La Habana: prostitución, derechos y condición masculina en 18 fotografías
Fotografía

La Habana: prostitución, derechos y condición masculina en 18 fotografías

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Por: Diana Garrido

30 de septiembre, 2017

Fotografía La Habana: prostitución, derechos y condición masculina en 18 fotografías
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Por: Diana Garrido

30 de septiembre, 2017


Cuando los tacones altos, las mini faldas y el maquillaje exagerado comienzan a hacerse presente, es porque el reloj ya marca casi las 6 pm y es momento de salir a trabajar. Aplican sombra de ojos azul, polvo color crema en la cara, colorete en las mejillas, máscara de pestañas en exceso y labial rojo. Llevan el cabello perfectamente peinado y joyería falsa en el cuello y manos, un último vistazo al espejo y están listos; los hombres cubanos salen a ganarse el pan para el día siguiente, ahorran un poco para la ropa, para la renta y otro poco para un par de tacones, porque finalmente, son una herramienta de trabajo. El complemento de dicha herramienta es su cuerpo, en especial si son delgados, estilizados y con un ligero toque femenino en su andar y en sus frases.


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Una vez perfectamente bien acicalados, salen a la calle entre chiflidos, piropos y ofensas para buscar algún cliente que les ofenda de la misma manera, pero en la intimidad de un cuarto de hotel o, con algo de suerte, un príncipe que los trate como lo que siempre añoraron ser: reinas del amor. La Habana se viste de lujo noche a noche para recibir a los trabajadores sexuales que se visten con prendas femeninas y que esperan un caballero que les haga sentir acompañados y queridos, pero la realidad es que no es amor, sino un falso cariño que desaparece en la mañana o a media noche.


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Paul Taggart es un experimentado fotógrafo que quiso retratar justamente el sentimiento de los caballeros que usan ropas de mujer y salen a vender sexo a cambio de dinero, por lo que se tomó unas vacaciones en La Habana y como casi cualquier turista, se inmiscuyó en la vida de los amantes anónimos cuya vida retrató con su lente.


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Estos hombres son sexoservidores por la falta de oportunidades de empleo en la isla del Caribe, misma que tiene en sus filas decenas de personas que no tienen manera de mantenerse si no es vendiéndose a cambio de placer. Ellos se arreglan y salen a trabajar como si se tratase de cualquier mujer en el mundo que se mira de vez en cuando al espejo con el fin de quitar el brillo del rostro y acomodar el cabello. Pero la decisión de estos hombres va un poco más allá de su necesidad de empleo y de la economía. La sexualidad en Cuba es reprimida, claro, pero no es tan juzgada como en otros países, no hay "jotos", ni "mariquitas", ni "maricones", sino que hay hombres que gustan de otros hombres y que lo demuestran actuando como mujeres, porque en su interior se sienten como tal.


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Se cree que es por el hermetismo con el que se manejó Cuba por años, alejado del mundo gracias a la dictadura de Fidel Castro. Si bien, ser homosexual no era digno de una medalla, según su ideal, tampoco merece la muerte como se quiso hacer en algunos lugares. Por ello, los hombres se disponen a vestirse como chicas y salir atrayendo no sólo cubanos, sino también, clientes extranjeros, el cual es, de hecho, el principal mercado del sexoservicio en La Habana. Demostrando que los trabajadores deben tomarse en serio su empleo puesto que es uno de los mejores pagados, en especial para ellos, pues es un fetiche exótico: un hombre cubano vestido de mujer hablando en ese tono alto, algunos varoniles, otros afeminados, pero todos igual de llamativos. Entonces, personas provenientes de otras ciudades y países llegan a Cuba con el fin de ver el desenvolvimiento de los críticos y de los sexoservodores, pero principalmente por no inhibirse frente a ellos y ser respetados por la mayoría.


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Taggart hace una selección de hombres muy específica, que denota la coquetería con la que caminan, el deseo que mantienen y la forma tan natural de entretener a sus clientes. Así, con una serie de fotos en blanco y negro el fotógrafo intenta enmarca toda la escena haciendo énfasis en cada elemento por mínimo que sea: la ropa tirada, los cosméticos a medio uso, el espejo decorado, la cama deshecha, los besos apasionados y los párpados brillantes, todo dentro de un encuadre escaso que en ocasiones sólo llega a tomar un pequeño fragmento de vida dice mucho más de lo que parece.


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Si bien son acorralados con amenazas y malos chistes al respeto de su situación, están también bajo la protección de ellos mismos ya que lo ven como otro oficio tan honrado y natural como ser un bombero, un bailarín o un deportista, lo que les deja un poco de dinero para poder comer y vivir mejor, pero al mismo tiempo les permite ejercer su sexualidad libremente. Se dice que son los extranjeros mantienen este oficio vivo, puesto que los visitantes americanos y canadienses son muy recurrentes en este lugar, ya que pueden ir y desfogar todo su deseo en forma de fetiches que a decir verdad, no es nada complicado, ya que los muchachos dedicados al entretenimiento sexual, suelen ser conformistas y es que su profesión es básicamente ilegal, por lo que cualquier salario o aportación es bien recibida.


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El sueldo promedio en Cuba es de 11 dólares al mes, aproximadamente, lo que equivale a 200 pesos cubanos. Un trabajador del sexo puede ganar hasta cinco veces más en una sola noche si se renta a un extranjero. Hay algunos hombres cuya intención es simplemente tener un ingreso un poco más alto y poder darle a su familia una vida más próspera (dentro de lo que cabe).


La Habana es un lugar muy marginado, en especial para este sector de la población: las personas que se dedican a dar el cuerpo a cambio de unos pesos extras. Pero al mismo tiempo hay una aceptación del sexo masculino para su cuerpo y condición como homosexuales, ya que en Cuba no hay una diferencia muy marcada entre ellos y el resto de la población como pudiera pasar en otras naciones. Quizá es el aislamiento forzado que vivieron o la avanzada forma de ver la sexualidad, pero es cierto que no ven a la prostitución como un trabajo ilegal, aunque en realidad, sí lo sea.


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De este modo, entre masculinidades peculiares, tacones altos, sensualidad, pasión, ilegalidad y extranjeros que pasan sus vacaciones en Cuba por lo barato que es, los sexoservidores viven un calvario disfrazado de buenas ganancias y algunos disfrutan de la libertad sexual que la profesión les otorga, por ello, existen cientos de ellos caminando por las calles cuando la noche es más oscura. Así, sus ojos llenos de sombras brillantes deslumbran a cualquiera que se topa con ellos, como lo hicieran con la cámara de Taggart para la cual posan siendo ellos mismos.


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Conoce más del trabajo de Paul Taggart en su página web.


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La masculinidad en Cuba es diferente a otros países, ellos no tienen estereotipos tan marcados y se muestran transparentes, aún así algunos se inyectaron VIH para sobrevivir al aislamiento mundial al que se enfrentaron.