La instagramer que reveló por qué su vida es una mierda

Su mayor aspiración era tener cientos de likes en Instagram. Los ganó. ¿Y luego qué?



Conseguir seguidores en las redes sociales es una de las tareas más arduas en la vida de cualquier millennial. Necesitas ser ingenioso, tener gracia, ser atractivo, seguir alguna filosofía de vida interesante y estar a favor de las causas sociales. Puede que a simple vista parezca fácil o que cualquiera puede hacerlo; sin embargo, es tan difícil que en realidad pocos logran vivir gracias a la vida que muestran en Internet.


Echa un vistazo a tu feed de Instagram y omite las cuentas de famosos, ¿qué ves? La comida de tu mejor amiga, el perro de tu compañero de escuela, la última noche de fiesta de tus amigos, el viaje a la playa de tu primo y las fotos de los conciertos que frecuenta tu compañero del trabajo. Hasta ahí todo parece normal, pero la finalidad de subir fotos es mucho más profunda que simple entretenimiento.



El periódico The Telegraph recopiló una serie de estudios que revelan las razones por las que subir fotos a Instagram, Twitter, Facebook y cualquier red con tanto fervor se ha vuelto una necesidad. Esto es por la desesperación de sentirse aceptados y bien recibidos. En estas publicaciones se ve reflejada la inseguridad y una búsqueda de aprobación de los amigos. Si por algún motivo esto no funciona, las personas se sienten frustradas y avergonzadas al grado de caer en depresión y sufrir por un tiempo. Éste es, desafortunadamente, uno de los factores comunes entre los millennials, por lo que si estás en tus veintes (un poco más y un poco menos) entenderás perfectamente esta situación.



No está mal querer ser aprobados por medio de un like o una etiqueta, el verdadero problema llega cuando esto se convierte en una obsesión extrema que puede causar daños psicológicos, físicos y económicos. Existen influencers —como mejor se le conoce a los famosos on line— que en su búsqueda de aprobación cometen actos que ponen en riesgo su integridad. Y es que, siendo realistas, debe ser maravilloso llevar una vida en la que todos los días comas en un restaurante diferente, pasees por una ciudad diferente cada tres días y salgas de fiesta con otros influencers o famosos. Debe ser bueno recibir objetos de las marcas más importantes ya que las nuevas estrategias de publicidad se enfocan en este tipo de público, pues en la actualidad lo millennials son la mayor parte de la población, mismos que consumen esto medios.



Ejemplos, tenemos muchos: los youtubers que se han ganado cientos de seguidores con videos que no siempre tienen contenido rescatable, los memes y los instagramers, quienes gastan una fortuna en locaciones para sus fotos, en alimentos para sus stories y en mascotas que demuestren su afecto y cariño, como es el caso de Lissette Calveiro, la mujer que gracias a su carrera como influencer en Instagram se quedó sin dinero y con una deuda bastante alta que le valió una horda de haters y falsas cuentas que le seguían para molestarla.


Quizá te preguntas cuál fue su historia. Resulta ser la misma que en muchos otros casos: Calveiro se mudó a Nueva York para realizar sus prácticas profesionales en 2013, entonces tenía 21 años y un sinfín de sueños por cumplir. De pronto comenzó a sentirse en un episodio de Sex and the City, New Girl, Friends, How I Met Your Mother o cualquier serie en donde todo es perfecto. Sin embargo, se dio cuenta de que necesitaba ingresos bastante altos para mantener ese estilo de vida. Por lo que decidió comprar prendas de muy bajo costo para verse diferente cada día, comía en lugares diferentes y viajaba constantemente con el único objetivo de subir fotos a Instagram, las cuales llenaba de hashtags para conseguir seguidores. Lo cierto es que eran fotos realmente aspiracionales que terminaban teniendo cientos (y miles) de likes.



Mientras que su vida virtual comenzaba a triunfar y a acaparar la miradas, en la realidad, ella comenzaba a sufrir las consecuencias, principalmente económicas. Así, tuvo que conseguir otro empleo de medio tiempo cuyo sueldo estaba dedicado a los lujos y adquisiciones exhorbitantes que luego de un tiempo tuvo que pagar con intereses. De este modo, viajó a Europa, a otras partes de Estados Unidos y de América.


De pronto, decidió que no podía seguir de esa manera y optó por dejar la vida de lujos y comenzar una normal, una en la que dejó de comer en lugares carísimos, ya no viajaba tan seguido y sus outfits eran repetidos. Entonces entendió que subir fotos en las que contara su testimonio de la obsesión por likes y aceptación era mucho más benéfico para todos.



Esto sólo nos dice que cada vez hay más personas obsesionadas con mostrar una vida —quizá de mentira y llena de falsos momentos— que luce bien frente a una pantalla. Lissette Calveiro es una más, pero alrededor del mundo existen muchas personas que sufren de los excesos de las redes sociales.


Justificarse diciendo que todo fue por no estar consciente de lo ocurrido y que las redes sociales ciegan, es una excusa. Gastar dinero en lujos innecesarios no puede tener un pretexto si no es desorganización. Las actividades que se realizan deberían mantenerse en la memoria, no en las redes sociales, y aunque pareciera un argumento un tanto decadente, la vida no puede medirse en likes, porque como mencionamos con anterioridad, mostrar una vida irreal en las redes sociales es sólo una señal de falta de autoestima, así como de una verdadera necesidad de atención, misma que jamás podrá compensarse con los excesos ahí mostrados.