Fotografía

La fotógrafa surrealista que se bañó en la tina de Hitler y cambió la visión de la guerra

Fotografía La fotógrafa surrealista que se bañó en la tina de Hitler y cambió la visión de la guerra


Es el 30 de abril de 1945, la avenida Prinzenregentplatz en el corazón céntrico de Múnich luce más vacía que de costumbre en los últimos cinco años. El poderío militar que se consolidó en el ascenso del Tercer Reich está a punto de caer en el mismo territorio bávaro que lo vio replicarse como un cáncer. En el cuarto de baño del tercer piso del número 16, la lujosa residencia del líder del Partido Nacionalsocialista, la tina se llena de agua tibia mientras un par de botas militares esparcen lodo por el piso. Al mismo tiempo, una esbelta y rubia figura se despoja del uniforme color oliva y su pulso posee todo cuanto se halla en la habitación.

Se trata de Lee Miller, que entonces marchaba con la 45ta División de Infantería del Ejército de los Estados Unidos como fotoperiodista para Vogue, la misma revista para la que posó dos décadas atrás y a partir de entonces, se convirtió en el mayor deseo de los fotógrafos y revistas más prestigiosas de Nueva York durante los tres años siguientes.

lee miller en vogue

lee miller en vogue

lee miller en moda

Frente a ella, David Scherman inmortaliza el instante. Corresponsal de Life, amante y colega de Miller, será el primero que reciba la noticia del retiro de Elizabeth, después de sufrir estrés postraumático tras fotografiar durante 6 largos años las inclemencias de la Segunda Guerra Mundial, para retirarse a una casa de campo en Sussex y vivir el resto de su vida especializándose en la alta cocina.

Atrás quedaron los años de tertulias con Picasso y Cocteau en París, la fotografía surrealista que realizó durante su estancia en el Cairo en la época más fructífera de su carrera detrás de la lente, o aquel instante en que Condé Montrose Nast la descubrió esquivando un taxi en Manhattan que estuvo a punto de quitarle la vida y la invitó a formar parte de su publicación.

lee miller picasso

lee miller fire masks

La vida de Lee Miller bien se podría reducir a ser la Venus iconográfica ante los fotógrafos más exigentes del mundo de la moda; sin embargo, la neoyorquina viajó a París con apenas 22 años para descubrir todo lo que la bohemia aguardaba y dejar atrás el ambiente de la Gran Depresión. Se enamoró perdidamente de Man Ray, con quien trabajó como asistente para después convertirse en musa y aprendiz.

Miller desarrolló una visión particular con la cámara y aprendió a plasmarla a través del obturador. Nueve años más tarde y después de terminar la pasional relación que mantuvo con Ray, la artista se mudó a Egipto con Aziz, Eloui Bey, su nueva pareja. En tierras africanas llevó a otro nivel su trabajo fotográfico, esta vez inspirándose en el árido paisaje que ofrecían las dunas limítrofes al Cairo y en los años que convivió con los más grandes artistas del surrealismo.

lee miller en egipto

lee miller egipto

lee miller surrealista

lee miller en la guerra

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Para 1939, Miller decidió entrar de lleno al fotoperiodismo y cambió la fotografía artística por los crudos retratos de la guerra. No obstante, la estadounidense nunca perdió la composición propia de su perspectiva detrás de la cámara. Fue cronista en primera persona de la historia y vivió en carne viva el Blitz, la ofensiva del Tercer Reich que bombardeó durante más de dos meses el corazón de Londres y participó como corresponsal en distintas batallas libradas en las regiones ocupadas por los nazis.

lee miller

En cuanto se descalzó en aquel baño, Miller sintió una ligereza inusitada. Su cuerpo no sólo se deshizo del uniforme castrense, también del peso de cada dura escena que vivió durante su cobertura de la Segunda Guerra Mundial. Scherman la captó al menos tres ocasiones y aunque algunos afirman que existen negativos que la muestran de pie en el cuarto de baño, estas versiones nunca vieron la luz pública. Al mismo tiempo, a decenas de kilómetros de distancia, en el Búnker de la Cancillería en Berlín, el cuerpo del Führer se bañaba en su propia sangre: Hitler había muerto.







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