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10 fotografías para entender qué es el pornoterrorismo

19 de enero de 2018

Carolina Romero

«Terrorista es un adjetivo del que me he apropiado, como tantos otros, para que al menos me lo digan con motivos. Hago esto porque en el fondo, quiero darles la razón, sólo así, convirtiéndome en la que dicen que soy, me tendrán en cuenta».



Esto no te va a gustar. Las imágenes y palabras que siguen van a causarte escozor, náuseas, terror. Primero, sentirás una especie de extrañamiento –«¿por qué hace eso?»–. Más tarde, el nacimiento de tu molestia se traducirá como un flujo cálido corriendo por tus venas –«¡no puede hacer eso!»–; después, si te quedas hasta el final, entenderás que esto tiene un sentido. Puede gustarte o no, pero lo tiene.



Porno + terrorismo. ¿Cómo se puede transitar del placer al horror un solo instante? Los dos polos más contrapuestos del mundo se sintetizan en una propuesta transgresora, violenta, “guarra”, lasciva. Es una mujer enfrentándose —y enfrentándonos— a todo lo que creemos correcto, sano, bueno.



«Las herramientas que tengo no sirven para matar, pero son perfectamente útiles para dar miedo y para aterrorizar a un sistema heteropatriarcal que se ha quedado desfasado. Lo que hago lo hago también por quienes perdieron sus vidas porque sus sexualidades o sus géneros traspasaron la frontera de la normalidad. Mis armas son mi cuerpo, mi palabra y mi rabia y si algunx se muere de un infarto viendo lo que hago, sinceramente, me alegraré, aunque no sea eso lo que persigo», se lee en un fragmento de Pornoterrorismo, el libro donde Diana J. Torres explica qué es eso.



Según lo explicó en una entrevista, la idea de este concepto surgió luego del atentado a las Torres Gemelas en 2001; a ella y a su entonces compañero de performance, se les ocurrió “pornificarlo”, sacarlo de contexto, llevarlo a los límites. El concepto fue madurando hasta convertiste en la manifestación de una sexualidad abierta, desarrollada, libre, lo que —para una sociedad normada por las nociones religiosas, especialmente cristiana— resulta terrorífico.



Una de las conclusiones de Torres es que el placer sexual personal está condicionado por la sociedad. Por ejemplo, pese a que una de las zonas masculinas más placenteras sea la próstata, un hombre heterosexual teme ser penetrado porque teme ser calificado como “homosexual”. Igual, los orgasmos femeninos están circunscritos en determinadas prácticas “permitidas”. Su cuerpo no es por completo suyo, pues la opinión pública se encarga de arrancarle la libertad de pensamiento y acción.



Centrada en el postporno —donde se muestra lo que no es visible para el porno normativo—, Torres denuncia la injusticia que se comete a diario, no sólo es el cuerpo de las mujeres sino también el de los hombres. Además, no es casualidad que los centros de placer se focalicen en lo genital sólo porque son áreas reproductivas, mientras el resto del cuerpo —también erótico— es pasado por alto.



La artista no repara en afirmar que la venganza es uno de los motivos para este libro y para su actuar en los escenarios y conducirse en su vida: es un crimen que una persona no conozca su cuerpo, y que esto no dependa ni siquiera por decisión, sino porque las prácticas religiosas y políticas —ambas subordinadas al capitalismo— lo impiden.



«Terrorista es un adjetivo del que me he apropiado, como tantos otros, para que al menos me lo digan con motivos. Hago esto porque en el fondo, quiero darles la razón, sólo así, convirtiéndome en la que dicen que soy, me tendrán en cuenta».



La elección de la artista es sumamente personal; surge a partir de un dolor propio, de la violencia que siempre se ejerció contra sus decisiones: «descubrí en mi interés por convertirme en una “incívica suprema”, una vía de liberación de todas mis pulsiones sociópatas que tenían como único objetivo destruir un sistema atrofiado que me había estado amargando la vida desde que tenía uso de razón. Un sistema que me había clavado palabras como puta-marimacho-bollera mucho antes de que pudiera entender sus significados, y que, llegado el momento de comprenderlos, se hicieron más».



Si has llegado hasta aquí, es por dos razones: o has comprendido que esto tiene sentido, o continúas en el mismo estado de shock que al comienzo. Pero al final, esto no importa, el hecho de que estés en desacuerdo y este discurso te sea ofensivo es la intención de esta artista, escritora y performancera: llevarte al límite, hacerte rabiar y confrontar con las “malas acciones” con la circunstancia en la que se encuentra tu consciencia.


Conoce más del trabajo de Diana J. Torres desde su página oficial.


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Si quieres conocer más series fotográficas increíbles, descubre estas de Julia Fox de sexo, drogas y todo lo que haces para sentirte vivo y mira estas otras que revelan nuestros más extraños fetiches sexuales.


TAGS: Mujeres serie fotográfica machismo
REFERENCIAS: Pornoterrorismo

Carolina Romero


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