Erotismo e incomodidad: qué es lo que ve un voyeur en el metro de la CDMX

Jueves, 14 de diciembre de 2017 13:49

|Eduardo Limón
nirvana paz voyeur del metro

Nirvana Paz cuenta con uno de los work-in-progress más interesantes de la ciudad; 'Voyeur del metro' es un ensayo que escapa de los guiones y nos muestra lo oculto en lo cotidiano.

Las implicaciones del ser un voyeurista, estrictamente, tienen íntima relación con un disfrute sexual; si quitamos esa carga –el carácter carnal– y sólo dejamos el placer o el goce por ver al otro, mucho de la actividad de ser fotógrafo tiene que ver con un placer individual. En conversación con Nirvana Paz, fotógrafa de talla mundial y diversos reconocimientos y exposiciones en México y el mundo, nos habla sobre su proyecto voyeur del metro; la artista nos recuerda a través de esta serie de fotografías y piezas audivisuales que, como humanos, como seres que compartimos fragmentos de humanidad e intimidad en las redes de lo público. Que como espectadores de ese fondo, ya sea como transeúntes o fotógrafos, vemos lo que nos interesa, sin olvidar que lo que nos interesa es lo que somos, lo que nos define, en mas de un sentido.




Entre ver y mirar

 

Nirvana Paz: Me alegra que hables de mirada mas que de visión. Fotografiar en sentido voyeur se trata mucho más que de sólo ver al otro; en la diferencia entre ver y mirar reside todo. La atención fijada y el estudio puntual es un contraste. Si bien muchas veces los mirados en el metro no se percatan de mi mirada sobre ellos, muchas otras sí; sin embargo, no ha habido ninguna interpelación por ello. Al contrario, de alguna manera se ha establecido un diálogo –de tan sólo unos segundos, quizás– donde he sentido que me permiten seguir presenciando, seguir mirándolos».



 

Eduardo Limón: Si tal vez sólo se supieran vistos, los usuarios del metro actuarían de manera cotidiana; pienso que al saber mirados, dedicadamente observados, el performance comienza y el registro se convierte en obra.

  

El juego de ver y ser visto

 

Paz: Un espacio público como el metro está pensado y planificado para que sea de tránsito; sin embargo, hay una apropiación del espacio en donde momentos de intimidad se suceden. Tantos como personas que lo transitan. Ése es el tema que realmente interesa; mirar esos pequeños gestos que certifican nuestra existencia como individuos. Más que tratarse de un trabajo sobre el metro –ya que el metro resulta ser el escenario idóneo para mirarnos, reconocernos y diferenciarnos–, lo que en ese espacio sucede tiene que ver más con procesos y emociones. La empatía y reconocimiento por medio de la imagen, ya sea fija o en movimiento, supone asumirme como parte de lo que miro y es mirado.




Limón: El voyeurismo –tanto en sentido estricto como en carácter artístico– es una acción que implica el conocimiento de que todos miran y son mirados; es la exaltación de observar algo que nos compone en un cuerpo que no es el propio.

 

Sobre los límites

 

Paz: La fotografía siempre es una interpretación; por más que nos parezca lo contrario. En este trabajo es fácil engañarse creyendo que lo que vemos es, al ser un acto voyeur, lo que realmente es. Sin embargo, es sólo mi mirada sobre aquello que creo trascendente y habla de la intimidad del otro. Una creencia presentada como una verdad. Tal vez, lo interesante es lo que sucede al ver los videos, la posición que tomas como espectador, ¿son estas imágenes un espejo?



 

Limón: La fotografía, por más documental que ésta sea, es sólo una mirada mediada de lo que acontece. No es más que el ojo puesto en una de las faces que tiene la forma o el acto ocurrido. – Limón

 

Perdidos entre ojos

 

Paz: Algo patente de este proyecto no es sólo mi mirada, es el mar de ojos en el que en una ciudad como ésta navegamos. Vemos a otros y somos vistos por cientos de miles. Detenerte a mirarlos con parsimoniosa calma es la diferencia; de ahí, que lo importante de hacerlo en video sea el factor tiempo que una imagen fija no permite. El video enriquece ese viaje del ojo. De alguna manera es la misma calma de cuando te miras en el espejo.




