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FOTOGRAFIA

Fotografías prohibidas que muestran la destrucción de las bombas atómicas

Estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones (…) si no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra.

-Harry S. Truman

El escueto mensaje público del presidente en funciones de los Estados Unidos al fin de la Segunda Guerra Mundial fue considerado un alardeo, una declaración que pretendía mermar el ímpetu del Imperio Japonés cuando el conflicto bélico estaba por terminar. Tal fue la primera impresión de la prensa internacional, especialmente de aquella que aún no se enteraba del acontecimiento que al otro lado del mundo tenía lugar, y que habría de cambiar la historia para siempre.

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16 horas y 45 minutos antes, el Elona Gay, un Boeing B-29 a cargo de Paul Tibbets, despegó de las Islas Marianas en el Pacífico con dirección al sur de Japón, y mientras sobrevolaba Hiroshima alcanzó la altitud crucero de 32 mil pies, suficiente para escapar de la vorágine radioactiva que estaba por ocurrir.

El reloj marcaba las 8:15 cuando Tibbets ordenó abrir las compuertas para dejar caer a Little Boy, una bomba atómica de Uranio-235 que liberó 16 kilotones de energía explosiva sobre la ciudad nipona. Al segundo siguiente, el aire ardió en una nube en forma de hongo a un millón de grados centígrados y todo ser vivo en el lugar del impacto pereció súbitamente…

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El resto de los acontecimientos se agolpan en la memoria histórica entre las cientos de miles de víctimas que cobró la bomba atómica, los contados supervivientes y las escenas descritas entre un infierno de horror y muerte; sin embargo, nadie sabía a ciencia cierta por qué no existían testimonios gráficos de la destrucción de Hiroshima al día siguiente, hasta que este enigma fue revelado a través de una serie fotográfica que salió a la luz luego de mantenerse oculta desde aquel fatídico agosto de 1945.

Se trata de cientos de imágenes prohibidas por el gobierno de los Estados Unidos que, posteriormente a la explosión, controló todo el testimonio gráfico de la prensa (especialmente la japonesa) que cubrió el siniestro. Horas después del ataque, una comisión extraordinaria encabezada por Truman decidió enviar una representación especial del ejército de Estados Unidos integrada por más de 150 personas que entraron a la zona cero de Hiroshima.

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Se trataba de la División de Daños Físicos, un equipo especializado en evaluar daños, medir la efectividad de la bomba en términos materiales, observar qué ocurrió con los metales, la madera, las calles y cuál era el auténtico poder destructivo de una bomba atómica en un contexto real. El grupo fue pionero en recorrer Hiroshima que entonces era tan solo una gris mezcla de escombros, cenizas y estructuras devastadas.

Entre miles de cadáveres calcinados y un silencio sepulcral sólo interrumpido por el arder de las llamas en algunos edificios, siete fotógrafos tomaron imágenes que habrían de servir para los fines que requería el Departamento de Guerra norteamericano. Después de realizar su trabajo durante tres meses, los especialistas volvieron a su país en noviembre, mientras la verdadera tragedia y los estragos de la radioactividad apenas comenzaban a tomar forma en Japón.

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 A más de medio siglo de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki por sendas bombas, las fotografías son testimonios mudos pero poderosos de aquel 8 de agosto de 1945, pero existen otros relatos que dan cuenta del horror de aquellos momentos. Conoce "La cruel historia del hombre que sobrevivió dos infiernos de bombas atómicas" o bien, "El hombre que sobrevivió a la bomba atómica pero jamás odió a los estadounidenses".

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