Álvaro Obregón: el último caudillo de la Revolución Mexicana
Historia

Álvaro Obregón: el último caudillo de la Revolución Mexicana

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Por: Diana Garrido

2 de mayo, 2017

Historia Álvaro Obregón: el último caudillo de la Revolución Mexicana
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Por: Diana Garrido

2 de mayo, 2017

Mientras el país se recuperaba de la recién terminada Revolución, la Guerra Cristera estaba en curso y un personaje sobresalía por su áspera muerte: Álvaro Obregón.


Hijo de una familia de clase media provinciana, el 19 de febrero de 1880 nació en la hacienda de Siquisiva un pequeño niño llamado Álvaro, cuyo padre no tuvo el placer de verlo crecer debido a su muerte el mismo año. Su madre, como cualquier otra campesina que se quedaba a cargo del hogar, dejó el seno familiar para sustentar la vida de sus 6 hijos: tres mujeres que se hicieron cargo del nuevo bebé y un chico que dirigía una primaria, en la cual, Obregón cursó sus primeras letras demostrando que llegaría a ser importante en la historia, no sólo de su familia sino del país en que le había tocado nacer.

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Alvaro Obregon


Cuando tenía edad suficiente para ayudar al hogar, trabajó como tornero mecánico y posteriormente como jefe del taller del ingenio de Navolato. Por un tiempo, supliendo algunos profesores, se desempeñó como tal en la primaria que presidía su hermano. Sin embargo, terminó por dejar todo empleo para dedicarse a la agricultura como lo hacían sus padres. Con el fin de hacer renacer sus tierras y tener su propio sustento, el joven se dedicó día y noche a las tierras. Era 1905 y ya tenía el suficiente capital para comprar la finca "Quinta Chilla" a las orillas del río Mayo.


Ya con una plantilla de trabajadores y un poco de tiempo libre, decidió dedicarse a las letras. Desde pequeño había adquirido el gusto por la lectura y la escritura ya que se le había asignado un don para narrar historias que iban muy acorde con el pensamiento anti Díaz que los Flores Magón derrochaban en el periódico "Regeneración" del cual era asiduo lector. Para 1909, su "fortuna" se amasó luego de inventar una máquina recolectora de garbanzos que hizo de la vida campesina un mejor lugar de supervivencia. Luego de los conflictos que se venían orquestando que derivaban en una posible guerrilla en contra del gobierno porfirista, Obregón debía mantener en un buen estado económico sus tierras, por lo que decidió unirse a la política para estar más inmerso en todo lo que implicaba la salvación de su fuente de ingresos y el bienestar de los suyos. 


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La Revolución dio inicio en 1910 y el año siguiente, Obregón con todo su intelecto, el interés en conservar su patrimonio y algunas influencias turbias, se postuló a la presidencia municipal de Huatabampo ganando el puesto para unirse a la rebelión presidida por Pascual Orozco, cuya lucha estaba del lado de Francisco I. Madero.

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Sin mucha experiencia militar, se aventuró a dirigir un batallón de 300 hombres guiado por el mando del general Sanginés, quién únicamente dirigía de lejos, dejando la responsabilidad a Obregón. Éste, temeroso entre pólvora, muertes e indígenas, salió victorioso de batallas como las de Agua Prieta, Ojitos y San Joaquín demostrando tener dotes militares que le valdrían el reconocimiento de su pueblo y del propio Madero.


Álvaro Obregón: el último caudillo de la Revolución Mexicana 2


Así, entre otras batallas ganadas por el ahora general, pasaron algunos años para que llegara a la Ciudad de México en dónde el presidente temporal (e impuesto) Francisco S. Carbajal le ofreció pactar una rendición en la que traicionaría a Carranza, otro de los "buenos" como se hacían llamar entre sí y al que le era absolutamente leal. Al detener el paso de Villa por su asentamiento en la Ciudad, "El Centauro del Norte" le cuestionó sobre su vida: "Desde que puse mi vida al servicio de la Revolución he creído que sería una fortuna para mí perderla. A mí personalmente, me haría usted un favor, porque con la muerte me daría una personalidad que jamás he soñado en tener. El único perjudicado será usted", dijo orgulloso Obregón, "porque sería una derrota sin que tuviera usted el gusto de disparar un tiro". Enseguida, fue dejado en libertad.