 

Limón: Sabemos que somos observados, deseamos serlo para poder exaltar eso que nos hace nosotros; retratar en movimiento es una posibilidad para advertir que todos queremos eso, pero que fácilmente se nos olvida y entonces otorgamos datos fuera del guión.

 

El encuentro

 

Paz: Con Voyeur del metro no se busca construir y menos aún instituirse una mirada universalista o atemporal de lo expuesto. Todo es resultado de quién soy, dónde estoy y el momento en que nos cruzamos los involucrados.




Limón: La narrativa de Voyeur del metro no es única; en ella confluyen distintos factores, especialmente los que unen a la mujer detrás de la cámara y quiénes le advierten de esta forma.


Erotismo

 

Paz: Sin duda, hay una sexualización de la mirada; la misma que nos permite tener vergüenza o culpa de algunas cosas que podemos ver o no. En este proyecto no lo identifico de esa manera; aunque hay un vínculo importante con lo que en psicoanálisis se le llama pulsión escópica –donde el mirar es el objeto de deseo más que lo que se mira–, lo que sí puedo decir es que hay una importante dosis de excitación, de emoción y adrenalina cada vez que mi mirada queda registrada en un video o foto fija.



 

Limón: Erotismo no es una palabra aquí entendida en las líneas de lo sexual. Es más bien un acto o un vínculo guiado por el entusiasmo, la tranquilidad, el reconocimiento y la atracción de los detalles íntimos. – Limón

  

Lo raro

 

Paz: En este trabajo lo “raro” no me atrae tanto como aquello que, por invisible, me parece excepcional: una mirada, unas manos aburridas, un gesto desconcertado, una mujer apunto de llorar, el agotamiento de un hombre al final del día etcétera.



 

Las respuestas

 

Paz: Entre las reacciones de los fotografiados (o de quienes me han visto fotografiar en el metro), sólo una vez se me acercó una chica –que me encantaría esté leyendo esto–, de quien me pareció maravilloso su cuidado al acercarse para preguntar qué estaba haciendo. Me vio mientras yo grababa a otro. Compartimos palabras. Le agradezco su interés y preocupación, su afán –como ella me lo dijo– de cuidarnos entre nosotros.



 

La presencia de la cámara

 

Paz: No hace mucho hice fotografías con mi cámara réflex en el metro (por muchos meses). Hoy encuentro una marcada diferencia, con el celular ha sido aún mas fácil; no es en absoluto intrusivo y aprovecho para ir escuchando música.



  

La violencia de una cámara voyeur

 

Paz: Creo que a mí –y muchos estarán de acuerdo conmigo– nos violenta mucho una cámara fotográfica de la que desconocemos procedencia o el fin que tendrá lo que con ella se registre. No tengo ningún reclamo ante la posible molestia de quienes grabo; lo entiendo. Estamos rodeados de cámaras de vigilancia y muchas otras variantes. En el mismo metro está grabándose nuestro transitar minuto a minuto, pero siempre habrá una diferencia entre grabar a alguien para burlarse o humillarlo en todos los medios, para sistemas de seguridad incluso, y por otro lado, buscar construir una narrativa de nuestra colectividad y sus múltiples rostros individuales.




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La relevancia que hoy adquiere el trabajo de Nirvana Paz radica en que sus esfuerzos por construir un relato sincero, fuera de la censura, alejado de lo policiaco mas no de lo político, es también un ejercicio por desmitificar a la sociedad mexicana. Inclusive, por romper con los estigmas de los espacios ultracompartidos de la ciudad y rediseñar los arquetipos en que somos incrustados los sujetos de la urbe. En una ciudad donde existen vagones separados para hombres y mujeres, donde pocos espacios son dados para mixturas de cualquier índole entre los ciudadanos, la mirada se convierte no sólo en una curiosidad voyeur –como dice la fotógrafa–, sino también en una forma de nombrar a los individuos por sus particularidades y al mismo tiempo nombrarlos. En el caso particular de la artista, para nombrar un yo-mujer, que transgrede y se posiciona como un ojo capaz de nombrar.

 

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Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Fotografía y Moda
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