30 años de sexualidad perversa y arte queer en 28 fotografías

Miércoles, 3 de enero de 2018 17:22

|Diana Garrido

El voguing siempre será el baile de la sexualidad, de los movimientos sugerentes y de la perversión, pero de la manera más artística que estos puedan ser.


Todo muchacho joven en los sesenta que no bailara “El Madison”, era considerado aburrido, antisocial o pertenecía a la raza afroamericana o latina.



Ante el evidente racismo, estos sectores optaron por crear su propia diversión. Nacieron entonces, los llamados ballrooms de Harlem, en donde se reunían a bailar en épicas batallas de caderas incesantes, pies enloquecidos y cinturas inquietas que hacían de estos lugares los más divertidos de la zona. A su vez, ellos mismos se dividían en varios grupos y sectores, entre ellos, la comunidad queer. Sin embargo, solían ocultarse incluso en sus propios barrios.





Poco a poco, lo ballrooms se convirtieron en centros de diversión, principalmente drag. Así llegaron los alucinantes años ochenta, en los que la comunidad queer consiguió que se les viera “normal” o lo que la sociedad consideraba como tal. Es decir, cada uno de ellos era como cualquier otro joven que sólo quería divertirse y bailar sin inhibiciones ni tapujos. Entonces, hicieron gala de la inclusión y lograron abrir los ballrooms para todo tipo de personas. Aún con ello, la comunidad aseguraba que su espacio era de todos, por esto, fueron los latinos los que acudieron al llamado y de pronto era una fiesta multicultural que mezclaba baile, moda, romances fugaces y por supuesto, el voguing.






Levanta la mano, da una vuelta, cubre tu cara con la palma, baja el torso, dobla las rodillas, golpea tus piernas y mueve los pies con pasos firmes y rápidos. Así se hace el voguing. Se trata de imitar las poses de los modelos de la revista Vogue, mismos que hacían de la moda y la industria un espacio más incluyente, lo mismo que querían transmitir con el voguing y los espacios destinados a este baile.


A finales de los ochenta, cuando esta tendencia en bailes era lo más innovador en el mundo, Madonna lanzó la canción “Vogue”, cuyo video difundió la cultura que se daba por debajo de los suburbios blancos y en los que había mucha más diversión y claro, más diversidad. Si el baile ya era una noticia mundial, la reina del pop lo posicionó aún más alto con su atrevido video, en el cual mostraba modelos de todas las razas, sobresaliendo los afromaericanos, creadores y difusores del baile que marcaba tendencia y que señalaban un cambio en la forma de ver a la comunidad queer. Esto no era un baile más, ni una armonía de movimientos excéntricos, era una forma de expresión que indicaba libertad, desinhibición y claro, una fuerte necesidad de dejar de aparentar lo que no eran.





Uno de los creadores de este baile fue Willi Ninja –el cofundador de House of Ninja– un club en el que se bailaba el voguing hasta altas horas de la madrugada; la noche no se terminaba nunca en este lugar. Ninja, junto a Archie Burnett, crearon el baile usando las poses de los modelos como base, pero también mezclaron un poco de artes marciales, ballet, gimnasia y pantomima. Al unirlo, hicieron algo que invitaba a todos a bailar. En ocasiones, no había coreografías, sólo movimientos improvisados y que nacían de lo más íntimo del ser. Para los voguers (bailarines de voguing) originales, la publicidad que hacía Madonna no era de gran ayuda; ya que como toda tendencia, era pasajera; no obstante, se agradecía que alguien con su fama y poder posicionara su forma de expresión.





Para entonces, todos los que frecuentaban el lugar solían tener la mente abierta y el baile era un invitación a ser aún más libres, en especial haciendo referencia a su sexualidad. Por ello, con trajes de lentejuela, plumas y hombreras prominentes se rozaban los pechos desnudos, flecos y cabelleras esponjadas que escondían besos apasionados, lenguas enloquecidas y una empatía de cuerpos que sorprendentemente.


Lucían lo contrario a sexual, es decir, era tan artístico que el erotismo se transformaba en pinceladas en el aire. Eran movimientos perfectamente realizados. Como mencionamos antes, no importaba no llevar una coreografía, bastaba con saberse mover en la pista y tratar de apabullar a los demás o simplemente, dejarse llevar. Sin embargo, justo como lo predijo Ninja, el voguing fue un tanto pasajero como la canción de Madonna. Si bien la seguimos escuchando, no es el #1 como lo fue en su momento y el voguing, de igual manera, se quedó atrás lentamente.





No obstante, en los noventa, renació con una nueva forma de moverse, es decir, con movimientos mucho más dramáticos y hasta exagerados, pero sin perder la esencia vogue. Con ello llegaron nuevas canciones como “Walk For Me” de Robbie Tronco o “Feel This Way” de Robbie Rivera, mismos que definieron a su música y escuchas como algo más allá de "bitchy songs". Eran un soundtrack de poder, control, manipulación, escape y fantasía, ya que no sólo glorificaban a la comunidad queer, también hablaban de la feminidad y la forma en que ellas lograban sobresalir en un mundo machista.


Para entonces, los voguers vestían de maneras mucho más distintas, ya no había sólo hombreras y melenas repletas de spray. También había caras pintadas de plateado, ropa de vinil, sombreros extravagantes y un look espacial. El rosa imperaba en las pistas de baile y los abrigos de peluche, las plumas y las boas eran lo más solicitado. Así, entre abrigos rosas, cejas exageradas y maquillaje en todo el cuerpo, las pistas de baile se convertían en el escenario perfecto para encontrar un amorío casual, amigos entrañables y sentirse libres.





Las competencias, incluso, eran una forma de unir a los grupos y cada vez eran mucho más elaboradas. Los bailes realizados en los sesenta eran una danza armónica, en los ochenta eran una nueva versión del erotismo, pero en los noventa, el voguing se convirtió en una competencia por ver quien hacía un mejor y más complicado paso acrobático, con miras a ser calificado con un 10, más que con el afán de encontrar un romance en la pista de baile. Esto también se debió a la recién controlada epidemia de SIDA que había terminando con la vida de muchos de los que frecuentaban los clubes de voguing. Por ello, lentamente, dejó de ser sexual; no obstante, no es ni fue un impedimento para que el baile desbordara pasión y claro, erotismo.





En la actualidad, tal vez ya no vemos ese fantástico kung-fu aéreo, tampoco hay tanto maquillaje en escena, pero sigue siendo una de las prácticas dancísticas más armoniosas y recurridas de nuestros tiempos. Basta con echar un vistazo a los videos de JLo, Rihanna o la máxima divulgadora del voguing actual: Beyoncé, así como Leiomy Maldonado la llamada “Wonder Woman” del voguing, una mujer transgénero de ascendencia puertorriqueña que hace gala de sus sofisticados y al mismo tiempo, rudos movimientos. Mismos que nos recuerdan que para el voguing no hay un momento específico. Es decir, siempre será el baile de la sexualidad, los movimientos sugerentes y de la perversión, pero de la manera más artística que estos puedan ser.


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Las fotos fueron tomadas de Patrick Demorcheler, de la película Paris is Burning de Jennie Livingston y del libro Voguing: Voguing and the House Ballroom Scene of New York City de Stuart Baker.


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Conoce la belleza transgénero y queer en esta serie de fotografías que te harán vibrar tanto como el neón, la pasión y el amor queer.

Diana Garrido

Diana Garrido


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