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Como fiel seguidor de Carranza y gran competidor militar, Obregón le sugería que eliminaran, irónicamente, el militarismo del país gradualmente, o por lo menos que el ganador de la batalla no fuera gracias a un poderío de tal índole. Para él había tres grandes enemigos del pueblo mexicano: el militarismo, el clericalismo y el capitalismo. "Nosotros podemos acabar con el capitalismo y el clericalismo, pero después, ¿quién acabará con nosotros? La patria necesita liberarse de sus libertadores.” Sí, a pesar de ser un gran cerebro guerrillero que había crecido en el terreno militar, pensaba que era uno de los peores males que había conocido el mexicano.


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Luego de batallas perdidas y muchas más ganadas, en 1915, en la batalla de la Hacienda de Santa Ana del Conde, Obregón luchaba contra el batallón. Corría, disparaba y dirigía. Sin embargo, la velocidad de una bala fue mucho mayor a él. Sin darse cuenta de dónde provenía, fue herido de tal manera que perdió el brazo derecho. Entonces, una gran sombra se hizo constante en su vida. Sentía que no podía más, ¿dónde se había visto que un general de tal valía careciera de un brazo? Vio peligrar su renombre, sus combates ganados y hasta su lealtad a Carranza. Llegó entonces un punto en el que la muerte era la única escapatoria. Intentó suicidarse sin éxito luego de que su gente lo evitara. Otra versión sugiere que el arma no estaba cargada y en su desesperación, le fue imposible comprobarlo.

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Desde entonces, el accidente le valió el mote que lo acompañaría hasta el día de hoy y que no le era para nada enaltecedor: "el manco de Celaya". Aún con la depresión a flor de piel y sin una de sus armas corporales en él, Obregón fue el único general de división invicto que representaba una corriente más bien popular, dejando de lado los aires capitalistas y burgueses que lo hicieron proyectarse como el sucesor de Adolfo de la Huerta, en cuyo sexenio estableció un nuevo orden constitucional y reformas agrarias benéficas.


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Así, luego de un retiro público y el repensamiento de su vida, decidió reelegirse como presidente de la República. Mientras tanto, su estadía en la política era un gran logro para él. Ante tal situación, se difundió un rumor en la clase política de que alguien tramaba asesinarlo. El 17 de julio de 1928, asistió a una comida en el restaurante "La Bombilla". Ahí dentro, un dibujante se le acercó con el fin de regalarle una de sus creaciones, su nombre era José de León Toral, un espía que se había encargado de seguirlo desde mucho tiempo antes. Una vez que un descuido general se hizo presente y la canción "El Limoncito" empezó a sonar, Toral sacó un arma y de cinco disparos terminó con la vida de Álvaro Obregón. 


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Una teoría cuenta que los impactos de bala realizados a Obregón eran de diferente calibre por lo que se cree que había francotiradores o que la escena no fue contada como realmente sucedió. La eliminación del expresidente, sirvió para que Plutarco Elias Calles, quien regía el país, se postulara por tres períodos presidenciales más, lo que se conoce como "Maximato".


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Así, luego de 25 intentos de asesinato (no comprobados), sin su brazo derecho que le acuñó un apodo desagradable, con una depresión que tuvo que cargar gran parte de su vida y una fatídica muerte a ritmo de su canción favorita, Obregón terminó su estancia terrenal. 


"En su persona convivieron el reformista y el conservador, el estadista y el hombre de negocios, el idolatrado y el odiado, el sereno y el temperamental, el benévolo y el cruel, una suma de cualidades y defectos que son el material de que están hechos los conductores de hombres, aunque para él la grandeza fue un imposible. [...] Con su muerte se cerró un ciclo más de los caudillos nacionales y se abrió el de un sistema autoritario de larga duración, llamado a perdurar hasta el final de su siglo, y su imagen evoca la epopeya y la tragedia de una revolución que marcó, para bien o para mal, el destino de México."
—Pedro Castro

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Referencias: