México: la ciudad destinada a morir por siempre

Jueves, 24 de septiembre de 2015 7:58

|Alex Campos
ciudad destinada a morir

Era el paraíso. Circundada por bellos montes y volcanes, el gran valle resguardaba la joya de toda una tierra. Los aztecas eligieron el montículo entre las lagunas; el lugar marcado por los mismísimos dioses para el desarrollo de su civilización predilecta. Los españoles cayeron en la gran tentación del reflejo de las grandes pirámides en la laguna, de los tesoros de oro, cacao, jade y plumas, y a pesar de la magna destrucción, la ciudad renació de entre las ruinas. Cual ave fénix, la gran ciudad encontró su nuevo camino a partir de la sangre y la muerte de cientos de miles. Volvió del Mictlán para morir de nuevo, con cierta regularidad, y cada vez de manera distinta; algunos dicen que a modo de sacrificio y tributo hacia sus creadores, y otros más argumentan que cumple la pena de una maldición. A pesar de los intentos de reinventarse, de evitar la condena divina, la ciudad se rinde y cae: guerras, sismos, inundaciones, matanzas estudiantiles, sobrepoblación. La entropía se apodera de una ciudad maníaca que contagia a todo lo que en ella habita. Edificios caen, vidas vienen, gobiernos mienten, la gente se enfurece... pero el color de la tierra sigue siendo el mismo. Es ahora la ciudad la que pide sacrificios.

La ciudad de los palacios murió hace tiempo. La capital que maravilló al explorador Alexander Von Humboldt fue tragada por el demonio del progreso, arrasada por las ideas de construir una nueva capital, moderna, llena de dinamismo y rasgos de urbanidad. Como hiciera el viejo México con la enterrada Tenochtitlán, la urbe moderna reemplazó todo rasgo del antiguo hogar. La nueva Ciudad de México también tuvo sus encantos, el futuro se sentía con cada losa de concreto, viga, hormigón y varilla. ¿Qué podía salir mal? El fénix no despertó a tiempo, la nueva forma de entender la ciudad se comprendió demasiado tarde, originando una perversión citadina, una corrupción urbana y la prostitución del espacio público. Caos. Contaminación. Tráfico. Sobrepoblación. El futuro ahora huele a drenaje, basura y humo de escape. El fénix crece, lucha contra el tiempo antes de verse colmado por sí mismo. ¿Podrá sobreponerse esta vez a su fatal destino? 

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Ahora sólo resta rendir un tributo hacia esa ciudad que fue, que vive en las fotografías y en el recuerdo de quienes incluso nunca la conocimos. Una ciudad que, a pesar de su enfermedad y su degeneración, deja huellas y marcas para quienes se atreven a escarbar entre los escombros del futuro.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Todas las fotografías fueron tomadas del Facebook de La Ciudad de México en el tiempo.

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