14 fotografías de ficheras: el amor que se vende en la oscuridad
Fotografía

14 fotografías de ficheras: el amor que se vende en la oscuridad

Avatar of Carolina Romero

Por: Carolina Romero

6 de octubre, 2017

Fotografía 14 fotografías de ficheras: el amor que se vende en la oscuridad
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6 de octubre, 2017



Quizá nunca has visto sus rostros, probablemente tampoco sabes sus historias, «¿qué es lo que hacen ahí?, ¿desde cuándo?»; sin embargo, las ficheras son una clave fundamental para entender no sólo la vida nocturna de la Ciudad de México desde hace décadas, sino las dinámicas sociales, económicas y de género que han marcado la vida nacional.


Sumergidas en la oscuridad, entre música en altos decibeles, humo de cigarro y cascos de cerveza, estas mujeres acompañan a decenas de clientes que, noche a noche, asisten religiosamente a su congal de confianza en busca de un refugio sentimental. Sí, comprándolo.


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Los primeros registros de esta actividad se tienen desde la primera mitad del siglo XX, aunque comenzó a popularizarse desde las décadas de los 50 y 60. El nombre se debe a que las transacciones con los cliente se realizaban por medio de fichas; los hombres llegaban al bar en cuestión y en la barra las obtenían en distintos colores y precios. Una vez que se sentaban en las mesas y pedían los servicios de una de las chicas, pagaban con estos circulares objetos. Al final de la noche, cuando todo había terminado, las mujeres cambiaban las fichas por el dinero que les correspondía.

 

Si bien es verdad que algunas de ellas pueden prestar sus servicios sexuales, ésta no es la regla general; la mayoría se dedica a charlar con los clientes, bailar con ellos y acompañarlos mientras beben. Ficheras, una serie fotográfica de Mayra Martell, nos invita a sumergirnos por completo en esas dinámicas:

 

«Su espacio laboral es un escenario de jocosas escenas de baile (al son de una rocola), ligue y tragedia. Sus zapatos tienen que danzar en un escenario fatídico, con un piso que por lo general es pegajoso sin faltar los indeseables baños malolientes».


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«Entre las ficheras existen diferentes jerarquías, mi trabajo se enfoca en el sector bajo, a las damas de compañía que extienden su labor al de psicóloga, novia, compañera de borrachera y demás, sus clientes, en la mayoría obreros, albañiles, soldados, combinación infructuosa de las ansias liberadoras del lumpenaje, de la clase media atosigada, y de la curiosidad voyerista y antropológica de artistas e intelectuales proclives al exceso, que por la cantidad de 10 pesos pueden bailar y disfrutar a su fichera elegida».


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«Ellas son las encargadas de abrigar a los noctámbulos perdidos y de acompañar a su cliente en cada trago. El menaje de ficheras es colorido y diverso, hay de todo tipo de personas; robustas, morenas, altas, delgadas, con su vestimenta lo más exótico y provocativo que se pueda. Tras las mesas surgen miradas e imágenes inesperadas, los diferentes rostros cristalizan emociones que van desde miradas hundidas en la tristeza maquillados con grandes estallidos de risas, hasta los pronunciados bostezos que irrumpen con la figura de dueña de la noche, sin faltar el colorido lenguaje, donde la instancia del pueblo se hace constante».


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«Las ficheras sufren un antiguo rechazo por parte de la sociedad, es por eso que en muchos casos su familia no sabe a qué se dedican, o son mujeres que llegan de diferentes puntos de la provincia y encuentran en el fichar una forma de trabajo para sobrevivir. El ambiente de ficheras interpreta claramente el folklor del pueblo mexicano, el cual es una interesante mezcla de la sombría realidad de un submundo nocturno, donde las escenas son un tanto crudas y difíciles de digerir».


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Las fotos de Mayra Martell no pretenden ser punitivas ni presentar un juicio moral sobre el trabajo de estas mujeres. Intenta crear un lazo intuitivo de conexión con sus vidas, con sus tragedias y sus alegrías. En entrevista, la fotógrafa narró cómo fue el proceso de creación de esta serie:


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«Realmente no fue como un proyecto pensado, así tal cual. Yo acababa de llegar a Ciudad de México, estaba estudiando mi primer taller de foto en el Centro de la Imagen y no tenía muchos amigos, daba caminatas por el centro y empecé a frecuentar esos lugares. Un día ellas me invitaron a sentarme a su mesa. Me hicieron toda clase de preguntas y yo a ellas. Y bueno, coincidíamos en que muchas éramos de provincia y se dio muy buena amistad. Era como el lugar más seguro y más cálido que existía en el D.F. para mí, tenía buenas amigas».


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«Era muy divertido todo lo que sucedía ahí. Me contaban acerca de varios clientes y yo iba como identificándolos ya hasta como para saludarlos por su nombre [...]. Una de las chicas, Maribel, me tuvo que decir "Mayra, ¿por qué si eres fotógrafa no nos haces nunca fotos?, y yo dije, "bueno, si quieren" y fuimos al baño. Todas se empezaron a quitar la ropa y yo estaba atacada de la risa; en sí fueron fotos como entre amigas». 


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«Creo que lo que más me sorprendió es que a pesar de las circunstancias en las que sobreviven, son gente que sabe aprovechar la felicidad al máximo y la tristeza también. Por que, al fin, la gente que no tiene muchas posibilidades encuentra en la vida algo más real, porque no se tiene que quedar bien con nadie, no hay una "máscara" que cuidar. Eso, creo, es lo más humano en estas personas».

 

Sobre sus vidas, contó:


«Estaba desde Carmelita de 78 años, que decía que a una fichera de su edad se le debería permitir vestir como una persona grande, por que los tacones eran muy pesados de usar. María, una chica de Oaxaca —quien fue madre a los 14 años—, en ese momento tenía 19 y era una de las mujeres más amorosas del mundo; me hubiera gustado tener una madre así».


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Al cuestionarla sobre cómo esta serie se implicaba en su trabajo en términos profesionales y personales, dijo: «Bueno, creo que cada quien fotografía por una razón, a veces es muy consciente otras no. A mí hasta hace poco me fue revelado de una manera muy fuerte: yo fotografío por una comprensión, que es como desarrollar una empatía con los otros y tratar de sentir lo que sienten los demás. Creo que eso es lo que nos permite ser más humanos, no ver al otro como lejano o ajeno, sino que es una extensión de nosotros mismos».


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La lente de Mayra no estuvo nunca separada. No se colocó como el observador analítico y juicioso que se aproxima a un lugar extraño, sino que fue parte de lo retratado en todo momento.


«"Ficheras", al final, son retratos de buenas amigas que estuvieron en un momento determinado de mi vida.  Como lo son ahora las chicas del Barba Azul con las cuales tengo una relación muy cercana, son ficheras también, y les he hecho retratos, pero al fin y al cabo, siguen siendo retratos de personas cercanas a mí».


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Mayra es una fotógrafa excepcional y no se trata de una adulación exagerada. Como pocas, ha contado con una sensibilidad extraordinaria para retratar las profundidades del dolor humano. Como claro ejemplo se sitúa Ensayos de la identidad, una serie fotográfica sobre las desapariciones forzadas de mujeres en Ciudad Juárez. Además de sus trabajos sobre la violencia que se vive en distintas latitudes como Guatemala, Colombia, Brasil, Argentina, Paraguay, Argelia, entre otros.


Además, es fundadora de Diario Latinoamericano, una asociación dedicada a las poblaciones más vulnerables en América Latina usando el arte de por medio «con el objetivo de hacer una construcción de historias de vida y de transformar experiencias de dolor en un diálogo, en el cual los participantes sean los protagonistas de un presente denunciado por ellos mismos». La tarea de esta fotógrafa nacida en Ciudad Juárez se extiende al activismo social respecto a temas como feminicidio, trata de personas, migración y desarrollo infantil. Para conocer más de su trabajo visita su sitio oficial.


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Referencias: