Imágenes homoeróticas de la Segunda Guerra Mundial

Viernes, 14 de julio de 2017 6:37

|Diego Cera

Brian Keith, Jim Warren, Ben Small e Ian Gleed, estos cuatro hombres son apenas una mínima parte de quienes arriesgaron —o perdieron— sus vidas en el campo de batalla durante la Segunda Guerra Mundial. La constante presión de saber que ese podía ser el último de sus días los hacía acercarse tanto que, en cuestión de días, formaban lazos tan fuertes que, en otras circunstancias, sólo se habrían formado a través de los años.

 

 Otro aspecto que une a estos y muchos otros hombres es el hecho de haber compartido, en medio de los estallidos y los disparos, la libertad de expresar su amor por otros soldados que han quedado en el anonimato gracias a las absurdas leyes de los cincuenta. Claramente estamos hablando de las relaciones homosexuales que surgieron en las trincheras durante uno de los conflictos bélicos más importantes del siglo XX.

 

Si nos remontamos a los hechos históricos y a las imágenes recogidas por el fotógrafo Michael Stokes en su libro “My Buddy. World War II Laid Bare” de 2014, es posible darnos cuenta de cómo la camaradería rápidamente se convirtió en estampas de la sensualidad que la figura masculina puede expresar incluso en la cotidianidad.

 

Los comandantes se encargaban de fomentar esas relaciones “amistosas” que resultaron cruciales para que ninguno de los combatientes perdiera la cabeza. En baños, letrinas playas e incluso en los espacios totalmente militarizados, la unión y la desnudez de estos hombres quedó retratada por aquellos que se dieron a la difícil tarea de llevar entre su equipaje cámaras fotográficas y un par de rollos para captar momentos memorables dentro y fuera de la batalla.

 

Homosexuales o no, quienes aparecen en estas tomas se presentan ante nuestros ojos como adolescentes que, aunque forzados a madurar rodeados por bombas y muerte, descubren sus cuerpos y los de los demás en momentos en los que la confianza total adquiría un valor altísimo. Se necesitaban unos a otros para liberarse de sus traumas y de la presión que sentían al saber que cualquier enfrentamiento podría despojarles de algo más que su inocencia.

«La felicidad cuando nos dijeron que íbamos Casa —y la miseria cuando supimos que no íbamos a ir juntos. Adiós en una playa apartada bajo el terciopelo astuto de estrellas de una noche africana y las lágrimas que no se detendrían cuando estuviera encima de la pared del mar y vi tu convoy desaparecer en el horizonte...»

 

Algunas de las fotografías —que no precisamente están en el libro de Stokes— vienen acompañadas de enternecedoras historias. Desde quienes se tuvieron que despedir para siempre después de la Gran Guerra, hasta aquellos que vieron a sus novios muertos a causa de una bomba o un disparo recibido. Así como la camaradería, en estos espacios no había espacio para que el amor se diera a medias; casi obligatoriamente tenía que sentirse en cada momento que los soldados compartiesen cualquier espacio, así fuera la trinchera, ellos tenían que estar ahí. Cuidándose las espaldas e intercambiando la que pudo haber sido la última mirada de sus vidas.

 

Sin importar que en los cuarteles la homosexualidad estaba totalmente normalizada, volviendo a “la realidad”, quienes habían amado y combatido durante la guerra fueron forzados a olvidarse de sus amantes y de todo lo que habían pasado con ellos. No fue sino a partir de 1967 que todas estas historias salieron a la luz acompañadas de las fotografías de esos soldados compartiendo su sexualidad sin ningún tipo de restricción. Tan ocultas permanecen esas historias que la mayoría de estas fotos fueron rescatadas de ventas de garaje y casas de antigüedades.

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Referencias

History Extra
New York
Huffington Post

 

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Diego Cera

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