Fotografía

Fotografías con las que te identificarás si te sientes perdida, sola e incomprendida

Fotografía Fotografías con las que te identificarás si te sientes perdida, sola e incomprendida



Las palabras nunca son adecuadas y los momentos nunca son exactos. Quien piense lo contrario, esté esperando a que llegue el tiempo correcto, indicado o como quiera llamarle, está en uno de los peores errores de la especie humana; la precisión del habla y de los relojes nunca es del todo cierta. Cuando exclamas a la perdición como una de tus circunstancias o más grandes características, cuando reconoces a la soledad como un marco de eternidad para tu calendario, ¿estás completamente segura de que esas conceptualizaciones o vocablos designan con puntualidad lo que te sucede al andar? Así como la felicidad resulta un sustantivo abstracto al pronunciarse, que escapa de cualquier formalización cabal para que le podamos advertir con facilidad, lo mismo ocurre con estas otras emociones que carecen de nitidez para el ojo humano, que no se hallan siempre iguales de cuerpo a cuerpo o de un escenario a otro.

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En muchas ocasiones hemos hablado, ya sea con la fotografía como pretexto o llevados de la mano por un libro o una película, acerca de los diferentes estereotipos o imágenes que tenemos de la mujer en su psicología multifacética –lo que sea que esto signifique–, además de las duras expectativas a las que dicho género debe enfrentarse a diario; pero, ¿será que en ese afán por escudriñar con aire libertarios, alimentamos aún más ese imaginario donde el sexo femenino asimila como normal o cotidiano vivir la depresión del mundo? ¿No sostenemos con mayor fuerza la asimilación de ciertas palabras en el cuerpo cuando en realidad tendríamos que destruirles?

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El trabajo de Nadia María, fotógrafa brasileña y artista contemporánea de lo visual, retoma efectivamente ese ideario de la mujer melancólica, extraviada, incluso vacía, pero en un aire constante de belleza y de interpretaciones varias que no sumergen a la protagonista de cada toma en un escenario inamovible de lectura; es decir, aunque como espectadora puedas identificarte en muchas fotografías por la concepción heredada que tenemos de cómo deben verse los rostros confundidos y las almas estrujadas, su producción te dirige en todo momento a un paso más allá de la tristeza.

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A partir de imágenes difusas y luces prácticamente cegadoras, Nadia destruye poco a poco, en todas sus capturas y en lo que podríamos considerar una renuncia a la materia finita o el referente perpetuo, la noción de que un acongojo, un abatimiento, se mantiene constantemente igual, que a todas las mujeres les presiona el pecho o les seca la garganta el mismo motivo con las exactas características.

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Siguiendo la fotografía de Nadia María, se inaugura la pregunta de si es entonces precisa la denominación de ciertas emociones cuando se les liga a la mujer o, más radical aún, si en verdad sabemos determinar o simpatizarnos con el dolor ajeno cuando le vemos en nuestro propio género o sus opuestos.

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Si bien es cierto que Nadia tomó su experiencia de maternidad o sus sorteos diarios para generar una serie como “Perfume”, su lente no es restrictiva si lo que pretendemos es abrir la discusión en torno a la soledad o la incomprensión. De hecho, recurre tanto a la poesía y al lenguaje de los símbolos y la mística, que el entendimiento de lo que señalamos como perdido o desolado en el ser mujer se extiende por un campo más amplio de infinitas posibilidades, un terreno donde la melancolía puede entenderse así como goce máximo o en el cual la pesadumbre no necesariamente se ejemplifica con lloviznas y camas vacías.

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Abrirnos al misterio de sufrir y, sobre todo, desnudarnos ante las ansiedades del género –pertenezcamos o no a él– no es para nada complicado, es simple empatía humana, un poco de conciencia hacia la oscuridad que como especie estamos siempre vulnerables a coger y que los porqués de dicha penumbra son mutables, etéreos, íntimos, de escasa globalización e inclusive de potencial alegría. Aún cuando refiramos a ciertos movimientos en nuestro interior como perdición, destierro y desavenencia, al final son palabras o signos que no retoman del todo al acontecer en sí o consideran las aristas infinitas de un sentimiento. La fotografía de Nadia María se suma a este ejercicio de multivisualización y desenmascaramiento de las verdades, así como lo ejerce Kourtney Roy y Todo lo que no debemos esperar de las mujeres en 30 fotografías de tormento y erotismo, además de otras Fotografías de mujeres inseguras y perdedoras como tú tomadas por Chloe Sheppard.

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Para conocer la obra completa de Nadia María, ve a su sitio oficial.






Referencias: