19 fotografías de Daniela Rossell que muestran como era ser una niña rica y fresa en México

Sábado, 14 de julio de 2018 11:28

|Diana Garrido
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Ser una niña rica en los noventa era mucho más ostentoso que ahora, pero no era sólo por mostrar estatus, sino por hallarse a sí mismas entre tantas cosas.



Si las mansiones no son inmensas, el espíritu se empequeñece

— Carlos Monsiváis


Dice el escritor que los ricos y los pobres no son realmente diferentes ante los ojos de Dios o de cualquier deidad que se nos ocurra; sin embargo, existe un punto que resulta marcar una ligera desigualdad. Los que gozan de dinero, también conocen de cerca la posibilidad de la delincuencia visual, Monsiváis le llamó así a la necesidad de hacerse notar frente a una cámara.


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Un rico necesita que se le note a leguas el exceso de dinero, que el mundo sea consciente de que la economía no es un problema para él. Se trata de poner ante los ojos del mundo la exagerada significación de un peso, de dos o de millones con ornamentos que rayan en lo absurdo y en la decadencia o ignorancia. Este estereotipo fue retratado por la fotógrafa mexicana Daniela Rossell, que plasmó en Ricas y famosas una serie de fotos que muestra —principalmente— mujeres de clase alta que vivían de manera ostentosa y digna de una película de terror de los años setenta, más por los elementos kitsch que por algo más.


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Ella habla de los lujos en sus publicaciones y los muestra de manera natural, como a todas ellas. Simplemente fotografía la realidad de la clase alta de los años noventa en México, misma en la que creció. Ella es hija de un miembro del PRI, por ende, tuvo acceso a todo tipo de comodidades. Para Rossel era un ambiente común, pero no dejaba de parecerle absurdo. Con el paso de los años se dio cuenta de que ese ambiente no era más que su realidad y que como ella, las mujeres que aparecen en sus fotografías no eran del todo conscientes de que pertenecían al 1 % de la población mexicana que cuenta con los recursos más simples y básicos, pero también los más exorbitantes e inusuales.


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La idea surgió cuando caminaba por su vecindario y decidió mostrar todos los detalles que hacían de ellas las máximas figuras en las esferas sociales del país. Mientras que en los años noventa, el 50 % de la población mexicana se mantenía en un nivel de pobreza, las niñas ricas tomaban vuelos a media noche a Milán, despertaban en Acapulco y se dormían en Italia o adornaban sus hogares con objetos ancestrales provenientes de Japón. Así de "sencillas" eran sus vidas. Rossell decidió hacer una recopilación con las fotos de las chicas y todos sus lujos, a las cuales no se negaron ni por un momento.


«A ellas les gustan las fotos y están acostumbradas a ello. Fue sencillo, realmente».
— Daniela Rossell



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Esto le llamó la atención más que todo lo demás: la forma en que las mujeres posaban frente a las cámaras, que evidenciaban sus gustos, que mostraban el mucho o poco conocimiento artístico y claro, el estigma de niñas ricas y fresas. Muchas de ellas eran hijas de políticos, esposas de otros tantos e incluso, amantes. Pero el origen era poco importante para la fotógrafa, lo verdaderamente sobresaliente era el escenario mismo, las burbujas fantásticas que cada una se había hecho.


Ricas y famosas muestra el lado kitsch en la alcurnia, las pocas y escasas formas de amarse si no es rodeado de objetos o como dice Monsiváis en el texto sobre la serie fotográfica, «que no quede un milímetro vacío en esta mesa, en esta pared, en esta casa, porque nos pensarían escasos de recursos».


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Todas las fotos lucen a mujeres posando de manera natural, aunque parezcan exageradas. Lo cierto es que ninguna estaba fingiendo realmente, todas estaban en su cotidianidad, misma que Rossell critica en el argumento de su libro desde el conjunto, porque una sola foto no causa nada, ni siquiera incomodidad, sino una impresión de estar frente a una estética pretenciosa. El problema surge cuando se miran las 87 en conjunto, todas saturadas de objetos extraños y costosos que resultan incómodos para el espectador, por ello causan molestia más que admiración.


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Consulta su trabajo en su página web.


Diana Garrido

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