Fotografías que nos demuestran lo hermoso que fue vivir en un mundo lleno de excesos
Fotografía

Fotografías que nos demuestran lo hermoso que fue vivir en un mundo lleno de excesos

Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

24 de enero, 2017

Fotografía Fotografías que nos demuestran lo hermoso que fue vivir en un mundo lleno de excesos
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Por: Eduardo Limón

24 de enero, 2017



El mundo se agitaba con estrépito y nadie sabia por qué, bastaba con unirse al movimiento y caer en los brazos de la belleza. A lo largo de los años 60, y quizá a principios de la década siguiente, la humanidad no podía más que ser parte de los problemas o unirse a las suculentas soluciones que nadie había previsto, pero todos eran capaces de compartir. Como si el lenguaje se transformara sin perder las bases de su entendimiento, el amor se hizo el verbo común y predilecto en una generación urgente de nuevas perspectivas, frescas sonrisas y bellezas sin precedentes. Los años 60 fueron una época de lujuriosas estéticas y libres acciones que hoy podemos ver a la distancia como si de verdad cualquiera de nosotros hubiera estado allí, tomando un daiquirí en la playa, sin ropa y sobre un manto de influencias orientales.

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La hermosura, gracias a las jóvenes almas de aquel tiempo, nunca volvió a ser la misma. El exceso de pasión, sexualidad, colores, sustancias, aromas, sentimientos y visiones hizo que se hilvanara una lienzo de imponentes voces y fuerza de representación. Sin su energía incansable por correr detrás de lo vivo en su máxima expresión, actualmente no seríamos nada. No se gozaría con tanta soltura del encuentro carnal, no sabríamos que el cariño es capaz de crear a la gloria misma y mucho menos hubiera quedado claro en la Tierra que los humanos necesitamos de profusión para continuar con vida; sin embargo, tampoco podemos omitir que esta revolución nos enseñó –con la misma intensidad– que todo exceso tiene su límite mortal o sus hilos de detrimento.

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Patrick Lichfield, reconocido fotógrafo de la época y primo de la reina Isabel II de Inglaterra, dejó registro sin igual en sus tomas de lo que significó estar sumergido en un mundo que, de tan bello, las miradas podían cansarse en el horizonte. Patrick fue el fotógrafo de moda de los años sesenta, del Swinging London, retrató con su cámara a la aristocracia en sus más ordinarios momentos y también capturó a la emergente nobleza del rock y el glamour. Lichfield fotografió a las estrellas del momento –amistades para él– desde un ángulo que prácticamente nadie podía obtener: el de la sinceridad y la búsqueda de otros cielos.

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Entre toda su obra quizá las mejores testigos de tal contemplación hedonista e insurrecta sean esas tomas de Yves Saint Laurent, Mick Jagger y Bianca, y las apabullantes naturalidades de las chicas Vogue o Jane Birkin. En el primer caso, Yves contaba con una casa en Marruecos a la cual gustaba huir de vez en cuando si sentía que el mundo del fashion era demasiado para su vida personal; allí se refugiaba con su amado Pierre Bergé y amistades para el encuentro, también, con drogas y experiencias fuera de serie. Pocos advertían las consecuencias catastróficas del abuso de los narcóticos, sólo buscaban la exuberancia del vivir, pero con tal actitud –por más devastadora que después resultara– se demostró que no todo eran buenas conciencias o aburridas costumbres de antaño.

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Patrick convivió estrechamente con la princesa Margarita, hermana de la reina Isabel II, y su cortejo de celebridades –el cual no era bien recibido por el linaje de sangre azul, pero en definitiva encarnaba al futuro de nuestra sociedad y no a viejas usanzas del buen gusto–; entre ellos, Mick Jagger y su esposa Bianca, la sex symbol Raquel Welch y, entre otros, David Bowie en su etapa más experimental. Un amplio grupo de personalidades que expusieron, habitaron y reinaron un planeta Tierra que, aunque sea por un ligero instante, no fue un sucio muladar lleno de ratas y estropeado por nuestro mal manejo de esas libertades que ya se habían ganado.

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Los excesos –cualesquiera que hayan sido–, antes de convertirse en el arma misma de la degradación que hoy vivimos, eran la apuesta perfecta para dejar de ser simples humanos; eran eso que previo a su detrimento como poción mortuoria, abría ventanas y puertas hacia un universo lleno de magia, elegancia, placer, música revolucionaria, filmes y letras que asombraban, múltiples sentidos de belleza y experiencias que nadie se había atrevido a tener en el pasado. Eran las tomas fastuosas para un fotógrafo tan sensible como Patrick Lichfield.

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Lord Lichfield, como también se le conoció a este hombre de verdadera cuna real, ha fungido desde aquella mítica década de los 60, sí, como fotógrafo, pero también como invaluable historiador de un proceso en nuestra civilización que se conformó de sed, angustia, fiebre juvenil, irreflexión y dulce fe por cambiar las cosas. Para conocer más de esos años, lee sobre aquel Día en que David Bowie y Mick Jagger tuvieron sexo y escribieron "Angie" u otras Fotografías de la vida secreta de músicos como Bowie, Jagger y más.


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Referencias: