Fotografías de cómo se vive el refugio y la homosexualidad en la guerra

Lunes, 10 de julio de 2017 13:02

|Rodrigo Ayala

La única ideología o tendencia que debería ser desterrada de todos los países, de todo el planeta, es la de la intolerancia a las preferencias de los seres humanos. «Si la piel de todos los homosexuales se volviera morada de la noche a la mañana, la sociedad, sorprendida por la enorme cantidad y diversidad de gente a su alrededor con ese color, dejaría de ver esto como un problema», dice el actor de cine Ian McKellen, miembro de la comunicad LGBT+. Sus palabras refuerzan un hecho: ser gay no es nada anormal. En todo caso, si la sexualidad es una anormalidad, también lo serían las personas heterosexuales.

Por desgracia, ciertas sociedades que siguen reforzando caducos y oxidados pensamientos brillan por su intolerancia a lo que consideran anormal. A veces no queda más que compadecerse de esos cerebros secos que condenan una realidad: la tendencia a la homosexualidad siempre existirá en Irán y en todo el mundo. Por muchas penas que existan, este “problema” continuará, ya sea en sus fronteras o fuera de ellas. Muchos prefieren esconderse y vivir oprimidos. Otros deciden no someterse a las cadenas de la represión y buscar una alternativa fuera del país. Son los que se dirigen a la ciudad turca de Denizli, territorio que se ha ganado la etiqueta de ser una especie de refugio de homosexuales iraníes.

Los que ven en esto una injusticia, alzan la mano con una cámara en ella para captar la vida de estos refugiados, que por el simple hecho de vivir bajo la intolerancia se ven obligados a dejar a sus familias y raíces a cambio de no esconder un beso, una caricia o pasar una noche con los hombres a los que aman. Laurence Rasti, suiza de nacimiento pero con sangre iraní en sus venas, apoya con su arte gráfico la vida de quienes ahora viven en Denizli.

Su serie “Il n’y a pas d’homosexuels en Irán” hace referencia a las palabras del expresidente Mahmoud Ahmadinejad, quien en 2007 dijo que en Irán no existen homosexuales. Es un gesto enérgico de rebelión y de plantar cara ante una combinación de letras lamentable que deja de manifiesto, una vez más, la cerrazón mental que impera en el país de Medio Oriente. Cada imagen presenta a una pareja cuyos rostros ocultos por algún elemento contrastan con el ambiente lleno de luz y claridad en el que se encuentran. La imagen anula y les da anonimato a los protagonistas al mismo tiempo que fija en ellos una luz semejante a la que alumbra a los actores de teatro para darles visión, importancia y atención.

La educación multicultural que ha recibido Laurence Rasti le permite explorar las diversas problemáticas a las que se enfrentan los que quieren ser silenciados o a los que quieren volver invisibles. Su poderosa lente emerge para que aquellos que anhelan la libertad la obtengan no sólo por medio de un nuevo espacio geográfico, sino a través de la universalidad de la fotografía.

Su obra puede verse como algo delicado, tierno; una tenue exploración del amor que se resiste a las barreras de la religión, la política y la sociedad. Rasti hace frente a uno de los problemas que aquejan la mentalidad y el corazón de una sociedad como la iraní, la cual yace sepultada en valores arcaicos, que no duda en asesinar y castigar a sus propios habitantes. Aun cuando éstos lo único que están haciendo es enarbolar la bandera del pacifismo y la libertad son vistos casi como traidores de su nación. 

En cada imagen hay una historia que tiene que ver con una palabra: traición; en este caso, la de Irán a sus propios habitantes. Laurence Rasti se une a los que han sido negados por su propia nación y han buscado el territorio ideal para hacer lo que su alma les dicta. Ella ha fungido una especie de rol maternal para dar cobijo a los hijos cuyo padre ha querido casi quitarles la vida al arrebatarles su personalidad: «Un individuo se define por la noción de identidad. Cuando no puede vivir libremente esta identidad en su propio país, no tiene otra opción más que huir», dice Laurence.

Puedes saber más acerca de “Il n’y a pas d’homosexuels en Irán” y su autora en este enlace.

-

La vida de quienes tienen que esconder su homosexualidad la mayoría de las veces es injusta por tener que reprimir su derecho a la libertad. Un claro ejemplo es la manera en que se vive la homosexualidad entre los militares.

**

Fuentes

Lens Culture
Foto Room
IsMorbo

REFERENCIAS:
Rodrigo Ayala

Rodrigo Ayala


  COMENTARIOS