Las últimas memorias de la locura

miércoles, 30 de diciembre de 2015 4:00

|Julieta S


¿Cómo es la vida al envejecer? Tal vez lo más duro y aterrador sea ser viejo y estar loco, no tener las herramientas para lograr levantarse de la decadencia y morir sin saber qué ocurre en el mundo. No lograr controlar los esfínteres y tampoco la mente, sentir que en cualquier lugar puedes dormir, hacer del baño, comer o morder a alguien. Creer que a nadie le importa lo que ocurre con tu vida y, al mismo tiempo, saber que muy probablemente eso es verdad. 

Eso es básicamente lo que ocurre en Prestwich, al norte de Manchester, donde Gordon Charles Montgomery y Mark E. Smith hicieron un proyecto fotográfico que retrata lo que nadie quiere ver, lo que a muchos nos da vergüenza aceptar y preferimos ignorar. Una serie tomada desde finales de los 70 y principios de los 90, en el hospital de Prestwich, el asilo y manicomio más grande de Europa mientras Gordon trabajaba como plomero.


Esta serie lo convirtió en un artista nunca descubierto, en alguien que mostraba el lado más cruel y extraño que tenían que vivir día tras día los adultos mayores. Llenas de temperamento e intuición, estas fotografías retratan diferentes aspectos que nunca imaginamos que se vivieran dentro de un asilo. Las imágenes son cercanas, objetivas y con un toque de nostalgia que nos recuerda aquello que vivieron los ancianos en esos momentos. Un desorden local inimaginable, fotografías personales que nos muestran cómo solían o suelen trabajar los hospitales psiquiátricos y asilos en casi todo el mundo. 


Gordon Charles Montgomery no tiene influencia de ningún fotógrafo, se unió al equipo del hospital en 1979 cuando tenía 30 años y en ese tiempo tomaba fotografías en los bares locales mientras buscaba el momento de sorpresa en sus retratados. Más tarde, los corredores del hospital llamaron su atención: la luz era ideal y comenzó a tomar fotografías de lo que ocurría, sin mucha sabiduría o reflexión.


Cuando no tenía trabajo, se paseaba por el hospital mientras le tomaba fotos a todo. Pero por más de 30 años, sus imágenes quedaron relegadas a un portafolio cerrado, sin mostrarle a nadie la grandeza de sus tomas. Nunca pensó hacer algo con ellas pero de pronto, empezó a seleccionar imágenes y se dio cuenta que no todas eran tan malas como imaginaba. Recordó todo lo que vivió en esa época: su divorcio, sus viajes en ácido o cuánta marihuana fumaba al día.

Hacía fiestas en el cuarto de calderas, con vino, cervezas, música de Frank Zappa y Kevin Coyne, fiestas que no planeaba. Siempre creció en la ciudad de Prestwich y como todo habitante de la ciudad, había oído los rumores de los habitantes sobre el lugar misterioso donde se encontraban pacientes con enfermedades mentales. 

Pero cuando comenzó a trabajar ahí, se dio cuenta que no todos están tan locos como pensaba. Algunos eran violentos y peligrosos, pero otros simplemente tenían su mente en otro lugar. Cuando las enfermeras los sacaban, entraba a sus habitaciones o les tomaba fotografías. Todas las historias aterradoras de los niños de Prestwich eran mentira

Muchos pacientes nunca hablaron con él, cada uno de ellos era diferente pero más tarde, cuando todos se sentaban en sus habitaciones, hablaban sin parar. Cada uno de ellos tenía relaciones con otros, muchos se masturbaban sin parar, hombres o mujeres por igual, este fotógrafo nunca había visto a tantas personas hacerlo como en su estancia en ese lugar.

Más tarde, a principios de los 90, perdió su trabajo por posesión ilegal de marihuana. En ese mismo instante debía lidiar con su divorcio y se sentía horrible, su cámara de pronto atravesó la ventana y permaneció rota en el piso de la acera por algunos días. Cuando esto ocurrió, su carrera fotográfica acabó. Ahora sólo toma fotos con su teléfono Nokia.

 


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Referencia: Vice

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