Borges en un mingitorio y 249 fotografías más de escritores en América Latina

Martes, 23 de enero de 2018 16:26

|Carolina Romero
rogelio cuellar

Rogelio Cuéllar: el creador de la memoria fotográfica del México contemporáneo.


Rogelio prepara café. Entre pequeñas esculturas, libros y cuadros apresura su paso hacia la mesa donde junto con María Luisa, su pareja, espero nerviosa para entrevistarlo. Al acercarse, por fin, abro mi libreta y leo la primer pregunta. Paciente y completamente accesible, él la contesta con energía y entusiasmo. Apenas puedo creer que los mismos ojos que ahora intentan explicarme cómo comenzó por el camino de la fotografía sean los mismos que alguna vez retrataran a Cioran, Cortázar y Borges.


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Julio Cortázar

 

El ánimo de su manera de responder me hace olvidarme del cuaderno que guiaba mis preguntas. Lo cierro y escucho:

 

Durante la primer visita de Borges a México, Cuellar trabajaba como freelance en Revista de Revistas —dirigida entonces por Vicente Leñero—; decidido a fotografiarlo, lo esperó en el aeropuerto y desde su llegada, no se separó de él. Durante los días en que el autor de El Aleph estuvo participando en mesas redondas en San Ildefonso entablaron una relación cercana.


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Jorge Luis Borges


El escritor argentino veía ya con dificultad, y bautizó a Cuellar como “El Duende”. Alguna vez, el fotógrafo acompañó al escritor al baño. La larga fila de mingitorios y la particular posición donde se encontraba el cuentista porteño construían una imagen perfecta. «Lo hago, o no lo hago» dudó Cuéllar. Al final, no sin cierto temor, lo hizo. Al escuchar el click de su Pentax, Borges —completamente desenfadado— dijo «ya el duende está haciendo travesuras».


Aunque en apariencia trivial, este hecho es revelador: la fotografía y la anécdota misma desmitifica a una de las plumas más importantes de la literatura universal, nos muestra a un Borges humano, perfectamente humano. Sólo un fotógrafo como Cuéllar pudo haber logrado algo así.


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Carlos Fuentes

 

El fotógrafo continúa, explica cómo no le gusta trabajar con luces artificiales; es la luz del sol la materia prima con la que dibuja sobre los pliegues y la superficie de las pieles del universo de escritores y aristas que ha retratado; habla sobre su preferencia por las lentillas de acercamiento en lugar del zoom. Ambos aspectos son sumamente relevantes en su obra: el primero, habla de un estado natural de las cosas que el fotógrafo —gran maestro de la luz— domina por completo, y por el otro, que la cercanía con el otro no es superficial, sino físicamente real . «No creo un estilo, lo descubro», reflexiona.


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Mario Benedetti

 

Se adelanta a una pregunta que tengo preparada —«¿cómo hace que sus retratos sean sustancialmente diferentes que el resto de las fotografías?»— y revela que el secreto está en la mirada. «Al mirar, se establece una corriente eléctrica», dice. Los retratados no miran hacia la cámara, sino hacia Rogelio y es entonces cuando sucede la conexión. El retrato, puntualiza el fotógrafo, es una complicidad entre el sujeto retratado y el fotógrafo. No hay retrato —si éste es bueno— que sea impersonal; una instantánea donde los gestos, la postura y la composición está planeada logra el bosquejo de un personaje, pero no captura la escancia de una persona. La diferencia es que sólo con la conexión, el retratado puede mirar la foto y reconocerse en ella.

 

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Octavio Paz


Renato Leduc, Carlos Pellicer, Efraín Huerta. Octavio Paz, Juan Rulfo, José Revueltas, Rosario Castellanos. Carlos Fuentes, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska… son algunas, y sólo algunas, de las almas que la cámara de Cuéllar ha invadido desde el diafragma de su cámara.

 

Hay algo más, cuenta: son retratados en sus propios espacios, que es donde ellos están habituados y se desenvuelven con familiaridad. Algunos están (o estaban) trabajando en sus obras, lo que implica una inmersión aún más profunda en sus espíritus. El trabajo de Rogelio requiere de entrar en la vida íntima de estos grandes genios y raptar algo de su esencia.

 

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Pita Amor


No por nada, los artistas y escritores son cautelosos. No todos se dejan fotografiar. Pero Rogelio es constante, sabe que el esfuerzo de una vida valdrá la pena; no en balde, pasó fotografiando de espaldas a Francisco Toledo durante 20 años, hasta que este accedió a mirarlo de frente y se logró un close up maravilloso y memorable. 

 

Cuellar no es nada más un fotógrafo, es el creador de la memoria fotográfica del México contemporáneo. Fueron sus ojos y sus manos las que han dado forma al imaginario nacional de las mentes más brillantes y el talento más diestro, ese que marcó el camino de nuestro país hasta la era que vivimos.

 

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Juan José Arreola


Recientemente, junto con otros colaboradores y el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, realizó la digitalización de todo el material que ha reunido en sus 50 años como fotógrafo. Bajo la dirección de Juan Carlos Oliver y la investigación de Valeria Vega, el proyecto 250 retrataos de la literatura mexicana digitalizó 10 mil negativos, de 250 instantáneas de escritores. Sin embargo, estiman que ha retratado a más de 400 personajes que suman 50 mil negativos.

 

Después de la tercera taza de café —que es, por cierto, uno de los mejores que he probado— Cuéllar me explica que el retrato de creadores no es lo único en lo que se ha decantado su trabajo; el paisaje rural y urbano y el desnudo fotográfico son también parte esencial de su carrera.


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Elena Pontiatowska

 

«El fotógrafo edita parte de la realidad», dice al final de la charla. Comprendo entonces que la tarea del artista es elegir un pedazo de la realidad, seleccionar los elementos y al disparar sobre ella en el instante decisivo del que ya había hablado Cartier-Bresson.

 

Conoce el catálogo de 250 retratos de la literatura mexicana aquí.

  

Si quieres aprender más sobre fotografía, descubre cómo es la vida de una mujer iraní en bajo la lente de Shadi Ghadirian y mira el significado de la desesperación y pobreza de los niños de la India.

 

Carolina Romero

Carolina Romero


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