22 fotografías para admirar la desnudez y el erotismo de los hombres en Japón

Sábado, 2 de septiembre de 2017 15:12

|Eduardo Limón

La idea de una atracción entre dos hombres es recibida en Occidente como un acto plenamente homosexual; de naturaleza meramente gay. Y eso es un problema, sí, porque estamos perdiendo de vista muchos factores y distintos encauces de la diversidad humana. Pero quizás esto no es un conflicto tan grande como en Japón, donde en efecto, la participación de dos hombres (o más) en un acto o escenario sexual ni siquiera tiene enunciación. Es decir, no existe una palabra exacta o precisa con la cual nombrar eso que parece prohibido, pero es un secreto a voces y, sin embargo, a veces pareciera mejor recibido en su cultura que en la nuestra.



Todo este imaginario de confusiones y lenguaje aparentemente sin rumbo, de representaciones un tanto fallidas, se circunda por un contexto americano y europeo que lleva la batuta en un modelo de libertades, derechos y desarrollos que, si bien no son los ideales todavía, ha sentado las bases para una noción de identidad y género tanto en sentido personal como de inclusión social. En dicho panorama, Japón se sitúa como una sociedad contemporánea y llena de innovaciones, pero aún tradicionalista en su perspectiva de sexualidad; todo a pesar de ser cuna en los últimos años para un quiebre drástico de visibilidad o renuncia al género binario.





Lejos parecen ya aquellos años en que los nipones miraban con aceptación y naturalidad el amor viril o de admiración masculina en situaciones guerreras o espirituales. Recordemos las prácticas sexuales o afectivas de los samurái o los budistas en la antigüedad, y que hoy se tergiversan o pierden su permisividad gracias al yaoi (manga de deseo homosexual enfocado a la lectura femenina) y los doramas (series o telenovelas) que muestran un estereotipo erróneo de la comunidad, ejerciendo un retroceso en la liberación LGBT+ y en las formas de expresión para esta comunidad.





Ante tal situación, que no es nada nueva pero compete a nuestra era, en las décadas de los 60 y 70, Tamotsu Yato fue una de las figuras que mejor estudiaron el fenómeno, que más tiempo dedicaron a la investigación de la imagen diversificada masculina y que vivieron en carne propia los conflictos de un Japón tensado por el placer, la tradición, las moralidades malinterpretadas y los sesgos de la política moderna. Yato inició un análisis fotográfico en torno a los porqués de una sociedad que perdió la tolerancia al amor masculino, encasilló a la homosexualidad en los terrenos de la feminidad y construyó con ello una fantasía complaciente para la cultura heterosexual nipona.





Las fotografías de Yato, los retratos de la masculinidad japonesa y sus exploraciones eróticas, fueron claramente en contra de los estereotipos imperantes en Japón. Fueron en contra de su misma familia, incluso. Nació en Nishinomi –un suburbio de Osaka– y pocas veces hablaba de su padres o hermanos; según testimonios o recuerdos de sus más allegados, es probable que su homosexualidad haya sido el motivo de su alejamiento y para la rivalidad con su padre. De verdadero apellido Takada, Tamotsu cambia su nombre completo por Yato, se cree que para proteger a su madre del bochorno posiblemente causado por su obra, pero también como un signo de renuncia a aquellas personas que jamás le comprendieron.





Tamotsu, de jóvenes inclinaciones homosexuales y por ello echado de casa, en 1956 intenta suicidarse fallando en el cometido; sin embargo, para iluminar sus días y dar punto de arranque para su trabajo fotográfico en los años venideros, ése mismo año conoció a Meredith Weatherby, un editor inglés, quien figuró para él como amante, colaborador y mayor incitador a continuar con su producción artística y social.




Weatherby influenció de tal manera a Tamotsu, que la apertura para vivir su homosexualidad se hizo enorme, sus fotografías se perfeccionaron en temas de erotismo gay y la relación siempre se mantuvo libre; eran normales los tríos y orgías entre ellos, y a la vez un amor incondicional que nada podía romper. Asimismo, Weatherby, quien trabajaba en la traducción al inglés de un libro de Yukio Mishima, fue un personaje clave para que la amistad entre los japoneses floreciera.





Yukio y Tamotsu hicieron tal mancuerna, que justamente la fotografía de este segundo es de mayor reconocimiento gracias a las exploraciones o reflexiones que lograron juntos en torno a la belicosidad y furia del cuerpo masculino en contraste con sus alcances afectivos, dionisíacos, intelectuales y de deseo.




Realizador de interesantes encuentros masculinos que conjugaban al Japón milenario con una estética disidente de la posmodernidad, Yato adquirió fama y relevancia a partir de sus samuráis, adolescentes y hombres de peculiar corporeidad. Fue a principios de los años 70 cuando su reconocimiento se hizo inminente, que también llegó la tragedia a sus días; Mishima se quitó la vida en una suerte de performance político y Weatherby decidió finalizar su relación amorosa, desencadenando la depresión profunda y adicción a la bebida de Yato. Su posterior decisión a vivir en un bajo perfil y las condiciones que le ocasionaba su tristeza fueron los dos factores decisivos para que el artista muriera en 1973 completamente solo y falto de aclamación.




No obstante, su producción visual y de controvertido discurso cultural es un fuerte legado para la comunidad LGBT+ de Japón. Aunque sus imágenes sean vistas como lunares aislados en la piel de su sociedad, que se continúe satanizando la exposición del cuerpo desnudo masculino o que no sea aceptado en plenitud el vínculo erótico entre dos varones, la fotografía de Tamotsu Yato es el cambio de un paradigma no consolidado. Sus tomas son la revelación de un ardor todavía no descubierto y de una civilización que otrora fuera especialmente avanzada, pero hoy se ha dejado cegar por convencionalismos sin sentido.


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Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Fotografía y Moda
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