles enfundados en ropa de cuero, luciendo un enorme y tupido bigote.




Comenzaron a proliferar las salas X dirigidas en exclusiva a un público masculino gay, que también servían como lugares de encuentros eróticos. Los actores que actuaban en estas producciones correspondían a la imagen por excelencia que ya hemos mencionado: hombres fornidos y velludos que pasaban un buen rato con otros compañeros en moteles, piscinas, baños públicos o discotecas.




Nombres como Jack Wrangler, Bruno, Bill Harrison o Paul Barresi comenzaron a volverse bastante populares entre el público masculino que disfrutaba de sus escenas. Felaciones, sexo anal, rudas embestidas o besos en todas las partes del cuerpo de sus compañeros en turno eran parte del repertorio de estos actores que se convirtieron en verdaderas estrellas.





Actualmente existen estudios dedicados a la realización de producciones enteramente homosexuales como Treasure Island, Hot Desert Knights y Eurocreme, las cuales, pese a contar con todos los adelantos tecnológicos para ofrecer películas con un sonido e imágenes impecables, a veces no tienen ese toque especial de las cintas de los 70, donde todo se estaba descubriendo y experimentando de manera libre y espontánea.


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TAGS: fotografía de desnudo fotografía erótica Orgullo Gay
REFERENCIAS: Pink News Gay Porn Obsession

Rodrigo Ayala Cárdenas


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