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Fotografías para ver de cerca un verdadero ritual vudú en África

29 de junio de 2018

Diego Cera

Sólo familiarizándonos con imágenes como éstas, podremos dejar de lado la absurda superstición de los muñecos y las manos de mono que tanto se ha repetido en las películas.



Hablar de algo tan profundo y oscuro como el vudú implica, en primer lugar, despojarse de cualquier imagen que incluya muñecos de trapo profanados incansablemente con alfileres o cuchillos a lo largo de su cuerpo. Va incluso más allá de la bruja negra escondida en una desvencijada casa en medio del pantanoso Mississippi, ésa que te regala una mano de mono a la que le puedes pedir 5 catastróficos deseos. En pocas palabras, hablar de vudú es alejarse de América y todas sus supersticiones para poder viajar hacia el origen de todas las civilizaciones del mundo: la madre África.








Un continente que no sólo huele a catinga y tierra seca por el sol, sino que cada una de sus calles emana un penetrante aroma a humo, sangre y hierbas remojadas en alcohol. Ese ambiente es el que gobierna especialmente la región occidental del continente, donde los primeros bokores y mambos —sacerdotes y brujas del vudú— recibieron las bendiciones de una serie de deidades que rigen cada uno de los elementos que componen este mundo, el de los enfermos y los muertos. Como casi todo lo que viene del África, esta magia está llena de ritmos y tambores que con cada golpe son capaces de llamar a los espíritus y despertar a los muertos de un sueño que se creía eterno.








Para los practicantes del vudú honrar la vida no es opcional; todos los días se tiene que agradecer a los dioses y rogar por su bendición. Desde que uno nace comienza a morir y no hay fuerza mágica o humana que pueda cambiar eso; pero el vudú ofrece la oportunidad escapar de esta ley irrevocable alargando la existencia a cambio de entregarse a rituales oscuros donde la sangre, la ceniza y el fuego tienen un significado completamente nuevo. En cuanto las estruendosas llamadas de los tambores comienzan a sonar, emergen de la oscuridad las fuerzas o fantasmas de una época en la que todo era posible. Todo para llevarnos a un espacio donde es posible escapar del tiempo mismo.








Comienza el vudú y, con él, un desfile de pieles oscuras caminando junto a los espíritus de un panteón todavía desconocido para el resto del mundo. Probablemente para quienes encaren por primera vez las costumbres africanas y sus ceremonias, las fotografías de Linda de' Nobili aparecerán como estampas de una sociedad pagana y encerrada en los ojos de sus dioses de madera negra; sin embargo, al prestarles atención, se darán cuenta de que todo va mucho más allá de eso.








Las imágenes capturadas en Benin, una de las principales capitales del vudú africano, demuestran que éste es más que una religión oscura fundada bajo leyes ancestrales; sino que es todo un modo de vida que logró enriquecerse —dentro de África y fuera de ella— gracias a la marginalidad provocada por la terrible sombra de la esclavitud. Sin embargo, considerarla un "culto de esclavos" es un insulto para quienes encuentran en ella la libertad espiritual que no puede ofrecer su propia realidad.








En cada uno de estos rituales se conjugan la fuerza de los sonidos y los olores con los cuerpos de sus asistentes quienes, al comenzar su trance, se encuentran cara a cara con sus ancestros y los dioses que a través de la música y los cantos espirituales les han otorgado una oportunidad. Una alternativa para vaciar sus cuerpos de todas esas fuerzas y magias negativas que no les permiten continuar viviendo sanamente.








Sólo familiarizándonos con imágenes como éstas podremos dejar de lado a la absurda superstición de los muñecos y las manos de mono para concentrarnos en una tradición milenaria que, a pesar del prejuicio, sigue haciendo del África occidental una región enigmática, rica y poderosamente atractiva para cualquiera que se atreva a romper con sus propios paradigmas.


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Para saber más sobre el trabajo fotográfico de Linda de' Nobili, puedes visitar su sitio web.


TAGS: Religión Africa fotografía documental
REFERENCIAS:

Diego Cera


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