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María Juárez, la artista que escondió poemas entre sus fotografías

26 de enero de 2018

Cultura Colectiva

María Juárez no sólo retrata paisajes o escenarios melancólicos, también hace fotos más humanizadas, con rostro o sin él.



Dicen que se describen las cosas mucho mejor con poco discurso. Muchos creemos en eso, y también en aquello de que una imagen vale más que mil palabras. Con esto en mente, podemos comenzar a hablar de María Juárez. Esta fotógrafa almeriense, de corta edad pero de larga trayectoria artística.


Si visitas su
página web
notarás que gusta de mezclar su pasión antropológica con un apego sublime por la línea adecuada, el claroscuro visceral y la luz en cada territorio que pisa. Con la fotografía de La Juárez estamos frente a poemas; cada una de sus fotos son pura poesía, y hasta en las más banales y repetitivas siempre podemos encontrar algo que está ahí, pero que no podemos ver del todo.








La siguiente fotografía es muy simple: una piscina perteneciente a una casa o cortijo cercano a la costa de Almería; pero evoca cómo valoramos el tiempo en este rápido planeta casi muerto. La foto nos lleva a varias referencias: desde
Swimming pool
de François Ozon, hasta
Canino
de Yorgos Lanthimos, pasando por Lucainena de las Torres.





Esa sencillez mezclada con un amor, a veces excesivo, de la línea perfecta/imperfecta de cualquier cosa que nos rodea es lo fascina de la artista. Es ese poema visual al que ella nomina con muy pocas palabras, pero que lleva dentro más información que lo que un iceberg deja debajo de la línea de agua. Es también un sueño, una verdad, una palabra hecha toda en un simple encuadre.







María Juárez no sólo retrata paisajes o escenarios melancólicos, también hace fotos más humanizadas, con rostro o sin él. En retrato simple como en foto de boda, retrato de la vida diaria o de una parte del cuerpo tampoco nos quedamos indiferentes. La pose más natural, dentro de la no naturalidad de una pose, conduce nuestra mente a otro sitio, crea un poema al que le damos ojos y cara para que pensemos en el porqué de tanta belleza.








Sus fotografías cuentan historias incompletas por el tiempo, resultan un juego en el que no aparece rostro y, sin embargo, se dibuja sutilmente deambulando en el cubo colgado de las ramas de ese árbol medio desnudo, en la maceta caída a los pies de la silla blanca de plástico duro tan conocida en el sur de España. Vemos a la última persona que se acercó a poner una manta sobre el capó de ese coche demolido. Vemos por todas partes sin parar de mirar y no nos cansamos de las fotos de María Juárez, porque siempre hay algo más allá.





Allí está ella, es su
Instagram
, en su
página web
, en Granada, en Almería, en un cementerio cualquiera, en casa, con el abuelo, en la boda, en Cabo de Gata, en el interior poco iluminado o sobre la sombra que corta la pierna de la bella Ini o el etéreo rostro de Letizzia. Encontrarla es fácil, pero es más fácil todavía seguirla sin cansarse. Y para ello no se necesitan demasiadas palabras. Es más simple que eso y sólo tienes que hacer un pequeño
click
y mantener los ojos abiertos.







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El texto anterior fue escrito por Francisco Secci.


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Si quieres saber más sobre fotografía, descubre qué significa la fotografía más machista de nuestra historia y conoce las fotografías que hacen una oda a las líneas y pliegues de tu cuerpo imperfecto.



TAGS: fotografía en blanco y negro fotografía femenina fotografías de naturaleza
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