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Fotografías de Nuria López: ¿Cómo se vive la homosexualidad en el Istmo de Tehuantepec?

18 de noviembre de 2017

Julieta Sanguino

La identidad de los muxes es tan clara que tienen roles específicos que van desde iniciar en la vida sexual a los hombres hasta la confección de vestidos.



Empiezas no a vivir en el cielo o vivir entre las nubes sino, al contrario, en la tierra, sobre la misma misma comunidad que te acepta y te apapacha y, obviamente, ves el mundo muy diferente, no rosa pero sí de colores.


Muxe cuenta su experiencia de vida en documental para National Geographic.



En el antiguo zapoteco no había una palabra para referirse a los hombres y las mujeres: la-ave, para aludir a las personas; la-ame para los animales; la-ani para cosas inanimadas; sin embargo, la colonización trajo consigo la imposición del lenguaje español que al mismo tiempo separó a los dos géneros: él y ella. Fue en ese momento, según diversos textos académicos y periodísticos, que comenzaron a llamar muxes a los muxes.

Conocidos desde tiempos prehispánicos y residentes del Istmo de Tehuantepec, los muxes son considerados un tercer género. Hombres que asumen roles femeninos para crear la identidad muxe y, como ellos mismos aseguran, la dualidad más potente: fuerza masculina y sensibilidad femenina.



En esta región de Oaxaca, México, tanto la organización general de la comunidad y la sociocultural crean tradiciones, identidad étnica y le dan un gran poder simbólico a la mujer, por lo que las funciones y tareas de los muxes son reconocidas socialmente y su papel dentro de la comunidad está legitimado.



Así, la homosexualidad, el travestismo y el afeminamiento no son mal vistos. De hecho, de los 75 mil habitantes que viven tan sólo en el pueblo de Juchitán, 5 mil son muxes. Se dice incluso que cada familia tiene uno y si no, le gustaría tenerlo pues, en una familia tradicional, suele ser considerado por la madre como el mejor de sus hijos.



En muchas ocasiones, como parte de sus tareas, los muxes enseñan los trucos y secretos sexuales a los varones. Las mujeres deben permanecer vírgenes hasta el matrimonio y para practicar las artes amatorias, los hombres acuden con un muxe, quien se encarga de ayudar a que el sujeto experimente y construya su sexualidad. Muchos de los hombres del Istmo tuvieron relaciones por primera vez con un muxe.



Esto, de ninguna manera se considera un acto homosexual; simplemente es parte de una tradición que los zapotecas han seguido de generación en generación; sin embargo, en últimas fechas la inconformidad y el recelo de que una de sus tareas primordiales sea prestarle su cuerpo a alguien más, ha hecho que los muxes comiencen a considerar si es adecuado. En una entrevista con el Huffington Post, Binizia Carrillo, una de ellos, asegura:

«
Simplemente somos cuerpos que se prestan para que los hombres se inicien sexualmente
»
.



Pero también tienen otras responsabilidades: una sociedad matriarcal marca de modo intenso los preceptos, las tradiciones y las costumbres en esta parte de México, por lo que el muxe tiene respaldo de las mujeres y ayuda en las tareas domésticas: muchos de ellos se encargan de la confección de vestidos, otros ayudan a hacer la comida, colaboran en tareas del hogar, dirigen bailes y, en otras ocasiones, son los encargados de cuidar a los niños o a los viejos.




De hecho, por esta última labor, en muchos hogares oaxaqueños se les considera una bendición; el muxe lleva en sus hombros la responsabilidad de cuidar a sus padres cuando éstos sean mayores. Casi todas las familias tienen un muxe y si no, en ocasiones la familia encamina la personalidad de un varón para que adopte esta identidad.


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Estas fotografías son parte del trabajo de Nuria López, fotógrafa española que se centra en documentar las diferentes formas de vida alrededor del mundo; siempre con base en la antropología para visualizar problemáticas como la identidad, el género, la violencia, la mujer y la sexualidad. Si quieres conocer más de su trabajo, visita su página de Internet aquí.



Así, aunque los muxes del Istmo de Tehuantepec son apreciados en todos los ámbitos de la sociedad, aún existen pequeñas piedras en su camino: propagación del VIH, el uso de vestimenta que algunas mujeres tehuanas dicen que sólo deberían portar ellas y el estigma de ajenos. Si bien es cierto que esta región de México es probablemente el mejor lugar para ser aceptado si eres homosexual, aún hay mucho trabajo para lograr normalizar cualquier orientación sexual.


TAGS: México homosexuales serie fotográfica
REFERENCIAS: National Geographic Huffington Post

Julieta Sanguino


Subeditora General

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